El adiós a un mago del basquetbol

Alberto Cabrera, el magistral base que fue elegido deportista del siglo en Bahía Blanca y obtuvo tres Olimpia de plata y nueve títulos argentinos, falleció ayer, a los 54 años.
Miguel Romano
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13 de agosto de 2000  

Lo suyo era presencia y atracción pese a su eterno propósito por pasar inadvertido. Mezclaba elegancia con autoridad; genio con exquisitez. Le resultaba fácil dominar por capacidad técnica, carisma e inteligencia. Sobresalía siempre, por su magia para pasar el balón, por su potencia física y ese lanzamiento rápido e infalible. Sin gestos ampulosos, sin estridencias y pese al constante perfil bajo, lograba mostrar el natural don del mando, que se advertía en compañeros y rivales. Fue un gran capitán, que enseñó el camino con el ejemplo antes que con la palabra.

Así lució siempre dentro de una cancha el fenomenal base bahiense Alberto Pedro Mandrake Cabrera, desde ayer dueño de un luminoso pedestal en la memoria de todos los amantes del basquetbol. Víctima de una avasallante leucemia, el mejor deportista del siglo de Bahía Blanca falleció a los 54 años y llenó de consternación a la ciudad que lo tuvo como su máximo ídolo de todos los tiempos. Una población que aún mantiene orgullosa el mote de "Capital del Basquetbol", que se adjudicó justamente cuando Cabrera, en su esplendor, regalaba clases magistrales de basquetbol en Estudiantes, en el combinado provincial y en el seleccionado argentino.

Fue quizás el último gran amateur. Siempre jugó con el corazón y por la camiseta y nunca lo hizo sin prepararse adecuadamente, sacrificandolo todo. Una anécdota lo pinta mejor. A mediados de mayo de 1968, mientras disfrutaba en Bariloche de su luna de miel con María Beatriz Ortigoza, madre de sus hijos Luis Alberto (28 años) y María Verónica (30), Cabrera no pudo evitar entrenarse para el Campeonato Argentino de Mendoza, que comenzaría dos semanas después. Por eso, por más de una hora, su esposa debió alcanzarle la pelota en el solitario gimnasio del Club de Bomberos Voluntarios, mientras él tiraba y tiraba al cesto como poseído por su pasión.

Cabrera, Beto para sus amigos, nunca fue un privilegiado físicamente; él mismo se definió como "un petizo regordete" cuando era chico; sin embargo, la varita mágica lo había tocado en su manos y en su mente prodigiosa y en la voluntad para mejorar cada día.

Por eso, porque nunca tuvo pinta de basquetbolista, debió dedicarse al fútbol en el club vecino y rival de Estudiantes, en Olimpo, donde llegó hasta la 6a. división jugando como zaguero central. Justo en esa época, un campeonato de natación en el Club Estudiantes cambió su vida. Por curiosidad se acercó al natatorio y pidió entrar sin pagar. El control, sorprendido por el atrevimiento del niño, lo dejó ingresar a cambio de una promesa: debía venir al día siguiente y hacerse socio. Y así fue. Cabrera cumplió con la palabra empeñada e ingresó en Estudiantes para divertirse en cualquier deporte. Sin embargo, pocos días después, Víctor Barco (un "hacedor de campeones" según lo destaca el libro de los 50 años de Estudiantes) encontró en él algo distinto y lo invitó a la cancha de basquetbol.

A los 15 años fue incluido en el plantel de mayores y un año después, el 30 de noviembre de 1961, debutó en primera anotando 12 puntos.

Después todo fue vertiginoso. Las fotos, las notas, los elogios y los aplausos se sucedieron día tras día. Su aparición fue explosiva. Todo el ambiente empezó a hablar de ese magnífico base de Estudiantes. Inmediatamente debutó en el seleccionado bahiense en Olavarría y en 1964 consiguió el primer título de la ciudad, disputando la final frente a Olimpo (donde jugó su gran adversario Atilio Lito Fruet), y también logró el campeonato provincial.

Luego vinieron los campeonatos argentinos, donde descolló y se consagró definitivamente tras conseguir 9 títulos (récord). Se recuerda aún aquel quinteto ganador que integró junto a Monachesi, Cortondo, De Lizaso y Fruet. Ya en 1965 obtuvo el primer puesto en San Juan.Y de allí al seleccionado fue sólo un paso. Jugó el Mundial extra de 1966 en Chile y los Mundiales de 1967 y 1974.

Sin embargo, aunque paseó su genialidad por muchos países y recibió ofertas hasta del Real Madrid de España, Beto siempre fue sinónimo de Bahía Blanca y prefirió quedarse para darle prioridad a la familia y el trabajo. Sólo una vez, por un conflicto con los dirigentes de Estudiantes, emigró para jugar unas temporadas en Gimnasia y Esgrima La Plata (había sido tentado por River y Ferro también). Por entonces, con 30 años, había renunciado al seleccionado y continuaba viviendo en su ciudad natal, donde se entrenaba.

Y cuando creyó que su carrera había culminado, llegó, en 1979, un nuevo llamado del entrenador nacional para regresar al seleccionado. Se había retirado con despedida y todo. Pero como la convocatoria era para el Sudamericano que se organizaría en Bahía Blanca, dio el sí rotundo.

Poco después, el 21 de abril de ese año, una multitud lo paseaba en andas en el estadio Osvaldo Casanova y festejaba el título. "Fue mi mayor alegría en el basquetbol", dijo alguna vez.

Así se retiró, con la mejor imagen, triunfador, feliz, dejando satisfecho a todos sus hinchas.

Fuera de la cancha fue igual: un señor. Siempre pacífico, a veces parco, pero amable y loco por el basquetbol. Sólo tuvo adversarios en la cancha. En la vida cosechó amigos, nada más.

Y hasta hace un año, algún fanático se quitaba la nostalgia acercándose al Gimnasio Uno, en el centro de Bahía, donde el Mago desempolvaba la galera, el bastón y aunque sin frac igual mostraba conejos y regalaba caramelos para deleite de todos. Incluso, con la enfermedad declarada, que sólo él y su señora sabían, continuó disfrutando de su mayor placer.

Lo suyo, se decía, fue presencia y atracción... Hoy no será ausencia. Por siempre vivirá en un pedestal del recuerdo para los amantes del basquetbol que supieron distinguirlo como uno de los más grande de la historia.

Ficha técnica y trayectoria deportiva

Nombre: Alberto Pedro Cabrera

Apelativo: Beto, Mago y Mandrake

Fecha de nacimiento: 16 de diciembre de 1945.

Lugar: Bahía Blanca

Estatura: 1.86 metro

Puesto: Base

Trayectoria: jugó en Estudiantes de Bahía Blanca y Gimnasia y Esgrima La Plata. También en los seleccionados de Bahía Blanca, de Buenos Aires y de la Argentina. Además integró varias veces otros equipos como refuerzo en determinados torneos.

Distinciones: ganó tres Olimpia de plata y fue elegido el mejor deportista del siglo de Bahía Blanca.

Familia: casado con María Beatriz Ortigoza. Tuvo dos hijos: María Verónica, de 30 años, y Luis Alberto, de 28.

Ocupación: fue bancario y últimamente se desempeñó como gerente de la compañía de seguros Union Barkley e integraba el directorio de Química Industrial Bahiense.

Debut: fue en la primera división de Estudiantes, a los 16 años, después de haber conseguido cuatro títulos bahienses en las categorías inferiores.

Conquistas: entre los mayores logró cinco campeonatos oficiales (1965, ´70, ´74, ´75 y ´82) y 12 en el Torneo de Bahía Blanca (1962, ´63, ´66, ´67, ´70, ´71, ´72, ´74, ´75, ´80, ´82 y ´83). También cosechó una docena de primeros lugares en los certámenes provinciales, en los cuales convirtió 4439 puntos en 285 partidos y se consagró como el que más títulos argentinos alcanzó en la historia: 9 en 14 participaciones. Fue campeón en Jujuy ´66, Paraná ´67, San Luis ´69, Catamarca ´70, Corrientes ´71, Capital Federal ´72, Resistencia ´73, Viedma ´76 y Tucumán ´78. Jugó 103 cotejos, ganó 90, perdió 13 y encestó 1509 tantos. Y en el seleccionado nacional logró el Sudamericano de 1979. Incluido los dos mundiales de 1967 y 1974, sumó 1979 puntos en 185 partidos.

Como entrenador, condujo a Estudiantes en la Liga Nacional. Su rédito resultó negativo pues en 37 cotejos ganó 17 y perdió 20.

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