Suscriptor digital

"Esta es mi última batalla"

Juan Manuel Trenado
(0)
28 de abril de 2001  

La apuesta final . El último desafío. Una agotadora carrera por volver a encontrarse con una pelota dentro de un campo de juego. Ese es el mensaje que se desprende de un Omar Asad diferente. Que habla de su lesión sin vueltas, que confiesa que comenzó a pensar en un posible retiro, pero que insiste en que hasta que no le digan que no puede jugar más, lo va a seguir intentando.

El delantero de Vélez, de 30 años, gesticula y eleva el tono de voz cuando cuenta que físicamente se encuentra apto, pero la rodilla le impide cumplir su sueño de volver a gritar un gol. Reflexiona, se sincera y, a pesar de todo lo que le tocó vivir, muestra una saludable madurez luego de más de tres temporadas sin jugar y a seis años de la lesión que inició su calvario.

"Estoy haciendo todo menos correr, porque es lo que más me molesta -cuenta-. Fui a Estados Unidos hace un mes y me recomendaron bajar muy por debajo de mi peso; si puedo, 4 o 5 kilos, y si es más, mejor. De esa manera, no me tendría que molestar la rodilla, porque mi gran problema es cuando troto; después, para moverme, no tengo inconvenientes. No se me hincha."

-¿Cuál es tu peso ideal y a cuánto tenés que bajar?

-Yo siempre estuve en 93 kilos y tengo que llegar a 88.

-¿Esto no te perjudicaría, ya que tu fuerte siempre fue la potencia?

-Puede ser, pero voy a tener que acostumbrarme a jugar con menos peso.

-¿Qué te dijeron en Estados Unidos?

-Me hicieron una evaluación completa y estoy bien. Lo único que me complica es el cartílago, que está lastimado. La única manera que no me lastime cuando corro es bajando de peso.

-¿No te cansás de tantos intentos frustrados por volver?

-Si no estuviera bien físicamente, si tuviera mal los ligamentos o si mentalmente me sintiera mal, ya habría largado todo hace rato.

Cuando fui allá, pensé que me iban a decir que en un mes podía estar jugando o... "bancate el dolor que se va". Pero ellos vieron que para trotar me molestaba. Y eso que yo no soy de exagerar.

En los ejercicios, cuando corría y frenaba me dolía mucho; después lo repetía y no sentía nada. Pero lo que pasaba es que cuidaba la pierna inconscientemente. Así no puedo jugar. Daría muchas ventajas.

-¿Es tu último intento?

-Si yo llego a estar en 88 kilos y me duele no tiene sentido que siga con esto. Otra operación no me la banco; me lo ofrecieron, pero dije que no. El día que realmente me digan que no puedo seguir jugando no pierdo más tiempo. No estoy tan loco como para prolongar esta agonía.

-¿En cuánto tiempo vas a tomar la decisión final?

-En un mes y medio más. Ya bajé dos kilos en 18 días. Creo que si llego al peso que me piden y me duele la rodilla cuando practico, ésta es mi última batalla, definitivamente.

-¿Ya tenés asumido tu retiro?

-Empecé a pensarlo a partir de la última charla en los Estados Unidos. Antes ni lo pensaba; muchos me lo preguntaban y yo ni les respondía porque nunca estuvo en mis planes, más teniendo en cuenta que estoy en manos del mejor médico del mundo (lo atiende el doctor William Clancy). Pero prefiero pensar que, mientras tenga la posibilidad, no la voy a dejar escapar.

-¿Alguna vez dudaste de los diagnósticos que te daban los médicos?

-No, la verdad que no. Si me mintieron lo habrán hecho muy bien porque nunca me di cuenta. Acá no hay misterios. Están todos los estudios que avalan lo que me iban diciendo. Además, siempre los apuré para que me digan la verdad. Nunca me van a venir con versos , porque a la larga se perjudican ellos.

-¿Te imaginás trabajando como técnico enseguida?

-Estoy estudiando para ser entrenador, pero no sé...Si tengo que abandonar, antes de meterme en algo rápido, me gustaría hacer un duelo de jugador a ex jugador. Quiero replantearme algunas cosas, pensar mucho y asimilarlo lentamente. Va a ser duro. voy a extrañar salir a la cancha, ir a entrenarme con mis compañeros...

-¿Te angustia entrar en la cancha y que te vea la gente?

-Cuando por algún motivo salgo a la cancha en un día de partido y la gente empieza a cantar, me siento bien porque me recuerdan que me quieren, pero por otro lado me angustio mucho.

El año pasado, cuando estaba Julio Falcioni como DT, empezaron a cantar: Ô Ponelo al Turco la p... que lo parió´ . No me gustó porque Falcioni se dio vuelta para mirar dónde estaba yo. Capaz que piensan que me muestro para tirarle la gente en contra y no me gusta condicionar a mis compañeros.

-Si tuvieras que retirarte, ¿le pedirías a Compagnucci que te deje jugar unos minutos en algún partido?

-Sí, seguro. Estoy para jugar. Si me tiran a la cancha, no voy a ser un desastre. Aguanto veinte minutos y después me caigo muerto.

-Entonces, cualquiera sea tu decisión, ¿este año te vemos de nuevo adentro de la cancha?

-Sí, sí. De este campeonato olvidate, pero el próximo, seguro.

Una vida partida en dos

Aquella lesión del 16 de octubre de 1995 quebró en dos la vida del Turco Asad. Una carrera ascendente con ofertas desde Europa, el debut en la selección nacional, las fotos con la camiseta de Boca, que se moría por tenerlo. Todo quedó en la nada.

–¿Perdiste mucho económicamente?

–Sí, no me vendieron, no aumenté la prima; eso es lo que más perjudicó. Yo estaba casi vendido a fines de 1995 y me lastimé. Si ya hubiera firmado algún contrato, seguro que no habría metido la pierna (la lesión llegó en una jugada en la que se tiró para convertir un tanto ante el arquero Oscar Ferro, de Ferro Carril Oeste), no hacía el gol, no me arriesgaba.

–¿Y ahora cómo estás?

–Bien, no despilfarré la plata. Además, sigo cobrando en Vélez como si entrara en la cancha. Sigo robando desde hace cinco años (risas).

–O sea que en Vélez se portaron bien.

–Sí. Legalmente me tienen que pagar, yo tenía un año de contrato adentro y lo hice valer. Pero es cierto, nunca tengo problemas con los dirigentes. Tuve suerte porque me tocó acá, que es Vélez, que me quieren. Quizás a otro jugador le pasa lo mismo y lo dejan en la calle.

–¿Alguna vez te apuraron para que tomes una decisión?

–Nunca. Incluso, me pagan todos los viajes a Estados Unidos. Si a mí se me ocurre ir a ver a un médico en Mongolia, me lo pagarían también. Estoy contento porque, dentro de mi desgracia, me tocó caer en Vélez.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?