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Historias de arco a arco

El duelo entre Bonano y Chilavert reafirmó una tendencia de los últimos años: los arqueros también son goleadores; el paraguayo otra vez fue desafiante con el jugador de River: "Tiene mucho que aprender de mí", dijo.
Juan Manuel Trenado
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3 de agosto de 2000  

Cuando Hugo Gatti dijo alguna vez que quería convertir un gol, todos pensaron que se trataba de otra de sus locuras. Amadeo Carrizo revolucionó el fútbol con su nuevo estilo para atajar y jugar, parándose adelantado en la cancha y cubriendo las espaldas de sus defensores. Nadie puede negar que fueron dos de los más grandes del fútbol argentino, pero ninguno pudo darse el gusto de gritar un tanto suyo.

Si Gatti o Amadeo jugaran hoy, con seguridad hubieran encontrado su oportunidad para ejecutar un penal. Como para agregar una anécdota más a sus leyendas. Pero era otra época. Entre los pateadores del equipo difícilmente hubiera un arquero. Así lo explicó Carrizo: "En mi tiempo siempre me lo impedían. Desde Minella hasta Labruna. Y Renato Cesarini, que una vez me sacó corriendo por pedirle patear. Por eso siento como si el penal de Bonano lo hubiera pateado yo. Más allá de mis récords, ésa fue mi cuenta pendiente".

Hoy todo es diferente. Desde el 8 de junio de 1993, cuando José Luis Chilavert convirtió el penal que le dio el título a Vélez en el Clausura, varios se animaron dejar el área para probar suerte enfrente.

Lo de anteayer en la Mercosur es un ejemplo. Sin Trotta ni Aimar, Roberto Bonano se convirtió en el primer arquero profesional de River en convertir un gol. Y es un nombre más que se suma a Marcelo Yorno, Carlos Roa, Nacho González, Faryd Mondragón, Sebastián Cejas o Carlos Bossio, entre otros.

Todos siguieron el camino de Chilavert. Es más, varios ejecutaron sus penales por la rivalidad que genera el arquero de Vélez. Su último blanco fue Bonano: "Todavía tiene mucho que aprender de mí. Tuvo suerte y fue gol, pero dio la sensación de que le pegó con un diario. Bielsa no puede dormir tranquilo con él en el arco", dijo Chila. Otra provocación y otro desafío. Por causas similares también les patearon penales Mondragón y Roa, siempre apoyados por sus hinchadas, que se llevan mal con el guardavallas de la selección de Paraguay.

Aunque no existen registros oficiales que lo comprueben, cuentan que el primer arquero en meter un gol fue Juan José Ritner, de Porteño, en 1910. Y se suman otros nombres de números 1 que patearon penales en el amateurismo: Marcos Croce (Racing), Bernardino Nuin (Newell´s), Damián Mapelli (Platense) y Jorge Iribarren (Argentinos y River). En la era profesional, el primero en señalar un tanto fue Eduardo Alterio, de Chacarita. Pibona, tal su apodo, le convirtió un gol a Savarro, de Tigre, el 9 de agosto de 1931. El partido terminó 3 a 3.

Pero después pasaron más de 40 años para que un arquero volviera a anotarse entre los goleadores. Fue en 1972, cuando Alberto Parsechian, de Independiente, de Trelew, metió dos de los 10 goles de su equipo, que no ganó ningún partido en el Nacional de ese año.

Después llegaron los casos mencionados. Yorno hizo muchos goles en el ascenso, pero sólo uno en primera. Chiquito Bossio fue el único que marcó de cabeza, ante Racing, para que Estudiantes se lleve un empate agónico (1-1) en el último minuto el 12 de mayo de 1996.

Para algunos recibir un gol de otro arquero es una humillación. En la historia quedará el duelo Chilavert-Navarro Montoya, cuando el paraguayo le metió dos goles a Boca en la misma tarde del 16 de junio de 1996. O aquel enfrentamiento con Germán Burgos, con un tiro libre desde atrás de la mitad de la cancha.

Luis Islas quedó en la historia por eso de comerse un tanto de un colega. Fue en un partido de la Copa Libertadores de 1987, el 18 de julio, y el increíble gol lo marcó el venezolano Rubens Frankovig, de arco a arco. Para colmo significó una derrota de Independiente, el Rey de Copas, ante Unión Atlético Táchira (3-2).

La fama de Frankovig llegó a la Argentina y lo contrató Deportivo Armenio, pero no le fue bien. En su primer partido, en la reserva, le metieron siete goles. Una semana después, en primera, le convirtieron cinco. Sólo jugó un partido más y regresó a Venezuela.

Un gol similar al del venezolano fue el que convirtió Roberto Medrán en la temporada 87/88 del viejo Nacional B. El tanto se lo marcó a Maipú, de Mendoza, y su equipo ganó por 7 a 0.

Lo que está claro es que desde algunos años los arqueros no sólo viven debajo de los tres palos...

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