"Telenoche", cosecha de detectives

"Telenoche investiga, el programa". Ciclo de investigación periodística conducido por María Laura Santillán. Co-conducción: Juan Miceli. Colaboran: Miriam Lewin, Luis Otero y Sergio Elguezábal. Productor periodístico: Ricardo Rabanelli. Productor ejecutivo: Federico Cuervo. Productor general: Roberto Mayo. Miércoles, a las 23, por Canal 13. Nuestra opinión: bueno
(0)
19 de julio de 2000  

Dejar al descubierto la trama de corrupción interna en la Uocra fue para "Telenoche investiga, el programa" la forma de entrar pisando fuerte en el terreno de la pantalla chica. Un informe voraz, que comenzó con un puñado de delegados zonales y llegó hasta el segundo en la escala de poder del gremio, cargó de adrenalina las dosis de cámara oculta que -como sucede con las capas de la cebolla- iban desentrañando al sindicato desde la periferia hasta su centro mismo.

Tal debut le significó a "Telenoche investiga, el programa" duplicar su rating en la segunda emisión, en la que desenmascararon al cabecilla de un prostíbulo de San Miguel y su aparente relación con las autoridades de ese partido. En la tercera entrega les tocó el turno a un estafador, enriquecido a costa de la desesperación de los desocupados, y a un prestigioso médico que -según mostró la pesquisa- vende drogas peligrosas.

Hasta aquí el corazón de "Telenoche investiga, el programa", es decir, la sección "I (clásico)", una versión extendida del segmento que durante varias temporadas se desarrolló dentro de "Telenoche". Otras secciones son: "I (consumo)", "I (laboratorio) e "I (reinvestiga)". En ellas el equipo periodístico vuelve a la carga con personajes de investigaciones anteriores, evalúa la honestidad de las etiquetas de productos alimenticios o evidencia el hecho de que muchos areneros de las plazas capitalinas son, en realidad, focos infecciosos.

La ventaja de saber contar

Más allá del oficio de sus responsables, "Telenoche investiga, el programa" cuenta con el arte de la narrativa. Las mismas producciones realizadas con cámara oculta pueden ponerse al aire en cortos de cinco minutos y, podría decirse, con un relato que fuera directamente al grano. Sin embargo, la producción del ciclo tiene la habilidad de generar una narración casi por entregas, con marchas y contramarchas que van imprimiendo suspenso y, por lo tanto, la cuota de intriga que aleja al espectador del control remoto. Nadie desea perderse el final de una película.

Claro que en este esquema de relato también se puede caer en excesos. Cuando se trata de material periodístico, ¿cuál es el límite a la hora de novelar el informe? En la segunda emisión de "Telenoche investiga, el programa" se mostró esa suerte de transformación a la que se sometió la periodista Miriam Lewin para hacerse pasar por una regente de prostitutas rusas y engañar al dueño del prostíbulo de San Miguel. Al estilo hollywoodense, la cámara exhibía el paso a paso del cambio que, en realidad, no se trataba más que de una peluca, un maquillaje recargado y anteojos negros. Al otorgarle tanto tiempo y, por lo tanto, tanta importancia al disfraz, la imagen jugó en contra del contenido. Es decir, tanto se insistió sobre la antesala de Lewin que la expectativa creció en la misma proporción. Y su participación -al menos por lo emitido- no fue proporcional al anticipo.

La estrella de la hazaña fue el periodista cuyo rostro se mantuvo oculto y cuya voz fue distorsionada, como es habitual en "Telenoche investiga". Fue ese desconocido, que se hizo pasar por un proxeneta, quien logró sonsacar la información. Lewin -disfrazada de rusa en virtud de su conocimiento del idioma de Tolstoi- parecía estar allí sólo como accesorio del disfraz de proxeneta de su anónimo compañero.

Por esto, en esa oportunidad la forma atentó contra el contenido. Porque si Miriam Lewin puso el cuerpo en esa investigación, parece ser que su compañero puso el cuerpo y también la cabeza. Lo mismo puede decirse del investigador del caso Uocra -del cual nunca se conoció el nombre ni el rostro- o de aquel que intervino en "El matasanos"o "El gran simulador".

Se trata ni más ni menos que de héroes anónimos, que al estar lejos de la pantalla pueden realizar la tarea investigativa en plenitud: pueden observar sin ser observados porque su presencia no se convierte en centro de atención. Ni María Laura Santillán, ni Juan Miceli, ni Miriam Lewin -salvo como rusa-, ni Luis Otero ni Sergio Elguezábal pueden hacerlo. Esos anónimos periodistas no se llevan el reconocimiento de un público que, en el apuro del consumo televisivo, quizá tampoco tiene conciencia de que existen. Ellos son los que se exponen en la construcción de una gran mentira en busca de la verdad, y para poder seguir haciéndolo no les queda más remedio que persistir en el anonimato.

Los que dan la cara

Claro que estar delante de cámaras también es una tarea que exige sus propios requisitos. Tal vez aquellos acostumbrados a no ser mirados no resistirían el peso de los reflectores. María Laura Santillán, como presentadora, sabe informar al televidente con precisión y firmeza. También Juan Miceli, Sergio Elguezábal y Luis Otero se desempeñan con la claridad que requiere tratar temas, a veces, de cierta complejidad para el espectador. En su rol de periodistas aparecen algunos matices.

En general, las notas que realiza el equipo de notables tienen lugar fuera del estudio y están sujetas a los beneficios de la edición. En ese contexto, su labor es correcta y se adapta al formato que el programa exige. Claro que, si cambia el terreno, los resultados pueden variar. El día del debut se mostró a Santillán en el estudio con Gerardo Martínez, líder de la Uocra. Durante la entrevista se intercalaron varios compactos de la investigación, y luego llegó la hora del diálogo sin interrupciones. Entonces, la periodista -que tan sólida se muestra hablando a cámara, sin interlocutor- no pareció segura. Empequeñecida en sus gestos, Santillán pareció encarar el reportaje con más incomodidad que el entrevistado, cuyo sindicato caía en desgracia.

Por lo demás, un equipo políticamente correcto para dar la cara desde la impoluta escenografía, un equipo obrero que les pone garra a las tareas detectivescas, una idea general que produce el tratamiento de temas variados y un ritmo ágil para presentar los informes hacen de "Telenoche investiga" un ciclo que dignifica a la vapuleada clase periodística de la pantalla chica.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?