Mafias y negocios turbios son el lado oculto de la bailanta

Mueven un millón de pesos por semana
Gustavo Carabajal
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20 de agosto de 2000  

No todo es alegría, baile y pasiones desenfrenadas en el mundo de las bailantas: también hay mafias.

En los últimos años, la movida tropical se convirtió en un campo de batalla en el que distintos intereses pugnan por quedarse con un negocio que sólo en la ciudad de Buenos Aires factura más de un millón de dólares por fin de semana.

Esa cifra no incluye los ingresos de las bailantas situadas en el Gran Buenos Aires, donde se concentra la mayor cantidad de locales bailables de la movida tropical; ni las ganancias por ventas de discos y el merchandising.

Según los registros de la Policía Federal, en la ciudad de Buenos Aires funcionan 13 bailantas. De acuerdo con técnicos y músicos consultados por La Nación , cada uno de esos locales convoca un promedio de 3000 personas por noche, que gastan no menos de 15 pesos entre la entrada y las consumiciones.

La mayor ganancia para los empresarios está en los tragos que se venden en las barras. Uno de los costados más espinosos de la actividad son los siempre discutidos contratos entre los empresarios y los músicos. Estos últimos se quejan porque cobran no más de 30 pesos por show, mientras que los asistentes, o plomos , denuncian que perciben sólo $ 5 por cargar equipos de luces y de sonido. También lo son los sabotajes mutuos entre dueños de boliches rivales.

Un integrante del grupo La Nueva Luna, al referirse a las condiciones de trabajo, expresó: "Acá nos jugamos la vida".

El bailantero se refería a la cantidad de shows que deben realizar por noche para poder obtener un cachet digno y a que deben recorrer grandes distancias en el Gran Buenos Aires para ir de una bailanta a otra. Muchas veces con el riesgo de sufrir algún accidente. Miguel Angel Pierri, abogado de la familia del cantante Rodrigo, fallecido en un accidente el 24 de junio último, dio un ejemplo de la agitada vida que llevan los músicos.

"Rodrigo había firmado un contrato con la productora Magenta por el uno por ciento. Esto significa que a sus bolsillos sólo llegaría el uno por ciento de todas las ganancias. Querellamos a la empresa y solicitamos que realice una investigación para tratar de establecer las condiciones en las que se firmó el convenio. Creemos que la letra y la rúbrica no pertenecen a Rodrigo", expresó Pierri.

"Siempre pienso que a mí me secuestró la mafia. Durante más de un mes me tuvieron cautivo de aquí para allá. En todo ese tiempo, me hicieron perder 400.000 dólares", aseguró Marcelo "Chelo" Torres, líder del grupo Green, uno de los más populares de la música tropical.

"Un día me dijeron: "Bueno, pibe, hasta acá llegaste, te tenemos que bajar"", recordó Torres.

Poco tiempo después de la advertencia, el cantante desapareció y su familia denunció que fue secuestrado. Tras ese hecho, Green, que llegó a ganar varios discos de platino y llenaba cuanto local lo contrataba, dejó de sonar en las radios, al tiempo que las ventas cayeron en un tobogán sin fin.

Un año después, Torres volvió al circuito bailantero y formó su propia productora independiente.

Amenazas y sabotajes

Algunas circunstancias oscuras que rodearon la muerte de Rodrigo pusieron al descubierto la existencia de un submundo dominado por amenazas y sabotajes.

"Resultó muy curioso que en menos de 24 horas se editaran 250.000 copias de la compilación de temas de Rodrigo titulada "Un largo camino al cielo". Todavía no habían enterrado a Rodrigo y el disco ya estaba en la calle", recordó el abogado Pierri.

En tres días se vendieron 225.000 compacts. El disco llegó al público en una forma no tradicional, a través de los quioscos de diarios. Se vendieron como pan caliente a $ 14,90 junto con una revista de dos páginas.

Esta circunstancia constituye una característica de las empresas que explotan la movida tropical: no forman parte de ninguna de las cámaras que agrupan sellos discográficos ni locales bailables.

El ex músico y animador de televisión Johnny Allon fue uno de los que sufrieron las consecuencias de no adaptarse al sistema. Su negativa a negociar con los poderosos hizo que no fueran a tocar en su local de Constitución los grupos de mayor poder de convocatoria. Allon debió cerrar.

"Cuando desde arriba te decían ¡basta!, no estabas más. Así desaparecieron muchos grupos. El lema del mundo de las bailantas era "ídolos pobres y empresarios ricos"", señaló Pierri.

Antes de morir, Rodrigo había sufrido amenazas. El técnico de sonido MiguelAngel Camacho, que se desempeñó en una conocida bailanta de Once, aseguró que el cantante había sido secuestrado en 1992. Luego de relatar el episodio en una nota a un canal de televisión, Camacho fue amenazado de muerte. La denuncia quedó radicada en la fiscalía general de La Matanza. Su abogado, Ernesto Vissio, asegura que Camacho vive con miedo.

En Sarandí, sobre la avenida Mitre, debajo del puente del ferrocarril, funcionaba hasta hace tres años Chalet Tropical, una bailanta que convocaba miles de personas cada fin de semana.

El estallido de dos bombas de estruendo, que a punto estuvo de provocar una tragedia, y una gresca que terminó con un homicidio causaron el cierre de la bailanta. Los dueños del local aseguraban a los cuatro vientos que se trató de actos de sabotaje.

El caso Chávez Navarrete

El cadáver de Carlos Chávez Navarrete, líder del grupo Karicia, apareció en un zanjón situado a pocos metros del cruce de Antártida Argentina y puente San Carlos, en Alejandro Korn. Fue el 13 de agosto de 1997.

El cuerpo tenía 11 balazos. El 6 de abril de 1996, Chávez Navarrete había sufrido una agresión similar, pero había logrado sobrevivir.

Esa madrugada el cantante estaba junto a su representante José "Cholo" Olaya, el hijo de éste y un hombre no identificado en una Trafic estacionada en la esquina de Defensa e Ingeniero Huergo, en Dock Sud.

Luego de una discusión, uno de los tres acompañantes de Chávez Navarrete sacó un revólver y le disparó nueve balazos. El cantante de Karicia se salvó luego de dos operaciones.

Por el crimen de Chávez Navarrete hay tres sospechosos detenidos. Entre ellos figura Jorge Pavón, alias "Tortuga", autor confeso del crimen y chofer de Olaya, quien está prófugo en Chile y fue señalado como el supuesto autor intelectual del crimen.

El ex defensor de los cuatro integrantes de la banda de Los Hornos, condenados por el crimen de José Luis Cabezas, es el abogado de uno de los detenidos por el homicidio de Chávez Navarrete.

Curiosamente, Burlando también representa a Alfredo Pesquera, el propietario de la camioneta supuestamente involucrada en el accidente de Rodrigo.

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