Un libro de valores incalculables

Ernesto Schoo
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22 de enero de 2000  

Bienvenida sea esta reedición, por el Instituto Nacional del Teatro, de la imprescindible "Historia del teatro argentino", de Luis Ordaz, cuyo original en forma de libro, con el sello del Centro Editor de América Latina, data de 1982. En la portadilla de aquel volumen, junto al nombre de Ordaz estaban los de sus colaboradores: Jorge Lafforgue, Abel Posadas, Marta Speroni y Griselda Vignolo.

Es precisamente Lafforgue, el prologuista de la edición actual, quien consigna: "Justamente el libro que los lectores tienen en sus manos se publicó en fascículos semanales, acompañados de un libro, en la colección Capítulo, una historia de la literatura argentina que apareció en 1968 y se reeditó, muy ampliada, entre 1979 y 1982 (en el presente volumen se ofrecen los fascículos de esta segunda versión, con un par de capítulos agregados, los ajustes que depara toda revisión y la actualización final de Susana Freire)".

Hay una ventaja adicional, que es el ordenamiento de la foliación, totalmente errática -por derivar de la aparición alternada de los fascículos, entre otros con temas distintos- en la edición de 1982.

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Tanto Lafforgue como Ordaz mismo en sus "Envíos" liminares, ofrecen conmovida gratitud a Boris Spivakow, el animador infatigable de la primera Eudeba y del Centro Editor, "quien tanto bregó, con talento, audacia bien motivada y energía batallante, por la cultura argentina en sus más variados aspectos". El agradecimiento alcanza también a Lito Cruz, hasta hace poco director del Instituto Nacional del Teatro, por esta "reedición, por primera vez de manera orgánica, del presente trabajo". Y a Elena de Ordaz, esposa del autor e infatigable colaboradora.

En líneas generales, Ordaz articula su monumental trabajo en torno de los hombres representativos de cada período del teatro nacional, sobre todo a partir del cuarto capítulo: Sánchez, Laferrére, Payró, Defilippis Novoa, Eichelbaum, Canal Feijóo, Discépolo. Será en los años 30, con la llegada de Cunill Cabanellas y el surgimiento del teatro independiente, cuando se empiecen a percibir los cambios que, en toda el área de la cultura occidental, modificarán profundamente la concepción del espectáculo teatral (jaqueado primero por el cine, y luego por la TV) y sus modalidades de recepción por el público.

En las últimas páginas, Susana Freire hace una exhaustiva revisión de lo sucedido en las tres últimas décadas. Importa su conclusión: "De cualquier forma, no hay un movimiento que pueda identificar o representar a esta época". Tal vez carecemos aún de la distancia adecuada para advertirlo. Pero interesa contrastar esa afirmación, con aquel predominio histórico de ciertos hombres representativos: como si el teatro estuviese abandonando el culto de las individualidades, por vigorosas que fueren, y en trance de recuperar su antigua raíz de ceremonia colectiva.

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