Bairoletto, una leyenda controvertida

Fue un famoso criminal que actuó en la región pampeana en la década del treinta; héroe para unos y delincuente para otros
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28 de agosto de 2000  

EDUARDO CASTEX, La Pampa.- Ya no están los boliches en los que comenzó una historia de amor y de muerte. Nada queda de aquellos prostíbulos ni de la fonda La Colonia, en la que el hombre tuvo su primer encuentro con el policía al que rápidamente apartó del brete de la vida.

Sólo en el monte se puede imaginar su figura desapareciendo entre los caldenes, hallando refugio en las noches y surgiendo una vez más como para volver con furia hasta el pueblo o a una estancia para intentar otro de sus golpes imprevisibles.

Se lo puede imaginar sobre un caballo oscuro, con su melena revuelta, inusual para la época, su cara afilada y esos ojos profundos de fondo claro, como el de tantos gringos.

Desde La Pampa hasta el sur de Mendoza, son pocos los chicos que saben de él, y sólo porque oyeron algo de sus padres. Todavía algunos ancianos se animan a contar historias de esas que nadie puede desmentir, puesto que casi siempre la edad de los oyentes no alcanza para eso.

Para otros, algo más jóvenes, fue una leyenda del radioteatro en las siestas de los años sesenta o setenta. Y hoy todavía recuerdan esas voces enérgicas e imperativas que preguntaban en el momento más emocionante del relato: "¡Oiga! ¿Quién es? ¿Quién anda ahí?" Otra, menos enérgica, menos imperativa, pero mucho más confiada, aplomada, inconfundible y sin dudas, respondía con una seguridad que inquietaba: "¡Juan Bautista Bairoletto!".

Y así, en antiguos relatos, en cuentos, en la radio y hasta en el cine continuó una leyenda que aún no termina y que todavía divide opiniones. Una leyenda que más allá de estar contada por simpatías u enconos fue una historia real. Esa que habla de este descendiente de italianos, seguramente piamonteses, que nació en Santa Fe en 1894 para luego venir a Castex, donde tuvo su primer encontronazo con el policía al que arreó por la manga de la muerte: Elías Farach.

Las viejas voces dicen que fue por el amor de ambos a una misma prenda, a la pollera de esa alternadora llamada Dora. De allí en más se habrán dicho verdades y mentiras. Se habló del bandido sanguinario o del Robin Hood pampeano. Lo cierto es que, desde la clandestinidad, Bairoletto se convirtió en una figura querida por los pobres, temida por las autoridades, utilizada por los políticos de turno y maldecida por gente que no dudó en calificarlo de delincuente.

Hoy, en el cementerio de General Alvear, Mendoza, su tumba es de esas que guardan extrañas ofrendas dejadas por quienes lo creen un justiciero milagroso, de esos que conceden pedidos, y es visitada por curiosos que se acercan para ver su foto de cuando hizo la conscripción militar.

En cambio, todavía viven voces que recuerdan al temido delincuente o al asesino. Amalia Mandrile de Cipolla vive con 88 años aquí en Castex y jamás podrá olvidar la noche del 9 de julio de 1928, cuando estuvo frente a Bairoletto: "Serían las ocho y media de la noche; habíamos terminado de comer y nos preparábamos para ir al baile", cuenta hoy doña Amalia, que en esos tiempos sólo tenía 17 años y vivía con sus padres en un campo de 1300 hectáreas a una legua del pueblo.

"El entró a los tiros, hirió a mi padre y un balazo me pegó a mí en la mano, justo en la que llevaba un farol de querosén", relata, mientras muestra su casi inexistente dedo anular izquierdo. Amalia recuerda otras cosas de esa noche: "Vino a caballo ensillado con una montura de primera. A mi padre se le trancó el arma. Se fueron en nuestro automóvil mientras mi hermano gritaba "¡tiren al coche que hay muchos"!

"Nos llevaron a Castex, comenzaron a curarme y me quedé con mi padre, que habló toda la noche. Después..., se murió."

Sofía Elsa Ceballos vive en General Alvear y es una de las hijas de Bairoletto. Otra mujer que, como su madre, Thelma (actualmente vive en la ciudad de Mendoza), jamás pudo utilizar el apellido que se hizo mito.

"Nosotros nunca dijimos que éramos hijas de Bairoletto. Mamá es muy reservada, y antes nos prohibía hablar del papá. Imagínense, en la época del colegio, si los demás se enteraban."

Sofía Elsa repite a cada rato: "Yo en realidad no lo conocí al papi", "el papá respetaba mucho a la gente", "hubo muchas cosas que le adjudicaron y no tuvo nada que ver".

Comenta el día del final, en 1941, cuando ella tenía menos de dos años y estaba toda la familia en el rancho de Puente Colorado, hacia el lado de Carmensa:"La mamá -por Thelma- salió conmigo y mi hermana en brazos, vio que mi padre se pegaba un tiro, que caminaba junto a una pared y que donde terminaba el muro se caía muerto".

Fue en la medianoche cuando la policía por fin emboscó a Bairoletto y vaciaron los cargadores en su cuerpo. Aunque su mujer, Thelma, aún sostenga en la intimidad que se disparó en la cara, "porque él se suicidó, si había jurado que jamás lo atraparían vivo".

Otra incógnita en una historia de sentimientos encontrados y voces que traen sólo recuerdos: -¿Quién anda´í ?

-¡Juan Bautista Bairoletto!"

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