El fenómeno Libertad

Sunchales, la ciudad santafecina de 18.000 habitantes, vive su hora deportiva más gloriosa debido a la histórica e inesperada clasificación de su equipo para la final
Miguel Romano
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16 de mayo de 2001  

Libertad es la sorpresa de hoy, pero no de ayer. Porque si bien es cierto que nadie esperaba que en esta temporada se convirtiera en uno de los finalistas de la Liga Nacional de basquetbol–por primera vez en su historia–, digno es destacar que siempre fue considerada una institución modelo, de trabajo disciplinado e inteligente, que elevó su nivel deportivo de manera paulatina, sin desatinos ni descabellados objetivos.

Al amparo de una población pequeña –18.000 habitantes–, pero con trayectoria dentro del basquetbol provincial, aumentó su prestigio dentro de una categoría exigente, que requiere extrema responsabilidad y que parece reservada sólo para los más pudientes.

En 1995, con la llegada del actual presidente, Jorge Chiabrando, Libertad decidió vender su plaza en el Torneo Nacional de Ascenso (TNA) a Ben Hur, de Rafaela, y empezar de cero su trabajo en el basquetbol profesional. Un año después, nada más, festejaba el campeonato en la Liga B y el regreso al TNA. La buena letra de sus dirigentes y jugadores provocó que en 1997 obtuviera el 6° puesto y, en la temporada siguiente, el título y el ascenso a la A, tras vencer en la serie final a Siderca, de Campana, por 3 a 2.

Con la plaza asegurada, los dirigentes abrieron las puertas de la empresa de productos lácteos SanCor, una de las más importantes del país, principal fuente de trabajo de toda la ciudad y aledaños, que hizo un aporte muy importante (350.000 dólares) para apoyar cada campaña.

Con un equipo modesto mantuvo la división y se clasificó en el 13er lugar durante el debut en 1999, para dar otro salto de calidad y llegar al 6to puesto en la última temporada.

Sin embargo, pese al buen suceso, los dirigentes se propusieron subir otro escalón, haciendo bien los deberes. Aunque muchos clubes de larga data en la Liga aún utilizan viejos galpones para jugar sus encuentros, la gente de Sunchales decidió mudarse, dentro de su enorme predio, y construyeron un moderno escenario para 3000 personas. Elemento indispensable para lucir sus sponsors y lograr afluencia de público

En ese desafío de la casa nueva participó la mayoría de los socios y los simpatizantes. Cada uno hizo algo: pulió la madera, ajustó tornillos o pintó las paredes, mientras las mujeres, menos hábiles en esos quehaceres, preparaban comida y servían mate hasta la madrugada. Fue casi un producto artesanal. Al estadio lo denominaron El Hogar de los Tigres, quizá porque encontraron alguna semejanza con su aguerrido espíritu. El mismo que expuso el equipo en cada partido para ser finalista.

Es que Libertad es un sentimiento, es parte grande de la ciudad. Es el club de todos, donde desde pequeño los socios pueden practicar 12 disciplinas, entre ellas fútbol, natación, voleibol, tenis y basquetbol. Es el lugar de las reuniones sociales o de las tardes de esparcimiento, de asados y sol en la gran pileta. Esa identificación se advirtió siempre en la cantidad de niños y jóvenes que colman las tribunas vestidos con la camiseta del club o con la cara pintada. “Nunca falta la témpera amarilla y negra en las casas de Sunchales”, señaló el presidente Chiabrando.

Pero la pasión, propia del gusto por el basquetbol que existe en esta zona central de la provincia de Santa Fe, se mezcló con la mesura, la seriedad y la tendencia al ahorro que distingue a los pobladores de la ciudad, en su gran mayoría descendiente de piamonteses, siempre tan equilibrados y luchadores. Gente que ama el campo, humilde, amable y tesonera, pero de sangre caliente para los deportes.

Subidos a una estructura sólida, Libertad buscó para esta temporada un base de alto nivel, como Facundo Sucatzky; mantuvo a su representativo Mariano Cerutti, nativo de la ciudad; incorporó a Claudio Farabello, un tirador efectivo que acababa de ser campeón con Estudiantes, de Olavarría, y completó el plantel con tres jugadores extranjeros.

Pero las cosas no fueron bien. Rencillas internas, lesiones al por mayor y extranjeros que no cumplieron con su papel, provocaron que Libertad dejara de ser protagonista. Por eso ingresó, por escaso margen, en el Grupo A 1, después de ganar 18 partidos y perder 12. Ya en la elite, las cosas empeoraron y apenas pudo ganar 4 de los 14 encuentros y terminó en el 7º lugar.

Y si bien eliminó a Ferro por 3 a 0 en la etapa reclasificatoria, contra Peñarol, en los cuartos de final, comenzó mal, y perdía 2 a 0, con una derrota por 40 puntos en el primer cotejo. ¿Se había terminado Libertad?, eso parecía. Sin embargo, su estilo guerrero, de juego veloz y alta eficacia en los triples, le permitió cumplir casi un milagro: dejar en el camino a uno de los favoritos en una serie dramática, que culminó 3 a 2 en el Polideportivo marplatense, frente a 4000 enfervorizados hinchas de Peñarol.

Un golpe anímico ideal, una catapulta motivadora que hizo olvidar la ausencia de Terrell Baker, que se fue a los Estados Unidos para operarse una rodilla. Igual, ya en las semifinales, los santafecinos ganaron los dos partidos como locales frente a Quilmes, de Mar del Plata. Pero el tercero, como visitante, lo perdieron y se lesionó otro extranjero: Randy Carter, que sufrió la rotura de ligamentos en la rodilla derecha. De todos modos, el infortunio tampoco fue impedimento para ganar el cuarto juego y clasificarse finalista.

Sunchales disfrutará su fiesta hasta que llegue Boca Juniors o Estudiantes, de Olavarría. Aunque, en verdad, no importa demasiado; el basquetbol terminó por anidarse en los corazones y los pondrá como ejemplo en el país de la Liga por mezclar sabiamente la pasión con el trabajo serio.

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