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Cate Blanchett, adivina en apuros

Es una de las actrices más talentosas de la nueva generación y retorna en un film de Sam Raimi que se estrenará el jueves
Fernando López
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17 de agosto de 2001  

LOS ANGELES.– Que Cate Blanchett no se ha creído demasiado los aplausos y los premios y que no piensa gastar aires de diva es algo que queda en evidencia apenas ingresa en el salón del hotel Four Seasons de Beverly Hills, donde la espera un puñado de representantes de la prensa internacional para hablar de “The gift” (“Premonición”, según el título con el que Eurocine estrenará el film la semana próxima).

Primero, al mismo tiempo que saluda y se quita el abrigo, se muestra interesada en los jeroglíficos que un periodista inglés está dibujando en su anotador: “Me fascina la taquigrafía... Es taquigrafía, ¿no?”, pregunta, y enseguida promete, mirando a todos: “Ese es uno de los deberes que me reservo para cuando esté embarazada”. Después, cuando se le comenta que Giovanni Ribisi, su compañero de elenco en este film (y en “Heaven”, que rodó poco después), entreabrió la puerta unos minutos antes de su llegada sólo para declarar que “Cate es la actriz más grande de todos los tiempos”, se muere de risa: “¡Si supieran cuánto pago para que siga adelante con esa campaña..!”

En dos minutos, a pura espontaneidad, la actriz del nuevo film de Sam Raimi se ha ganado la simpatía de todos. Se ve que lo percibe porque se muestra tan cómoda como para anticiparse a cualquier pregunta: “Soy fan de Ribisi, es un gran actor (¿lo vieron aquí, no?). Y también soy fan de Billy Bob Thornton. Que él fuera el autor del guión fue una de las razones principales que me hicieron participar en esta película.”

-Eso, y el compromiso que significaba un papel como el de Annie Wilson, que es el que lleva adelante el cuento fantástico-policial de “The gift”.

-Sí, pero el volumen del papel no es para mí algo decisivo: no juzgo la importancia del personaje por la cantidad de páginas que ocupa en el guión sino por la precisión con que está diseñado. Me sorprende que a veces la gente se preocupe tanto por el tamaño del papel. Muchos periodistas –y más de un colega- me preguntaron por qué había aceptado uno tan breve como el de "El talentoso Mr. Ripley". Para mí, la respuesta era obvia: no hay demasiados guiones (como ese de Anthony Minghella) en los que cada palabra que dice un personaje haya sido elegida tan meticulosamente como suele serlo cada imagen del film.

-¿Encontró igual minuciosidad en Annie?

-Es probable, pero además había otras motivaciones. Una, que Annie me conducía a otro territorio: el de lo sobrenatural, mezclado con el horror y el suspenso. Otra, ya lo dije, que el libro era de Billy Bob, a quien adoro, y Tom Epperson. Otra más, que trabajaría con un verdadero experto en el género, como Raimi. La cuarta, que existe un abismo entre la fortaleza estoica y benevolente de Annie y el vértigo de Meredith (su personaje en "Ripley") y no hay nada que me entusiasme más de esta profesión que la posibilidad de ir de un extremo al otro.

En ese sentido, Cate Blanchett no puede quejarse: a su carrera le sobra variedad. Desde que se ganó el elogio de medio mundo -y casi un Oscar de la Academia- por su encarnación de la poderosa soberana inglesa en "Elizabeth", la joven actriz australiana (acaba de cumplir 32 años) ha tenido oportunidad de disfrutar de esos vaivenes dramáticos. Pasó de "Oscar y Lucinda" a "Un marido ideal", y de "Pushing Tim" a la viuda vidente que en "Premonición" se convierte en parte decisiva de la investigación de un crimen.

Y ni que hablar de los compromisos que vinieron después: "Bandits", donde se la disputan los dos ladrones de banco (Bruce Willis y Billy Bob Thornton) que la han tomado como rehén; "Heaven", donde interpreta a una mujer que ante la indiferencia policial busca vengar el asesinato de su marido (según un libreto del desaparecido Krszystof Kieslowski); "Charlotte Gray", de su compatriota Gillian Armstrong, que la pone en la piel de una escocesa integrada a la resistencia francesa, y la muy esperada trilogía de "El señor de los anillos", donde Peter Jackson la condujo al mítico pasado de fantasía imaginado por J. R. R. Tolkien.

"Tengo suerte -reconoce la mujercita rubia con algo del candor de Twiggy en los ojazos y la cara angulosa y una pizca de la vulnerabilidad de Diane Wiest en el gesto-; nunca anduve persiguiendo papeles, y aunque puede ser que no haya tomado siempre las mejores decisiones, reconozco que tuve la fortuna de estar en el lugar justo y en el momento preciso. Así se fue armando mi carrera: las oportunidades llegan y por lo general no me cuesta mucho trabajo decidir. Imagínense la sorpresa que tuvimos con la repercusión de "Elizabeth", primero, y con las candidaturas al Oscar después: nosotros pensábamos que habíamos estado haciendo sólo un pequeño, oscuro film en el norte de Inglaterra..."

-A propósito, ¿cómo vivió esa candidatura?

-Fue rarísimo. Yo pensaba que estaba dedicando mi vida a ser actriz (hice bastante teatro antes de entrar en el cine) y de pronto me vi metida en una especie de competencia: un campeonato, una carrera de caballos, algo así. Puede parecer algo ingenuo de mi parte, pero jamás había soñado con tal perspectiva. Todavía me parecen mentira las conversaciones, eternas e increíbles, en las que me sorprendí hablando... del vestuario para la ceremonia. No sé, no puedo evaluar todo eso todavía... Aunque, obviamente, la candidatura al Oscar fue decisiva para mi carrera... No hablo de mi crecimiento artístico, claro, sino de las oportunidades profesionales que se me presentaron a partir de ahí.

Actuar es un placer

Cate no lo dice, pero es fácil imaginar que esta naturalidad que ha conservado a pesar de haber entrado en un medio tan competitivo como Hollywood y este sereno placer que parece producirle el trabajo deben ser datos que los productores no pasan por alto cuando la convocan. Dan ganas de preguntarle si es igual de feliz (e igual de serena) en el set.

-¿Sí?

-Sí. Me comprometo con el trabajo, lo disfruto de veras. Pero, ojo, meterse dentro del papel no tiene nada que ver con sentir como él. Yo no tengo que encontrarme en un estado determinado para poder representarlo: se supone que soy una actriz. Y me encanta buscar la interioridad del personaje a partir de sus rasgos externos: el acento, el aspecto físico, la actitud, el modo de moverse. Después, fundamental, están la interacción con los otros actores y la guía del director...

Se acomoda en la silla, apoya los codos sobre los brazos del sillón: el tema parece interesarle. Mientras habla, se arregla el pelo (ahora algo descolorido, "vagamente rubio" en el original, según ella), que de tan cortito deja asomar las orejas. Se la ve mucho más joven que en la pantalla, la piel blanquísima, en contraste con el negro del sweater y del chaleco sin mangas que lleva por encima.

"Para mí, actuar no es una terapia. Lo que hago es contar historias, no valerme de las experiencias de mis personajes para resolver vaya uno a saber qué conflictos interiores. Hay mucho de juego en este trabajo. Un juego en el que, en mi caso, interviene mucho la curiosidad. A mí me gusta observar a la gente, conocer cosas diferentes. Un film siempre se asoma a otras almas distintas de las nuestras. Y además de esa ficción propuesta por el guión, que puede o no ser el resultado de una indagación lúcida de la realidad, está la propia realidad de los que estamos involucrados en el film. Cuando uno llega a un rodaje, ha leído el libreto y ha analizado su parte; tal vez ha charlado mucho con el director, pero no sabe cómo van a reaccionar los otros actores, no sabe cuál va a ser la química que va a establecer con ellos, no sabe cómo va a reaccionar ante los estímulos del otro. Hay algo mágico en todo eso... El actor depende tanto de su interlocutor, de su mirada... Se retroalimenta con la verdad que le devuelve el otro al escucharlo, con su convicción, con su respuesta humana."

También asistente social

En "Premonición", que Eurocine estrenará el jueves próximo, Cate Blanchett es Annie, la modesta viuda que en una pequeña ciudad de Georgia utiliza sus poderes sobrenaturales (tiene el don de ver el futuro en unos extraños naipes) para ayudar al prójimo. Mezcla de adivina y asistente social, muchos vecinos acuden a ella más para buscar apoyo, contención y consejo que para pedirle vaticinios. Así se ha relacionado con Buddy (Ribisi), un joven mecánico profundamente alterado por un perturbador pasado familiar; con Wayne (Greg Kinnear), el director de la escuela donde concurre uno de sus tres chicos; con la novia de éste, Jessica (Katie Holmes), consentida hija de un poderoso personaje de la región, y con Valerie (Hilary Swank), la joven que es víctima del maltrato de su irascible esposo, Donny. Justamente sobre este personaje, animado por Keanu Reeves, es que recaen todas las sospechas cuando la veleidosa Jessica desaparece misteriosamente. La protagonista tiene para aportar a la investigación del caso algo más concreto que lo que le pueden revelar sus extraños poderes, pero éstos avivan los prejuicios que buena parte de esa comunidad sureña abriga respecto del personaje. Para Annie, su don es al mismo tiempo un privilegio y una desventaja.

-¿Alguna vez tuvo una experiencia parecida a las que vive su personaje?

-Sólo puedo hablar de un episodio que viví hace poco. La mañana de un día en que tenía que viajar por avión me desperté y le comenté a mi marido (Andrew Upton, guionista de "Babe", con quien ha establecido su hogar en Sydney): "Nunca me pasó esto, no sé si serán vestigios de un sueño que olvidé, pero tengo la sensación de que no debo subirme a ese avión". Para colmo, hubo todo tipo de percances en el camino al aeropuerto. Y cuando llegamos allí, los empleados de la aerolínea no encontraban mi reserva. Me puse nerviosísima: mi presagio parecía fortalecerse. Terminé casi llorando cuando por fin subí al avión: estaba convencida de que sería mi último vuelo... Pero no pasó nada. De lo que deduzco que mis habilidades psíquicas sencillamente no existen.

-Eso no le impidió componer el personaje.

-Bueno sería que uno debería haber vivido en carne propia las experiencias de sus personajes: ¿cómo encarnar a Medea o a Ofelia? No, claro que no. Entendí que para Annie sus poderes de videncia debían de representar lo mismo que la diabetes para quien la padece desde siempre. Algo que ha venido con uno, contra lo que no se puede luchar y que se asume con la mayor naturalidad. Annie no lucra con sus poderes, se parece más a una especie de consejera o de asistente social. El problema reside en cómo los demás interpretan su don, si la creen endemoniada o tramposa.

-¿Cómo fue el rodaje en Savannah?

-Era el lugar perfecto para desarrollar una historia en la que pesa tanto lo fantasmal, las creencias, la superstición. Supongo que es como todas esas poblaciones del Sur norteamericano, que parecen conservarse detenidas en el tiempo, con mansiones abandonadas y decadentes a pocas cuadras de un moderno centro comercial o un supermercado. Hay algo inquietante en la atmósfera. Ideal para los estremecimientos, que son la especialidad de Sam Raimi.

-Nada que ver con el lugar donde vive.

-¿Y dónde vivo? A veces me lo pregunto. Londres, Australia, los Estados Unidos, el lugar donde esté trabajando. Siempre viajé mucho, desde muy joven: estuve recorriendo Europa, Italia en especial, cuando terminé la secundaria, antes de ingresar en la academia de artes (donde, como ya es clásico, no faltó el profesor que pusiera en duda sus condiciones y le aconsejara elegir otro rumbo). Claro que si pienso en mi hogar, en el lugar donde espero educar a mis hijos, pienso en mi país, en Sydney probablemente. En Australia están mi marido, mi familia, mi historia. El gobierno debería pagarme por la promoción turística que hago...

La conversación tuvo lugar hace algunas semanas. Bastante antes de que Cate anunciara su embarazo. Lo que permite suponer que estará ahora de regreso en Sydney. Quizá, por fin, desentrañando los misterios de la taquigrafía.

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