Una experiencia socializadora

Por Durgan A. Nallar Para La Nación
(0)
9 de julio de 2001  

Desde la irrupción de las computadoras, los juegos tuvieron un papel importante, a veces a la par de las aplicaciones que todos utilizamos para trabajar, investigar y estudiar.

La industria de los juegos es una de las más rentables. Si bien todavía hoy son subestimados -para algunos siguen siendo apenas jueguitos -, en realidad se trata de software más complejo, interesante y rico que lo que muchos suponen, pues en su desarrollo intervienen diseñadores, programadores, artistas gráficos, músicos y otros profesionales de diversas áreas.

En gran medida, esa calificación sigue siendo atinada; especialmente para los adolescentes, hijos del universo mediático que nos rodea. Sin embargo, las nuevas tecnologías de comunicación posibilitan que los juegos electrónicos se vuelvan un elemento socializador, de sana competencia como, naturalmente, es la actividad lúdica desde sus orígenes. Pequeños grupos de personas pueden conectar sus máquinas en red para disfrutar de una sesión multitudinaria de su juego preferido.

Esta nueva modalidad -jugadores que ya no se divierten solos, sino en compañía- se popularizó gracias a Internet, convirtiéndose de a poco en un hábito contagioso. Desde nuestro país no se puede jugar vía Internet, a menos que se disponga de una conexión de gran ancho de banda. Pero es posible hacerlo montando una red casera. Por eso, es frecuente que los amigos se reúnan en un lugar tranquilo para conectar sus máquinas.

No todos pueden hacerlo. Las PC preparadas para jugar, cargadas con placas aceleradoras de video y enormes cantidades de memoria, están lejos del alcance de la clase media: son caras. Trasladar los equipos y lidiar con cables y protocolos de comunicaciones puede ser demasiado. Esta es la veta que buscan explotar los nuevos negocios de entretenimiento, grandes salones equipados con computadoras de última generación conectadas en red, donde por un precio bajo y sin ninguno de estos inconvenientes es posible jugar a los juegos de acción y estrategia más populares del momento.

Los padres han empezado a ver esos locales como la mejor alternativa para celebrar el cumpleaños de sus hijos o cualquier otro evento especial. Prefieren organizar una reunión alquilando el lugar para que todos puedan pasar el tiempo divirtiéndose. Es una forma de acompañar a nuestros hijos poniéndonos a tono con los tiempos que corren.

Y así, también, de participar en un control necesario. Tal como tenemos la obligación de cuidar de ellos hablándoles de los peligros del sida o de la importancia de la educación, también debemos enseñarles a ver los juegos como una experiencia socializadora y no como una actividad violenta o solitaria.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?