Afirman que Julio Cortázar murió de sida y no de leucemia

Su esposa habría muerto por el mismo mal
Silvia Pisani
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8 de junio de 2001  

MADRID.- Aunque sucedió hace diecisiete años, a la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi se le puede adivinar todavía el dolor por la muerte de su amigo, el escritor Julio Cortázar. Y, sobre todo, de que la pérdida sucediera, como afirma ahora, en su estudio de Barcelona, "antes de tiempo". Antes del tiempo que todos tenemos para morir.

Es que esta biógrafa de nombre conocido y respetado en el mundo editorial español acaba de publicar un libro sobre Cortázar en el que afirma categóricamente que el escritor argentino no murió de leucemia, su final oficial, sino que -dice- "seguro, estoy segura... fue de sida".

Y que ese mal fue el mismo que, dos años antes, cobró la vida de Carol Dunlop, la mujer del escritor, cuya desaparición fue un golpe de los que no se repechan para el autor de "Rayuela".

Las razones

De origen genovés por los cuatro costados, para Peri Rossi lo primero son las razones. "No hay ningún escándalo. Lo importante es que Cortázar no murió de cáncer, de leucemia, como se quiso hacer creer. Eso es lo central.

"Sus médicos hablaron de un virus desconocido -y no cáncer- que le restó fuerzas. Luego -se pregunta-, ¿cuál es la diferencia entre decir que lo mató un virus desconocido a afirmar que fue sida?"

Reflexiona unos segundos y, al final, ella misma se responde: "En sí, para los muertos, no cambia nada. Muertos están. Pero lo grave es que murieron antes de tiempo. Los dos eran personas jóvenes, sanas, que podrían haber vivido mucho más tiempo si una negligencia brutal con las transfusiones no hubiera desatado todo", dice. Y acá es donde el dolor se le adivina.

Y donde comienza la segunda parte de la historia. Porque Peri Rossi conjetura, más que afirma, que Cortázar contrajo sida en el sur de Francia, pocos años antes de morir, cuando tuvieron que hacerle una transfusión de sangre muy importante.

Asocia ese hecho con el escándalo producido en 1984, cuando se supo que en hospitales franceses se había transfundido sangre contaminada a pacientes incautos. "Cortázar fue uno de ellos. Y Carol, su mujer, una víctima del virus que le fue contagiado por relaciones sexuales", dice Peri Rossi.

Y estalla de indignación: "Todo esto costó la carrera de un ministro de Salud francés. Pero eso no compensa ni arregla nada de lo hecho".

Sólo arrojando luz

Julio Cortázar nació en Bruselas, Bélgica, el 26 de agosto de 1914. Hijo de padres argentinos, llegó al país a los cuatro años, donde vivió y se inició en su carrera de escritor.

En 1951 se alejó de la Argentina y murió en el exterior, en 1984. Oficialmente, por un cuadro de leucemia.

Pero respecto del último capítulo de su vida, Peri Rossi opina de otra manera. A la hora de preguntar por las pruebas, los documentos, las fuentes históricas para basar todas esas afirmaciones, la escritora vuelve sobre su certeza. "¿De qué me estás hablando? -pregunta-. En 1984 nadie sabía del sida. El virus no había sido aislado. Todo esto se pudo asociar después, recapitulando lo que descubrió la ciencia, lo que fueron los síntomas de Cortázar, el diagnóstico de un virus no identificado y el escándalo ocurrido en Francia con la sangre."

Revierte entonces el procedimiento. "Me piden pruebas a mí... pero en qué se basaron quienes afirman que murió de cáncer si sus dos hematólogos hablaban claramente de un virus no aislado. Y en los análisis de sangre, que por supuesto vi, no aparecían síntomas de leucemia. Ni siquiera la producción de glóbulos blancos era la esperable en una persona con ese mal", dice.

El libro se llama "Julio Cortázar" y fue editado por Omega. En él se reproduce un diálogo entre la autora y el doctor Javier Lentini, que asistió al escritor en España.

"Lentini, lo de Cortázar fue sida", dice ella. "Sí, ahora lo sabemos", responde, palabras más palabras menos, el médico.

La conversación fue varios años después de la muerte de Cortázar, cuando la existencia del virus ya estaba en todas las bocas, como una maldición del fin de milenio.

Lentini, el interlocutor, hoy está muerto. "También eso es una pena. De lo contrario, él podría aportar lo suyo en todo esto."

Peri Rossi vive hace casi 30 años en Barcelona, tras haber dejado su Montevideo natal en 1972. Trabaja mucho. En agosto está comprometida por la Universidad Complutense para dictar un seminario de narradoras de América latina. En septiembre tiene jornadas de poesía en la Casa de América, en Madrid. Mientras tanto, avanza en la producción de otro libro.

Con su investigación sobre Cortázar está convencida de haber arrojado nada más que luz. Aunque no falte quien piense lo contrario.

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