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Telenovela clásica, sin sorpresas

Marcelo Stiletano
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17 de junio de 2001  

"Yago, pasión morena", telenovela escrita por Ricardo Rodríguez, Oscar Ibarra, Elena Antonietto y Alejandro Sapognikoff, sobre idea original de Rodríguez y Claudia Piñeiro. Protagonistas: Facundo Arana, Gianella Neyra, Romina Gaetani, Norberto Díaz, Raúl Lavié, Juan Carlos Dual, Cecilia Maresca, Daniel Miglioranza y elenco. Dirección de actores: Carlos Moreno. Dirección de exteriores: Miguel Colom. Producción: Ramiro Santos, Diego González y Marcela Spinacce. Dirección: Federico Palazzo. Por Telefé, de lunes a viernes, a las 13.

Nuestra opinión: bueno.

Cuando no aparecen producciones de inusual factura y resultados tan logrados y sorprendentes como "Betty, la fea" o cuando subsisten razones (con el pésimo doblaje a la cabeza) que impiden que el público argentino se acostumbre definitivamente a espléndidas producciones brasileñas como "Terra nostra" o "Xica da Silva", en el terreno de la telenovela siempre es bueno, y sobre todo seguro, volver a las fuentes.

Por tratarse de un género tan fiel a sí mismo, alcanza con respetar sus convenciones más genuinas y vestirlas razonablemente en materia de producción y realización para cumplir con los objetivos propuestos.

Esto es lo que ocurre con "Yago, pasión morena", que muy probablemente no pase a la historia, pero que cumple genuinamente con la esencia del género y recibe hasta ahora un considerable respaldo de audiencia.

Aquí no falta nada en este juego de permanente actualización de tradiciones inalterables que se conoce como telenovela clásica: una pareja protagónica que se encuentra casi por casualidad y luego descubre que su destino está inevitablemente unido, historias familiares llenas de secretos, revelaciones, tragedias y más de una historia oscura, conflictos marcados por diferencias de orígenes y clases sociales, villanos capaces de todas las vilezas imaginables y mujeres fatales, ingenuas, vengativas o de buen corazón, según el caso.

Ya desde el principio del relato, ambientado en la selva misionera, queda en claro el sino que acompaña al protagonista, que deja la vida solitaria y sin misterios que tenía allí para regresar a la ciudad, reconstruir una identidad que por necesidad su padre adoptivo le había escamoteado y enfrentar la condición de ser el heredero de una familia opulenta.

Yago (que Facundo Arana consigue hacer más creíble en los aspectos físicos y exteriores que en los interpretativos) se reencontrará inesperadamente en la ciudad con Morena (Gianella Neyra), una bella peruana que conoció en la selva y que ahora tiene la misión de quitarle su estado salvaje e introducirlo en las reglas sociales de su nuevo entorno.

Para completar un cuadro que no sorprenderá al televidente curtido en esta clase de historias aportan lo suyo Aldo (Norberto Díaz), hermano de Aldo y dueño de una ambición ilimitada; Cassandra (Romina Gaetani), amante de aquél y femme fatale ciento por ciento, y un curioso vagabundo interpretado por Juan Carlos Dual, que seguramente con el tiempo tendrá algo para decir en esta saga de misterios familiares que se irán develando de a poco.

Paulatinamente, el relato se aleja de los exteriores misioneros impecablemente fotografiados por Francisco Grieco para instalarse en Buenos Aires, que según el protagonista es "una jungla en la que vivís rodeado de peligros".

Como en "El rey león"

Además de esos subrayados contrastes entre la vida en la Capital y en el interior, no faltan algunas bienintencionadas referencias en favor de la ecología y permanentes flashbacks que procuran unir retazos de la historia desperdigados en distintos tiempos y espacios.

Los seguidores del modelo de telenovela clásico y lacrimógeno (aquí la escasa cuerda humorística está en manos de la desenvuelta Neyra) encontrarán aquí satisfacción y casi ninguna sorpresa.

Sólo a ellos, incondicionales seguidores del género, parece estar dirigida esta producción.

A los observadores más exigentes, en tanto, no se les pasará por alto un par de detalles llamativos y fuera de lugar: por un lado, un tema musical de resonancias más africanas que litoraleñas, como si Yago fuera el protagonista de "El rey león".

Y, por otro, la presencia de Norberto Díaz, que repite aquí como villano de turno su escaso y poco sustancioso arsenal de gestos afectados. Un personaje clave que, en manos de alguien como el desaparecido Arturo Maly (para quien el papel habría sido pensado originalmente), hubiese tenido mayor profundidad, riqueza de matices y estatura dramática.

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