Paquito D´Rivera cerró el encuentro musical

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7 de agosto de 2001  

Concierto de Paquito D´Rivera (clarinete) con el Cuarteto de Cuerdas Buenos Aires, integrado por Haydée Seibert-Francia y Grace Medina (violines), Marcela Magin (viola) y Edgardo Zolhofer (violoncello). Programa: Quinteto para clarinete y cuerdas en Si bemol mayor, Op. 34, de Carl Maria von Weber; "Malambo", de José Bragato; "Certeza incierta (la vida)", para clarinete y cuerdas (estreno mundial), de Gabriel Senanes, y Concierto para quinteto, de Piazzolla-Senanes. Festival Internacional de Música de Buenos Aires. Teatro Colón.

Nuestra opinión: muy bueno.

En una presentación anterior llevada a cabo en el Teatro Alvear, comentada en estas páginas, Paquito D´Rivera hizo las delicias del público adepto al jazz, dio consejos y obtuvo una sonrisa de todos los presentes. Es que ahí había mostrado todas las virtudes de un músico popular con estilo propio y carismático, atributo de unos pocos.

A tres días de la misma semana, en el Teatro Colón, y asociado con un cuarteto de cuerdas, metido en el terreno de la música clásica, el de la creación artística musical que no admite la improvisación, la escrita en sus más mínimos detalles para ser reproducida con absoluta fidelidad, D´Rivera demostró poseer los medios académicos y la seriedad para ofrecerla sin fisuras.

No es la primera vez que un instrumentista popular aborda la música clásica o viceversa. El caso del célebre clarinetista Benny Goodman como intérprete de Mozart, Bartok, Hindemith, Poulanc, Milhaud o Copland fue una realidad, y también el inverso, el del pianista Friedrich Gulda, consagrado por el universo de Beethoven, Schubert o Brahms, dominador del jazz y de todas sus proyecciones.

La idea de esta fusión fue un acierto de la organización del IV Festival Internacional de Música de Buenos Aires, que permitió apreciar que el nombre de un grande como Paquito D´Rivera fue capaz de provocar una movida tan exitosa que en contados minutos la sala del Colón fue ocupada por una multitud conformada por gente de todas las edades, notándose la ausencia de caras habituales de los ciclos de conciertos tradicionales. Es decir que se palpó la presencia de un nuevo público.

Claro que no se había anunciado el programa, razón por la cual se podría argüir que conocido hubiera sido otra la reacción. Sin embargo, después de escucharse una excelente versión del Quinteto para clarinete y cuerdas, de Carl Maria von Weber, obra que requiere un virtuoso del clarinete tanto para afrontar el canto del hermoso adagio intermedio con un fraseo como aria del bel canto italiano como ser exacto en los pasajes de escalas ascendentes de agilidad endemoniada del final, quedó confirmada la calidad de Paquito D´Rivera, poseedor de un sonido concentrado, clara articulación, notable capacidad de aire y buen gusto en el fraseo.

Con suficiencia y una soltura admirable, pasó el examen con un excelente, al que mucho contribuyó la utilización de un instrumento Luis Rossi, identificado por el tipo de su color sonoro. El muy alto nivel profesional de Francia, Medina, Magin, Zolhofer y del propio clarinetista cubano, residente en Estados Unidos, hizo que el ensamble fuera riguroso en la faz puramente técnica y acertado en el criterio para dar con el estilo entre juguetón y poético del autor.

Fue importante la ovación. La muestra rotunda de que aún el público poco habitual es capaz de reconocer virtudes y ser merecedor de gustar y apreciar las más altas expresiones de la música, fenómeno social que en este caso concreto dejó una saludable enseñanza.

Obras nacionales

El cuarteto de cuerdas abordó con buen nivel un malambo bien armonizado, y rebosante de ideas interesantes, de José Bragato, el multifacético músico de orquesta y paladín de temas y ritmos de tango para el mundo sinfónico.

Luego, la buena sorpresa de un estreno de autor argentino, "Certeza incierta (la vida)", de Gabriel Senanes, que resultó ser una obra de envergadura, admirablemente bien elaborada.

Sus tres momentos, denominados "Imperfección" , "Zambita feliz" y "Temas con variación", lejos de constituir páginas superficiales conforman un lenguaje sugerente y poético donde los sonidos de las cuerdas y los matices del clarinete se entrecruzan en un delicado entramado musical. El interés de la audición fue más que evidente, actitud que también sumó un tema para el análisis. Quizá las alternancias de pasajes rítmicos con otros de contenida placidez de la composición, así como la evidencia de que al mismo tiempo se estaba apreciando una obra compleja ejecutada con pleno dominio por el conjunto, fueran los acicates para mantener al público con tanta concentración y obtener el cálido aplauso tributado al autor en el escenario.

La última entrega del programa, anunciada como todas las anteriores con simpatía y humor por el clarinetista -una característica casi exclusiva de los cultores populares-, fue de Astor Piazzolla, y con ella estalló el habitual y espontáneo aplauso clamoroso.

Entonces se sumaron dos obras fuera de programa, en una inteligente y oportuna concesión del distendido Paquito D´Rivera, que pese a su formidable entrega lucía como nuevo; un preludio y merengue de música venezolana, presumiblemente de Gustavo Tabare, y una improvisación sobria, corta y refinada sobre temas del conocido y amable cubano Ernesto Lecuona. Entonces el público convocado en el Colón también se retiró con una sonrisa a flor de labios.

¡Cómo nos gustaría saber cuántos jóvenes que conocieron el templo de la música de Buenos Aires por primera vez estarían felices en escuchar ahí un concierto o una ópera!

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