Senadores de la UCR, enojados con Alvarez

Lo cuestionan por difundir rumores
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26 de agosto de 2000  

La relación entre el bloque de senadores radicales y el vicepresidente, Alvarez está en su peor momento.

Las versiones sobre el pago de sobornos a senadores para aprobar la ley de reforma laboral enfrentaron a la bancada oficialista con el titular de la Cámara alta por la estrategia a seguir frente al escándalo: mientras los radicales rechazan la veracidad de los rumores, Alvarez se encarga de mantener las sospechas en el candelero.

Los legisladores de la UCR recriminan al vicepresidente que no pierde ocasión de atizar el fuego de la sospecha con declaraciones y gestos políticos que, incluso, rozan al propio Gobierno. Por ejemplo, Alvarez no descartó ayer su renuncia a la presidencia del Senado si se comprueba la existencia de favores personales.

"Nosotros ya le dijimos varias veces a Alvarez que defienda con más firmeza al Gobierno, pero él no nos escucha", se quejó un importante senador de la UCR.

En realidad, lo que más produce escozor en el radicalismo es que el vicepresidente utilice al Senado -como ya hizo con la denuncia de los empleados ñoquis- para su posicionamiento político como "el abanderado de la ética".

Los legisladores radicales aseguran que cada vez que los rumores comenzaban a aplacarse, desde el Frepaso se hizo algo para reavivarlos. Alvarez fue el primer funcionario del Gobierno en decir que "si en el Senado corrió plata sería la decadencia terminal". También leyó durante una reunión de presidentes de bloque el anónimo que circuló con la trama secreta de la presunta operación -lo que le dio más relevancia- y pidió el desafuero colectivo de los senadores.

"Todos salimos manchados de este escándalo -se lamentó un legislador de la Alianza-. El único que quedó bien parado fue Alvarez, aunque se resintieron sus relaciones con el poder".

Las reacciones de la UCR fueron en cadena. El senador Jorge Agúndez (UCR-San Luis) le envió ayer una carta en la que prácticamente lo acusa de una "maniobra difamatoria" por haber leído el libelo que lo involucra.

"Este panfleto se ha institucionalizado luego de su lectura y nos coloca en la situación de tener que pelear con las sombras", explicó el legislador a La Nación .

El senador puntano autorizó a Alvarez que haga pública su declaración de bienes y que pida informes a todas las entidades bancarias y financieras sobre su patrimonio. Ayer se presentó espontáneamente ante la Justicia para colaborar con la investigación y prometió abandonar la política una vez que ésta finalice su trabajo.

El senador José Genoud (UCR-Mendoza) también tomó distancia de Alvarez, pese a que siempre había sido cuidadoso de las formas. "Esto sólo beneficia a los que quedaron fuera de las sospechas. Carlos Alvarez es nuestro fiscal", dijo con ironía.

El senador Leopoldo Moreau (UCR-Buenos Aires) cargó en la última reunión de bloque contra el vicepresidente, que había desconfiado de la capacidad de autoinvestigación de la Cámara alta.

"No podemos inhibirnos porque sería aceptar un estado de sospecha colectivo", se enojó el bonaerense.

Hasta el fondo

Alvarez, en tanto, no parece inmutarse por el enfrentamiento con los radicales. Es más, asegura en la intimidad que no necesita de la relación con ese bloque. Sostiene que está dispuesto a "sanear las instituciones" y a avanzar con esta investigación, cueste lo que cueste.

En el PJ también apuntan los cañones contra el vicepresidente, al que tienen en la mira porque los descolocó en la pulseada por los ñoquis.

Lo señalan como el promotor de los rumores y sospechan que el origen de lo que llaman "una operación política" se gestó en el despacho de Alvarez. Apuntan que su estrategia es despegarse del Gobierno.

"Se está cortando solo porque quiere salvarse del naufragio del Gobierno", interpretó un senador del PJ.

Mientras corren las acusaciones cruzadas, el clima de sospecha generalizada en el Senado provocó nervios en algunos legisladores e indignación en otros. El senador Luis León (UCR-Chaco) lloró ayer frente a los periodistas al sentenciar: "Esto es una tragedia nacional".

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