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Casero en el fin del mundo

En Ushuaia hace su primer papel como protagonista en el film "Todas las azafatas van al cielo"
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2 de septiembre de 2001  

USHUAIA.- Aterrizar por estos días en el aeropuerto de la ciudad más austral del mundo es como entrar en un estudio de filmación capaz de contener una gran ficción. El funcionamiento diario de este aeropuerto -ya bastante reducido por la crisis de Aerolíneas- fue casi tomado por el rodaje de la comedia romántica "Todas las azafatas van al cielo", el tercer largometraje de Daniel Burman ("Un crisantemo estalla en cinco esquinas" y "Esperando al Mesías"). Su guión ganó en Sundance. Ahora lo produce Patagonik Film Group, y lo protagonizan Alfredo Casero y la española Ingrid Rubio ("El faro").

La voz de los altavoces ha incorporado una nueva función: tras anunciar el arribo de uno de sus tres vuelos diarios, también solicita la presencia de un técnico en el set y hasta llama desesperadamente a la maquilladora. Frente al free shop, el bar del aeropuerto que ahuyenta, sin libreto, a un puñado de turistas con sus cafés de cuatro pesos está ocupado por extras vestidos de comisarios de a bordo que les sonríen a azafatas de una aerolínea inexistente y toman café de un termo esperando un llamado aéreo. Pero sus valijitas rodantes no los llevarán a ninguna parte. A lo sumo se cruzarán, como distraídos, con los personajes de la película.

Los turistas que están fuera del guión y llegan a Ushuaia los miran sin comprender. Al atravesar la manga, una vista general de este edificio de diseño moderno lo muestra totalmente vacío de gente y nulo en actividad. Mientras que en otro sector se apiñan cámaras, luces, pantallas, cables y la atención entonces se concentra en una sola persona.

"¿Quién es ése?", pregunta el pasajero, que sacude su jet lag porteño. "Es Casero, el de "Culpables"", contesta otro, que sigue de largo y saluda con la cabeza a Emilio Disi, que después de su participación en la película como actor dramático espera el anuncio real de su regreso a Buenos Aires.

La estrategia de la sumisión

A decir verdad, el ambiente tampoco es el más típico de un rodaje. No hay caos ni esa tensión con gritos histéricos de un director. Aquí, las posibles vanidades de los actores son imperceptibles y el equipo técnico se mueve con bastante armonía. Hasta Casero responde sumiso a las seguras directivas de Burman. Después confesará, en una charla con LA NACION: "Sé que soy un poco reticente a abrirme demasiado".

Alejado del desparpajo que lo movilizó en los años noventa desde los programas "Cha Cha Cha" y "De la cabeza", ahora atraviesa por su segunda experiencia televisiva trabajando para Suar. Casero afirma: "La gente tarda mucho tiempo en aceptar como uno es. Antes yo sentía que había varias formas de hacer las cosas. Pero ahora yo hago lo que debo hacer dentro de los cánones que soporta el establishment . No existe más el outsider. Yo no voy a ser tan b... de poner la cabeza para que me destrocen. No es el tiempo. Ya lo dije cuando terminó "Cha Cha Cha": se termina una etapa. Me da pena que a la TV le haya interesado mi idea y no lo que yo hacía". Entonces cuenta que está por grabar un disco "con la Sony", pero prefiere no aclarar si seguirá la línea de su banda, la Halibour Fiberglass Sereneider. Y que le gustaría hacer un film de animación "para hacer humor sin tener que aparecer yo, porque en verdad: estoy podrido". Pero a este actor que, al decir de Daniel Burman, podría interpretar tanto "a un camionero de La Boca como a un bailarín clásico", el cine le está ofreciendo una nueva apuesta. Después del vecino de "Felicidades", la opera prima de Lucho Bender, Casero asumió el protagonismo de este necesitado de afecto que se enamora de una azafata embarazada. "Me habían ofrecido muchas cosas en cine, que estaban piolas, pero no las vi para mí. Es como cuando te gusta un tipo porque sonríe bien. A lo mejor puede venir el más lindo del mundo, pero decís "es un pe..." Con los proyectos también pasa eso. En Burman noté una fuerza, un ímpetu en el que me reconozco."

De la desesperación al amor

Entonces se propuso entender a Julián, su personaje en esta historia de amor en la ciudad del fin del mundo que recuerda algún rasgo de la española "Los amantes del círculo polar", de Julio Medem, filmada en Finlandia. "El y Teresa están escapando del insoportable dolor de estar vivos, pero con el alma partida, sin tener un gancho donde colgarse. Se encuentran y se agarran como locos. Y entonces uno es el salvavidas del otro", explica el director mientras chequea el monitor que recorta el rostro de Casero, sus emociones contenidas, tan glaciales que lo asemejan al actor de un film polaco.

"No sé si era una historia para un galán", dice el actor dentro del traje negro que encierra su cuerpo imponente. "Julián es un tipo que se casa con una mujer que se le muere. O sea, se casa con la mujer equivocada. Y ante esa situación se mete con una azafata en un amor medio loco, un recurso que tiene el desesperado, alguien a quien yo conozco mucho. Entonces sale al encuentro de lo que la vida le da. No sé cuál será el futuro de esta pareja, pero es mejor que la soledad para ella y que la muerte para él. Es que no siempre el mejor recurso para ir a la felicidad es la felicidad." Lo dice seriamente. Pero ante la pregunta de si su última sentencia le pertenece a él o a su personaje, Casero se lava las manos: "¿Quién dijo esto? Bernardo Neustadt". Los sorpresivos cambios de registro de Alfredo Casero coinciden con los de la película de Burman que desde el guión eligió también distintos modos de superar el conflicto amoroso, tanto a través de las emociones como del humor, situaciones que estarán contrapunteadas por algunos hits de Raffaella Carrá.

Al final de la ruta

Como un payaso, parecería que a Casero lo moviliza el deseo de hacer reír para ser querido. Pero es muy cínico. Establece considerable distancia con los otros, a quienes prueba constantemente. Aunque, dentro de la incomodidad que a veces genera, deja asomar su ternura brutal. Sobre la coprotagonista de la película, Ingrid Rubio, dice: "Sólo hablé tres veces con ella. Será Teresa, la mujer de mi vida, y prácticamente ni la conozco. Así que tendremos que crear una biología para que nos encontremos. Al principio, a la Toscano (Gabriela, su mujer en "Culpables") no podía ni verla. Es la persona más ñañosa e hincha que he conocido, pero es divertida, brava pero buena, y ahora nos adoramos".

Ingrid Rubio luce un sobretodo de azafata color verde esmeralda con cuello de piel negro, muy ampuloso, cuyo diseño ¿estilo ruso? no se corresponde con ninguna época. Ella saluda con un acento que tampoco la distingue como española. Ingrid se esfuerza por usar el vos, habla de "laburar" y antepone el "re" a varios adjetivos. Se la encuentra más relajada que cuando vino por el rodaje de "El faro", la película de Eduardo Mignogna en la que interpretó a una chica huérfana, coja y enferma de cáncer. Hace cuatro años arrastraba el éxito español de su primer trabajo para el cine en "Taxi", de Carlos Saura, y el estigma de ser "la cara joven del cine español". "Tuve que aprender muchas cosas, porque después de "El faro" estuve una temporada bien larga sin laburar. Conmigo hubo un boom y me c... viva de miedo. Y luego lo más complicado fue la continuidad."

Y cuenta que estuvo a punto de volver a la Argentina para trabajar en "Esperando al Mesías", "pero por una cuestión de la coproducción no pudo ser", cuenta. Frente a su par Penélope Cruz dice que no tiene estrategias para con su carrera. "Sólo hay que aprender a tener paciencia. No enloquecerse por cualquier papel y también ser flexible a diferentes directores. Yo trabajé con superveteranos como Saura, Gutiérrez Aragón o Camus, y también con aquellos a los que los conoce sólo su madre."

Tras admitir que habla un "inglés indio" dice no tener sueños holly- woodenses. "Hay que servir para entrar en ese mundo. La gente como Banderas lo utiliza muy bien. De Penélope... Yo sólo sé lo que le pasa a mi abuela. No sé si su romance con Tom Cruise lo está utilizando para promocionar su próxima película (risas). Por ahora creo que ese mundo a mí no me va. Me encanta estar en mi casa y no tener que andar promocionándome."

Al aeropuerto llegaron Valentina Bassi y el uruguayo Daniel Hendler, el protagonista de "Esperando al mesías", más famoso por Walter, el chico que se quedó atrapado por el tiempo en el comercial de Telefónica. Ella se dirige al puerto para tomar el histórico barco pesquero Barracuda y así recorrer por el canal de Beagle el camino que hará su personaje, una guía de turismo que de noche es prostituta. Hendler se queda. Hará un taxista judío que acompañará azarosamente a los protagonistas. Todo el equipo se traslada hasta el final de la pista de aterrizaje del aeropuerto. Como donde se termina la ruta 3, a sólo unos kilómetros, allí es donde se termina el mundo, en esa porción de tierra mordida por el Beagle.

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