Una iniciativa que necesita equilibrio

Economía analiza la instrumentación
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10 de junio de 2001  

La reducción de la presión del impuesto a las ganancias sobre los ingresos mensuales netos de entre $ 1500 y $ 6000 cuando provengan del trabajo personal beneficiaría a una muy amplia franja de la clase media.

Es el sector que sufrió un fuerte recorte de sus ingresos precisamente por la vía del impuestazo.

De todas formas, si el cambio fuera tal como hasta ahora lo planteó Cavallo, no todos los que fueron afectados por el impuestazo tendrían el alivio. No se habla de reducir la presión para los ingresos netos sujetos a impuesto superiores a los $ 7500 mensuales.

Para los asalariados, el beneficio sería para quienes, después de todas las deducciones de ley -contribuciones personales a los sistemas previsional y de salud- y antes de que se aplique el impuesto a las ganancias, tienen ingresos netos de entre $ 1500 y $ 6000 mensuales.

En el equipo de Economía dicen que sólo se hará la modificación -que tendría sin duda un gran rédito político en un año de elecciones- si no se pone en riesgo el resultado de las cuentas fiscales.

Si el déficit fiscal comenzara a superar las sumas pactadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), los mercados volverían a ponerse nerviosos, la tasa de riesgo país volvería a crecer y la recesión que salió por la puerta volvería entrar raudamente por la ventana.

El dato es que, luego del canje, el Estado necesita algo menos de dinero para pagar servicio de la deuda, lo que en alguna medida le disminuye el gasto público ¿Es suficiente para tomar el riesgo de bajar impuestos o evitará el incumplimiento de metas que hasta ahora parecía inevitable? Es lo que se preguntan por estas horas los técnicos que trabajan con Cavallo.

Por otro lado, lo que también quieren tener listo es un reforzamiento de los controles contra la evasión impositiva por parte de la DGI. "Sería una ridiculez que resignemos recaudación por el impuesto a las ganancias, la gente gaste más y nos perdamos de reforzar los ingresos del IVA porque los comercios venden en negro", dijo a La Nación un funcionario.

No obstante, señaló: "Políticamente es más defendible incrementar los controles impositivos cuando los comercios tienen una mayor afluencia de clientes que cuando tienen ventas que apenas alcanzan para cubrir los costos".

El ministro cree que un aumento en el ingreso de bolsillo de los asalariados tendría un efecto reactivador inmediato. "Rompería el ciclo de depresión económica y anímica que padecemos y que es muy serio", dijo a sus colaboradores. Pero mide todo el tiempo los riesgos.

En 1992 hizo algo parecido. Se sentó ante los periodistas junto al entonces titular de Ingresos Públicos, Carlos Tacchi, y anunció que con un decreto de necesidad y urgencia quedaba eliminado el impuesto al cheque y se elevaba prácticamente al doble el ridículamente bajo mínimo no imponible de ganancias que regía por entonces y que era, incluso, mucho más bajo que hoy.

En los años siguientes el mínimo no imponible fue todavía más alto y llegó casi a los 3000 mensuales para los asalariados sin cargas de familia.

Todo cambió con el efecto tequila y el propio Cavallo se encargó de desmontar parte de los beneficios que él mismo había diseñado e impulsado.

Pero el "mazazo" fue el que lanzó el actual gobierno cuando debutó en el poder con Machinea como ministro. Cavallo, entonces lejos de volver a la cartera económica, dijo que el impuestazo no era bueno.

Machinea estaba convencido -como casi todos los economistas- de que la economía había recuperado la senda del crecimiento en el cuarto trimestre de 1999. Pero lo que siguió fue la recesión, que al prolongarse se transformó en depresión. Si el primer titular de Economía de la Alianza tuvo la culpa será motivo de debate histórico.

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