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Escándalo: todo Argentinos contra Madorrán

El partido, empatado y sin goles, terminó con el descontrol de los jugadores y el técnico del Bicho
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14 de junio de 2001  

CORDOBA. -¿Cree usted que en el final del partido se descontroló? - Si a vos te pegan tres piñas, ¿no te descontrolás? - ¿Le pegó a alguien? - No, lamentablemente, no. - ¿Pero tuvo la intención de golpear?

- Sí, a los que me pegaron, sí.

El escándalo. El bochorno. En el reparto hay varios actores secundarios que incidieron, en mayor o menor dosis, para el triste final. Pero hubo un gran protagonista, el centro de la atención. Fue el árbitro Fabián Madorrán, de pésima actuación en el partido de ida por la promoción entre Instituto y Argentinos, que en una noche cordobesa de fútbol cerca estuvo de agredir a un futbolista.

Increíble. El propio Madorrán, el mismo que ya tuvo otras desafortunadas jornadas, admitió con sus palabras -las respuestas del comienzo de esta crónica- qué tan cerca está de la violencia. En el campo caminó por la cornisa, en el vestuario incitó otra vez a la irracionalidad.

Durante el desarrollo del partido, un par de fallos de Madorrán perjudicó a Argentinos, ya que no le cobró un gol legítimo a Carlos Yaqué, por una supuesta infracción a Cristian Smigiel, a los ocho minutos del segundo tiempo. Y a los 48, no convalidó un golazo de Federico Insúa desde 30 metros: la pelota pegó en el travesaño e ingresó por lo menos 20 centímetros en el arco, pero ni el propio Madorrán ni el asistente Darío García lo percibieron. Insólito.

Y el árbitro, que minutos antes expulsó con acierto a Sebastián Pena, por doble amonestación, pitó el final. Mariano Herrón, capitán de Argentinos, le cuestionó el fallo a García y, segundos después, habría insultado a Madorrán.

Descontrolado, con una tarjeta roja en la mano derecha -a pesar de que el encuentro había concluido- el protagonista corrió varios metros para señalarle la expulsión, mientras algunos futbolistas y colaboradores de Argentinos intentaron detenerlo.

En medio del caos, Sergio Batista, el director técnico de Argentinos, quiso golpear al juez que, ya rodeado, y todavía víctima de su descontrol, expulsó al volante. Luego, mientras en la tribuna de Argentinos la policía se peleaba con los 400 hinchas que llegaron desde la Capital Federal, Madorrán informó a Batista, a su hermano Fernando y a Roberto Monserrat.

"Me dieron una patada en el tobillo izquierdo, una piña en el omóplato y en el hombro izquierdo. No voy a hacer la denuncia policial porque no identifiqué a los agresores", dijo después Madorrán, que fue medicado con un sedante por una evidente crisis nerviosa. "Estoy tranquilo con mi conciencia. Pero si fueron legítimos los goles de Argentinos, lo voy a reconocer", señaló el juez, que se fue del estadio custodiado por la policía.

"El árbitro nos perjudicó, porque no nos cobró dos goles clarísimos. ¿Si me sorprendió la actitud que tuvo en el final? No", confesó Sergio Batista. Y siguió: "Confío en este equipo, a pesar de las bajas. Nos vamos a quedar en primera", señaló.

Oscar Giménez, presidente de Argentinos, fue más contundente. "La tarea de Madorrán es un insulto incalificable; no tiene categoría para dirigir en primera división", dijo.

Escenas de una jornada escandalosa, en la que un juez de fútbol, inexplicablemente, perdió el control.

Un partido sin matices

CORDOBA.- Para las estadísticas quedó el encuentro, que tuvo pocas ideas, mucha confusión y una justa igualdad. De los dos equipos, Instituto dejó una mejor imagen, ya que al menos su actitud fue ofensiva.

El desquite será el sábado próximo, a las 20.05, en el estadio de Ferro. Horacio Elizondo será el árbitro.

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