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En la TV sin brillo, el disparate estalla

Diego Capusotto y Favio Alberti, dedicados a la parodia total.
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16 de agosto de 2000  

Conspicuos opinólogos de la cultura argentina han coincidido, en estos días, en que el mejor programa que ha dado la TV en lo que va del año es «Todo x 2 pesos».

"¿Qué nos pasa a los argentinos, estamos todos locos?", se preguntaría ante esta conclusión, un exaltado Marcelo, uno de los conductores de ese falso programa de TV (¿o verdadero?) llamado "Todo x 2 pesos", que se emite en vivo, desde un supuesto estudio de Miami, todos los lunes, a las 23, por Canal 7.

Este nuevo ciclo humorístico que protagonizan Diego Capusotto y Favio Alberti (fundadores junto a Alfredo Casero de ese estilo de comicidad que dio la TV en 1996 con "De la Cabeza" y luego con "Cha Cha Cha") viene, sin embargo, escapando de la guillotina del rating: el año último fue levantado de Azul TV. Pero en esta temporada, con la producción de Ideas del Sur, de Marcelo Tinelli, consiguió derrotar su destino errante y ya es el programa más visto del canal estatal, en su tercer mes de permanencia.

En un envase barato ("berreta"), muestra lo que esconde la televisión formal ("careta"). Exalta desde el humor absurdo los delirios a los que nos tiene mal pero acostumbrados la programación actual. Así crea un universo propio y una nueva mitología alrededor de personajes famosos y de aquellos que ya casi no existen para la realidad televisiva.

"Todo x 2 pesos" ya superó también la elitista, y a veces marginal, categoría de objeto de culto, aun cuando el programa permanezca absolutamente incomprendido por buena parte de la audiencia. Ya no encaja en la remanida expresión del "under que desembarcó en la TV", ahora es un fenómeno de características masivas, especialmente adolescente; un lugar de pertenencia que se alimenta de los más logrados gags, personajes y muletillas que nacen y se repiten en cada nuevo programa. Claro que si bien el fuerte de público está entre los chicos de 13 y veintipico, entre los televidentes hay una importante franja de treinta y pico y de gente que alcanza hasta los 65 años, según las encuestas. Y entre otros datos curiosos, el 38 por ciento de la audiencia de "Todo x 2 pesos" pertenece a la clase alta.

Como en un recital de rock

¡Está bien!, responden furiosamente a coro unas 250 personas, desde la platea del Estudio 1 de Canal 7, aprobando así, espontáneamente, lo que se acaba de grabar, y emulando el remate del sketch del "Beto Tony", que con su muñeco cuenta chistes en tres actos, supuestamente desde los iluminados casinos de Las Vegas.

Las grabaciones de los martes de "Todo x dos pesos" son lo más parecido a un recital de rock en una cancha de fútbol. Los fans llegan a las 18, puntualmente disfrazados, con banderas, carteles con mensajes, y una adrenalina dispuesta a sacudir la abulia semanal. Claro que tienen que gritar y aplaudir cuando el asistente de piso así lo ordena, y la risa hay que contenerla en los momentos en que se requiere el mayor de los silencios. Cada tanto hay alguna riña, sobretodo entre colegios y barrios, pero cuando las luces los enfocan en un alto de la grabación ("¡No, no no, no!", diría sufriendo la consejera Irma Jusid) la cosa se pone pesada y hay que verle la cara al director del programa, Néstor Montalbano, que los sanciona con un "el que hace lío se va". Pero enseguida todo se resuelve por el lado amable, especialmente cuando posan para las fotos o los extras -que ya adquirieron la categoría de ídolos- los tranquilizan con alguna gracia. Capusotto admite que le gusta "devolverles la buena onda y hacerlos reir". Alberti, más serio, dice que no le gusta "fomentar la idolatría". "Pero me encanta hacerme fama de loco."

Son muy pocos los seguidores que se quedan hasta las 2 de la mañana porque, en realidad es muy poco lo que se puede ver los martes, día en que se graban los "copetes" de Mario y Marcelo, o sea las presentaciones de los sketches que, sin público, sí grabarán al día siguiente. Pero cada martes, la ilusión se repite. Se dice que algunos han llegado a pagar por entrar al canal, tras una maniobra lucrativa de una página en Internet trucha. La lluvia de papel picado no cesa, cada vez que Mario (¿Pergolini?) y Marcelo (¿Tinelli?), los conductores de ese programa -un compacto exaltado de la realidad nacional que se muestra por TV- entran en escena. En uno de los primeros programas lo hicieron a lo "Sábado Bus" (en el que bajan de un ómnibus), pero descendiendo de un camión flete junto a sus invitados. Ahora lo hacen a través de una puerta de vidrio giratoria y a los gritos, mientras Mario (Capusotto) se mueve frenéticamente y repite su ya famoso "¡claro que sí!", y Marcelo (Alberti) aplaude sobre su puño cerrado, tal como lo hacen los violinistas en un concierto. Junto a ellos sonríe una secretaria importada de China, pero con nombre japonés, Sushi Tepanake, que apenas si habla el español. Y hay una suerte de escribano público, el doctor Django, que es presentado como un científico ganador del Premio "Iván Noble" de Química, de 124 años, quien anuncia la quiniela del programa, entre otras apariciones.

Nada se improvisa, o en realidad, mucho menos de lo que se cree. El caos hay que ordenarlo. Esta es la lección que, según parece, aprendieron de sus experiencias anteriores. Entonces todo está fríamente calculado, desde los guiones, las trucas y hasta los efectos especiales, aunque muchos de éstos sólo dependan de un hilo de tanza transparente, de un pan de pancho o de un muñeco inflable.

Desde el inicio de cada programa, el proceso de producción lo comparten con los humoristas Pedro Saborido y Néstor Montalbano. Los cuatro se reúnen casi todos los días para armar los guiones y las canciones. "Siempre partimos de una estructura y sobre la marcha le vamos quitando o agregando cosas. Claro que nos dejamos dirigir, somos bastante mansitos porque elegimos ponernos en manos de esta gente. Además, no somos nosotros solos el programa. Hay un gran acuerdo entre todo el equipo", asegura Capusotto.

Marcelo (Alberti) se equivoca, y se detiene por unos minutos la grabación. En ese tiempo, los asistentes tienen que levantar, otra vez, unos cuantos globos y ponerlos en una bolsa para que los lancen, nuevamente, desde el techo. Al fondo, los "Carlitos Balas", presentados como "ex militantes de la Unión Obrera Metalúrgica, devenidos en bailarines eximios", no dejan de practicar enloquecidamente sus pasos.

¡Claro que sí!, la fiesta sigue en la platea, pero Capusotto y Alberti están más que concentrados con sus guiones. Es que, según explican, están "desesperadamente" al día con las grabaciones, lo que equivale a que el material grabado va a directo a la sala de edición y de ahí al aire.

¿Justicieros de la TV?

Alberti y Capusotto aseguran que "Todo x 2 pesos" no tiene "ningún ánimo justiciero". Ni defiende ninguna postura ideológica. En realidad, en el momento de analizar el programa, los dos cómicos no exponen la misma destreza que al actuar. No les interesa. En todo caso, dejan las posibles lecturas e interpretaciones para el periodismo, corporativamente, uno de sus grandes fans. Sin embargo, explican: "Si embocamos una salchicha en un pancho no es precisamente para criticar la idea de que en algún programa se emboque un corcho -señala Alberti-. Yo no critico la cantidad de pavadas que hay en los canales de aire o de cable, aunque a veces me engancho a ver cómo una conductora enseña a doblar un pañuelo en cuatro y no lo puedo creer. Pero no pretendo nada de la TV como espectador. Suelo mirar bastante, pero sin volumen. Y si no me gusta, apago y me voy a hacer a hacer algo más interesante. Tampoco soy un sádico."

Podría decirse que "Todo x 2 pesos" es un claro reflejo de la realidad nacional, un colorido dibujo de lo que mejor cotiza hoy en la TV: la basura. "El programa es lo que vemos -dice Alberti-. Está mal la calle, la gente, está todo mal.No hay motivos para sonreír, no hay muchas alegrías, bah! creo que ninguna. Y llama la atención cómo la gente se acerca a nosotros para ver si se puede salvar. Pero mucho no podemos hacer. Somos como una islita. Hacemos reír desde el confin". "Yo creo que con este programa nosotros también estamos tratando de escapar de la miseria", explica Capusotto.

Pedro Saborido opina que "estamos en problemas" si "Todo x 2 pesos" es el mejor programa de la TV. "Hacemos un programa de humor que no quiere decir nada, o por ahí sí, pero que quiere divertir. La gente hoy no tiene ganas de escuchar mensajes, por eso gustan tanto del programa las reflexiones finales de Favio".

¿Estaremos todos locos, los argentinos, en el tiempo del "claro que sí", de los concursos del "Super Chiotto", del "Caserta, mandame lo que quieras", y del "¡Está bien!"?

El absurdo con humor

  • "El programa es una mezcla de humor absurdo, circense, kitsch; un humor de muchachones -describe Pedro Saborido, uno de los guionistas del programa-. Por momentos rozamos el chiste de vestuario y en otros, una cosa más elevada, surrealista, loca. Tratamos de ir en ese arco, es lindo y nos satisface. Es cierto que a veces nos pasamos de rosca. Pero no lo podemos negar, nos divierte, aunque no queremos ofender a nadie. Por las reiteradas referencias homosexuales alguna vez nos preguntaron "¿son homosexuales reprimidos?". Y puede ser, contestamos, de lo contrario no se nos ocurrirían tantos chistes con ese tema. Pero nunca los ridiculizamos para hacer humor."
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