Suscriptor digital

Los saqueos que nadie logra esclarecer

En ningún caso fueron violentados los cofres; creen que del relato de una de las víctimas podría desprenderse la única pista Las víctimas prefieren no precisar qué guardan en los cofres
(0)
23 de julio de 2000  

"Sentí que me robaron el pasado. Al abrir mi caja de seguridad descubrí que faltaban todas las joyas familiares heredadas por mis padres, mis alhajas, las adquiridas para mis hijos y las recibidas de mi abuelo. Todos los estuches estaban en sus respectivos lugares, pero vacíos. El dinero no me importa. En cambio, las alhajas son irreemplazables."

La frase pertenece a Armando Groisman, empresario mendocino, de 50 años, que fue víctima de los misteriosos saqueos en cajas de seguridad que tienen en jaque al sistema de seguridad bancario y que ni la Justicia ni la policía logran esclarecer. El viernes último se conocieron dos nuevos casos de clientes de bancos de primera línea que denunciaron hurtos en sus cajas de seguridad.

Fuentes judiciales confirmaron a La Nación que en la Unidad Funcional de Investigaciones (UFI) Nº 9, de San Isidro, a cargo de la fiscal María Alejandra Doti, se investigan hurtos en cajas de seguridad denunciados por dos clientes de la sucursal Pilar del BankBoston.

Ambos hechos pasaron a engrosar la lista de hurtos denunciados por cuatro clientes de la sucursal Barrio Norte del Lloyds Bank; uno del Banco de Valores, en la City porteña, y dos de la sucursal Mendoza del Banco Río.

"Me llamó la atención que el ladrón tuviera tiempo de sobra para elegir su botín, ya que optó por aquellos objetos que tenían valor económico y de reventa y volvió a dejar los estuches en su lugar. Por ejemplo, dejó algunas escrituras, los dientes de leche de mis hijos y sus cartas al Ratón Pérez. Además, faltaba una caja de hierro, pequeña pero pesada. Por otra parte, todo el contenido de la caja consta en dos actas notariales", explicó Groisman durante una conversación telefónica mantenida con La Nación . Todos los casos, incluyendo el que denunció Groisman, tuvieron un denominador común: las cajas y las cerraduras no fueron violentadas. Hasta el momento, nadie, ni la policía ni los peritos designados por los bancos, pudo explicar qué ocurrió.

Tampoco se sabe de los 495.000 dólares sustraídos al cliente del Banco de Valores ni de los entre 200.000 y 100.000 pesos robados a los clientes de la sucursal Barrio Norte del Lloyds Bank o del Banco Río, de Mendoza.

El estricto secreto del sumario impuesto por la UFI Nº 9, de San Isidro impidió conocer el monto denunciado por los clientes del BankBoston de Pilar.

No obstante, fuentes confiables aseguraron que los clientes denunciaron los saqueos hace doce días. De acuerdo con los informantes, se trata de una sucursal pequeña, que contaría con no más de 45 cajas de seguridad, de las que sólo 30 estarían ocupadas.

Igual que ocurrió con los casos que se investigan en los tribunales porteños y en Mendoza, las causas fueron caratuladas con el nombre del cliente seguido de la leyenda "su denuncia", hasta tanto los investigadores realicen los peritajes y averiguaciones necesarias para determinar la existencia y naturaleza del delito.

Sin violencia

Esto se debe a la ausencia de violencia y a que el banco no certifica el contenido de las cajas de seguridad: es el cliente de la entidad financiera quien debe probar que guardaba en el cofre los valores y el dinero que denunció como robados. "Lo que más me indignó fue la indiferencia de las autoridades del banco, que, a pesar de que contraté la caja de seguridad en la sucursal de Mendoza, me obligan a viajar a hablar con los abogados en Buenos Aires", expresó Groisman.

Al ser consultados los representantes de las entidades bancarias afectadas, aseguraron que se habían cumplido todas medidas de seguridad, que se realizaron todos los controles y auditorías internas que descartaron la participación de cualquier empleado infiel.

Carlos Vázquez, un empresario de la zona de Caballito, aseguró que fue víctima de un hecho similar al de Groisman, pero en una sucursal del Lloyds Bank.

"A mí tampoco me importó la plata, sino la falta de responsabilidad de algunos encargados del banco. Como no sabía qué hacer, nunca presenté una denuncia penal, así que cargué contra el banco en la Dirección de Defensa del Consumidor del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Después que ocurrió el saqueo de mi caja, cambiaron las medidas de seguridad", aseguró Vázquez.

Una pista

El caso de Groisman podría aportar una pista importante.

"Después de recuperarme del shock que sufrí al descubrir que me faltaba todo el contenido de la caja de seguridad, me di cuenta de que ninguna de las dos cerraduras de la caja, la que corresponde a mi llave y la del banco, habían sido violentadas. Sin embargo, advertí que alguien cortó la lengüeta de la tapa del cofre donde había colocado un candado. El ladrón dejó el candado cerrado y cortó el soporte", afirmó Groisman.

Esta circunstancia indicaría que el ladrón habría contado con las dos llaves o con algún dispositivo que le permitió abrir ambas cerraduras sin violentarlas y que al llegar al cofre encontró el candado y tuvo el tiempo suficiente para utilizar una sierra sin que nadie lo descubriera.

El hecho denunciado por Groisman tendría un antecedente en un caso ocurrido, en junio de 1992, a una clienta del Banco de San Juan que tenía una caja en la casa central de dicha entidad, en plena City porteña.

"En aquella oportunidad, mi representada descubrió que le faltaba todo el contenido de su caja de seguridad. Luego de sufrir un ataque de nervios, fue a su casa, tomó la segunda llave que le había dado el banco y comprobó que no servía. En conclusión, alguien había tomado la llave gemela y la utilizó para abrir la caja", expresó la abogada Nydia Zingman de Domínguez.

Este hecho y todos los denunciados con los años, en otros bancos, quedaron impunes: la policía nunca detuvo a sospechoso alguno.

Los ingleses son más discretos

Las víctimas prefieren no precisar qué guardan en los cofres

LONDRES.- Los casos de saqueos en cajas de seguridad de los bancos sin que las cerraduras o los cofres hayan sido violentados son rarísimos en Inglaterra, pero cuando ocurren baten récords.

El robo perpetrado hace 13 años en el Centro de Depósitos de Seguridad del elegante barrio londinense de Knightsbridge figura aún hoy, por lo alto de su botín, en el Libro Guinness de los Récords.

La operación fue descubierta en forma accidental por un empleado de la agencia, el 12 de julio de 1987, cuando al ir con un cliente a revisar una caja se encontró con que estaba abierta.

Al revisar el resto comprobó que 126 estaban en la misma condición y que el contenido de 113 de ellas había desaparecido.

Scotland Yard valuó en un principio el robo en 50 millones de dólares, pero los ladrones revelarían más tarde que la cifra era mayor: 70 millones de dólares.

La discrepancia se explica en la reticencia de muchas de las millonarias víctimas a precisar qué era lo que guardaban en las cajas de seguridad.

Tras un mes de minuciosas investigaciones, la policía estuvo en condiciones de identificar al gerente general de la agencia, Parvez Latif, de 30 años, como el "cerebro" de la banda y principal artífice del delito.

Investigan antecedentes

Desde entonces, todas las entidades financieras británicas han reforzado las investigaciones de los antecedentes de sus empleados en forma previa a su reclutamiento, han colocado cerraduras con alarmas sensibles a todo movimiento, así como cámaras que registran todo lo que ocurre en la zona de depósitos durante las 24 horas.

Otro caso célebre en este terreno fue el protagonizado por el ex dueño de Harrods Roland "Tiny" Rowland y el actual propietario de esa tienda, Mohammed Al Fayed.

Rowland acusó al empresario egipcio de haber robado, en 1995, el contenido de las cajas de seguridad que él mantenía en la tienda. La denuncia se fundó en el relato de un ex empleado de Al Fayed, Robert Loftus, quien aseguró que el padre del amante de Lady Di, Dodi Fayed, había ordenado su apertura, encolerizado por saber que Rowland seguía guardando allí sus joyas a pesar de que había perdido la propiedad de Harrods. En 1998, Al Fayed y tres de sus empleados admitieron ser "responsables" de la seguridad de la caja, pero no de su contenido. Esto generó una larga y amarga batalla legal entre los dos hombres de negocios que terminaría sólo en marzo último, dos meses después de la muerte de Rowland.

La ABA dice que no hay tantos robos

Los bancos se oponen a la doble puerta

La Asociación de Bancos de la Argentina (ABA) concluyó que el índice de siniestralidad que afecta al sistema financiero argentino es uno de los más bajos del mundo. Un informe difundido esta semana destacó que el 2,45% de las casas bancarias sufrieron delitos, cuando en Estados Unidos el índice alcanza al 10,54%, en Italia al 12% y en Canadá al 16,5%.

La ABA también sostuvo que dispositivos tales como la doble puerta con detector de metales por sí solos resultan de relativa efectividad para reducir la siniestralidad.

Para llegar a esta conclusión observó que la proporción de casas bancarias que sufrieron en nuestro país hechos delictivos es similar a la de países donde esos mecanismos son obligatorios, como España y Francia.

La ABA reconoció que a pesar de que en el primer trimestre de 2000 el número de hechos delictivos se duplicó, la aplicación de las normas de seguridad del Banco Central hizo que las sumas perdidas se redujeran en un 73 por ciento.

Para seguir argumentando contra el sistema de dobles puertas, ABA mencionó que en España está bancarizado el 90% de la población, lo que hace que por la utilización de sistemas modernos haya una menor afluencia de personas a las sucursales.

La asociación explicó que mientras que en el país acude a cada sucursal un promedio de 2000 a 3000 personas por día, en España no se superan las 20 o 30 en el mismo lapso.

Objeciones de seguridad

De modo que, en el caso local, la gran cantidad de público crearía un escollo importante al sistema de puerta esclusa.

La jurisdicción que registra el mayor índice de delitos es Entre Ríos, con el 6,67% de las casas afectadas. Le siguen San Juan (5,36%), Mendoza (3,42%), La Rioja (3,23%) y la provincia de Buenos Aires (3,04%). En la ciudad de Buenos Aires llega al 2,39%, levemente por debajo del promedio nacional.

El registro más bajo es el de Santa Fe, con apenas el 0,46 por ciento.

El índice de hechos ilícitos elaborado por ABA incluye los asaltos a las cajas de atención al público, los hurtos o asaltos durante las cargas de los cajeros automáticos, los ataques de los denominados "boqueteros" y los asaltos a tesoros.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?