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Allub salvó su vida, pero dejaría el rugby

Claudio Cerviño
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1 de julio de 2001  

El turco Alejandro Allub es un muchacho simple, sencillo, humilde. Capaz de recorrer 150 kilómetros para dar una charla o de regalarles camisetas a los chicos de las divisiones menores del Jockey, su club. Junto con el nadador José Meolans, es un símbolo del deporte cordobés que no sabe de las grandes sumas que se manejan en el profesionalismo. Percibe su ingreso, pero tiene mucho del alma amateur que caracteriza a gran parte de los cultores de la actividad que lo atrapó: el rugby.

Jugador del Jockey cordobés, hoy tiene 25 años. Mide 1,96m y pesa 110 kilos. Juega de segunda línea y sobresalió en la recordada actuación de los Pumas en el Mundial de Gales 99 (5° puesto). Justamente se había juramentado, y prometido a su familia, que luego de ese certamen le pondría fin a los saltos en el line y a los choques de forwards para dedicarse a completar sus estudios de medicina. No cumplió, a pesar del enojo de su madre, Lucía Ana.

Allub, hoy jugador del Perpignan, de Francia, acaba de llegar de Nueva Zelanda, de la gira con los Pumas. Y fue pensando en su familia, en los efectos que causaría a sus progenitores y sus nueve hermanos, que pidió reserva de la delicadísima situación que le tocó vivir en Christchurch, hace sólo una semana. Hecho que pudo, literalmente, costarle la vida .

Faltaba un minuto para que terminara el test con los All Blacks (67-19 para los hombres de negro). Allub sintió un ardor terrible en el pecho y ya en el vestuario seguía con la molestia. "Me arde, me arde. Creo que me tragué algo, no sé", decía. Lo revisó el médico del plantel, Mario Larrain. Tras unos estudios, no se comprobó nada anormal. Hasta se llegó a pensar en una gastritis, producto de unos calmantes que había ingerido.

Al día siguiente, el Turco quiso trotar. No pudo. Empezó el carrusel de visitas a centros asistenciales. En uno de altísima tecnología, los cardiólogos advirtieron una afección. Seria. El diagnóstico fue: infarto de miocardio por disecación de una arteria secundaria. Traducción: pudo fallecer en la cancha; dicen que sobrellevó el momento porque físicamente es un toro.

El hecho tomó por sorpresa a todos, ya que el rugbier nunca tuvo problemas de corazón y pasó con éxito rigurosos chequeos; aquí, antes del Mundial, y en Francia, previamente a firmar con Perpignan. Pudo darse un trágico caso similar al de otro cordobés, el basquetbolista Gabriel Riofrío , en enero de este año, que murió en Sunchales, actuando para Estudiantes de Bahía Blanca contra Libertad. La diferencia radica en que Riofrío, que tenía 23 años, sabía que padecía una deficiencia congénita coronaria y pensaba jugar sólo una temporada más.

En Nueva Zelanda, a Allub le garantizaron que podría hacer las 12 horas de vuelo sin problemas y así fue. Vino con todos los resultados de los estudios. Llegó anteayer y enseguida se embarcó a Córdoba. Quedó internado en el sanatorio Allende, en terapia intensiva. La idea es realizarle un análisis más exhaustivo (a través de una cámara gama ) el martes o miércoles; se prefiere esperar a que esté bien sereno y ya despojado de los efectos de la diferencia horaria.

Aunque todavía no existe un dictamen oficial, de acuerdo con las sensaciones de su entorno, lo más probable es que Allub no juegue más . Mientras tanto, el muchacho humilde y bonachón, que sorprendió tan gratamente en el Mundial, sólo piensa en disfrutar de sus afectos. Y acaso, también, comprender que lo que no pudo cumplir hace dos años por su pasión rugbística, sí lo deba llevar adelante ahora por imperio del destino. De ese destino que le quiso dar una oportunidad más.

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