Música con tracción a sangre

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10 de septiembre de 2000  

Concierto del Ensamble Nacional del Sur (ENS). "Teoría sagrada del espacio acústico", Libro I de Oscar Edelstein. Intérpretes: Mariano Cura, Richard Arce, Mario Castelli, Jerónimo Carmona, Diego Romero Mascaró y Nicolás Varchausky. Jueves 7, en el teatro Payró.

Nuestra opinión: muy bueno

"Teoría sagrada del espacio acústico, libro I" es el nombre de un nuevo y contundente paso hacia adelante realizado por el compositor argentino Oscar Edelstein.

Para desarrollar esta nueva batalla musical entre creación y tecnología contó con una armada instrumental invencible: el Ensamble Nacional del Sur (ENS).

El grupo, integrado por Mariano Cura y Mario Castelli (teclados), Jerónimo Carmona (contrabajo y bajo eléctrico), Diego Romero Mascaró (percusión), Richard Arce y Nicolás Varchausky (guitarra eléctrica), funcionó como un motor, refinado y a la vez sanguíneo, porque ya se "apropió" del complejo lenguaje sonoro que propone el compositor y director del ENS.

En el cuarto trabajo de Edelstein con el conjunto se pudo comprobar que estos jóvenes músicos, de raíces rockeras pero formados como compositores en la Universidad de Quilmes, juegan un papel clave para que la música que llega en tiempo diferido, digitalizado a través de una computadora, también pueda ser producida en tiempo real en vivo. La consecuencia de este logro es que las huracanadas nubes sonoras, imaginadas por Edelstein, surgen a borbotones desde el escenario y logran un impacto emotivo que la "cinta" ya hecha no puede alcanzar.

Hombres de negro

Sumergidos en la penumbra, se ve a los seis hombres de negro responder con precisión al repertorio de indicaciones gestuales que realiza el propio Edelstein para dibujar contornos y perfiles dentro de una trama sonora densa, producto de la superposición de múltiples capas de líneas melódicas y acordes.

La elección del instrumental se asocia fácilmente al mundo del rock. Pero se trata sólo de un "color", porque el grupo es llevado por Edelstein a explorar regiones que van más allá, por ejemplo, de las experiencias "de avanzada" de Robert Fripp, el lider de King Crimson.

Aun cuando algún ostinato rítmico ocupa el centro de la escena, lo que suena es de una densidad mucho más potente e impresionante. No se trata, por cierto, de materia comprimida, sino de un complejo sonoro que se expande en el espacio, rodeando al espectador mediante el uso de la cuadrafonía.

En este sentido, el intento de utilizar este sistema para lograr un extensivo y poético uso de la espacialización del sonido se enfrenta con una fuerte limitación "física". Salvo que se esté en el centro de la platea, el efecto se desvanece. De hecho, tal vez no exista una sala en la Argentina adecuada para este nuevo fin. Así, la música no generada en vivo tenía que sostenerse por sí misma. Pero como hasta la primera media hora de música eran los instrumentistas los que sostenían la continuidad discursiva, no se hizo algo relevante. Incluso, una incursión de un coro de voces femeninas pregrabadas fue un remanso ante tanta energía producida por la tracción a sangre del ENS.

En cambio, cuando el grupo tuvo que ceder el paso a la recepción de una larga escena grabada de una voz y un coro griego que explicaban poéticamente las intenciones de la "Teoría sagrada del espacio acústico", corrió el riesgo de romper el hechizo musical logrado hasta ese momento. Y cuando los músicos vuelven a la acción, el desvío hacia lo narrativo-teatral produce el efecto de una forzada y tal vez innecesaria forma reexpositiva ABA (música-texto-música).

A su favor, en el programa de mano, Edelstein explicaba que la "Teoría..." es la primera parte de un tríptico que se completará en el 2002. Tal vez dentro de ese contexto más amplio lo que aquí pareció un tanto extemporáneo adquiera allí, entonces, otro sentido.

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