"Momo sampler" en Córdoba

La banda estrenó en el país su nuevo trabajo; también interpretó los éxitos esperados
Mauro Apicella
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6 de agosto de 2001  

CORDOBA.- El hecho ocurrió hace algunos días en esta ciudad. Una chiquilina de 14 años se fugó con su profesor de 48. Aceptó la propuesta del hombre de huir juntos; su historia llegó rápidamente a los medios de comunicación y conmocionó a todo el país. En cierto modo, la noticia superó a otra que también le había puesto tensión al ritmo habitual de la capital cordobesa: nada menos que la presentación de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en el estadio Córdoba, a catorce años de la última actuación de la banda en esta localidad.

La historia de la alumna y el maestro no disminuyó la ansiedad de los fans ricoteros que se instalaron hace una semana en predios y campings cercanos a la cancha, pero distrajo un poco la atención que muchos cordobeses tenían puesta en los fantasmas que habitualmente rondan cada localidad donde el grupo se presenta: el aluvión de fanáticos, el miedo, los disturbios, la represión.

Esta vez hubo que lamentar la muerte, por accidente, de un joven de 31 años, producto de su caída desde una tribuna, no de la violencia. Este fue el dato más amargo que el destino quiso colar en un gran encuentro musical, tan deseado por el público como por los músicos. Porque, sin duda, Skay Beilinson, el Indio Solari y el resto de los integrantes comparten el mismo sentimiento de su gente.

Es curioso pensar que el grupo que representa el paradigma del rock independiente a gran escala sólo tenga la libertad de actuar un par de veces por año y que, cada vez que lo hace, haya una ciudad conmocionada y un gigantesco dispositivo de seguridad casi tan grande como la producción musical y visual que se prepara para estas ocasiones.

Pero es evidente que hay cosas que comenzaron a cambiar. Porque, esta vez, Solari estuvo muy lejos del anuncio apresurado que hizo el último año, en el recital de River, cuando, entre corridas y disturbios, dijo indignado que aquella podría ser la última actuación en vivo del grupo. Todo lo contrario: aquí se dio el gusto de mencionar, casi al pasar, la hospitalidad cordobesa y de manifestar -días atrás, a uno de los diarios más importantes de esta provincia- el deseo de que, si todo salía bien, podrían tocar más seguido por aquí.

Los fanáticos fueron el eco de ese sentimiento. Por eso no fue casual (sólo por mencionar un gesto de la celebración rockera) que en dos oportunidades los músicos volvieran al escenario, luego de los intervalos, decididos a ponerles acordes a los cantitos que les regaló el público.

Dos reyes

Con la tranquilidad asegurada dentro del estadio, poco después de las 19.15 los Redondos aparecieron en escena para ofrecer la primera presentación en la Argentina del álbum "Momo Sampler" (que ya habían tocado en dos recitales en Montevideo, en abril último). Apenas dos viejas canciones -"Unos pocos peligros sensatos" y "El pibe de los astilleros"- fueron suficientes para calentar los dedos y calmar su ansiedad antes de tocar las piezas del nuevo repertorio; esa invocación a Momo y la repetición de la palabra murga, a veces como una inclusión caprichosa, otras como una manera de buscar nuevas acepciones para acompañar los retratos de los personajes que protagonizan sus letras.

Así fueron apareciendo los frutos de este nuevo trabajo. La voz de Solari y la guitarra de Beilinson, más propensas al diálogo de notas y palabras, las imágenes de Rocambole desde las pantallas y un fondo blanco que les puso un toque de suavidad a la densidad y a la fuerza del sonido; el contundente "Sheriff" de mano dura (una de las joyas de esta placa), la ironía que se despacha en "Dr. Saturno", la machacante "Murga de los renegados", la descripción de "El templo de Momo" y dos figuras femeninas que en algún punto rozan sus miserias y fantasías, "Una piba con la remera de Greenpeace" y "La murga de la virgencita", con esa exquisita melodía que, dentro de los giros ricoteros habituales, le hace una caricia a la realidad hostil de Marita (la que "lo hace por guita/ con los bomberos del cuartel").

Así, el público se dedicó a escuchar y los músicos a demostrar ese proceso de maduración musical en el que se embarcaron para esta producción. Sin embargo, también fue necesaria una presencia más evidente del espíritu de Patricio Rey para infundir el magnetismo de los clásicos que la banda desparramó a lo largo de más de veinte años de carrera. "Queso ruso" propició la vuelta del frenesí ricotero. Y más tarde llegaron los riffs furiosos de "Mi perro dinamita" "Ñan fi frufi fali fru" y "Vamos las bandas", entre otras.

Si esto hubiera sido un repaso por la discografía del grupo se habría entendido como un antes y un después de la formación. Pero en el marco de un recital quedó establecido un presente que combina dos momentos (con el Patricio Rey de siempre y el aporte del recién llegado Rey Momo), hasta consumirse en el fuego de las bengalas que decoraron el estadio hacia el final del show y consumarse en hitos como "Ji Ji Ji", "Juguetes perdidos" y "Un ángel para tu soledad". Llegó el final, en paz, con una larga procesión que salía caminando despacio, silenciosa, exhausta, invocando a esa medallita que viene con el último disco de los Redondos y que "puede usarse colgada del cuello como un escapulario, cerca del corazón".

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