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Los policías federales también van al psicólogo

Cada siete comisarías de Buenos Aires hay un gabinete especializado, además de los que funcionan en el hospital Churruca
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25 de agosto de 2001  

La literatura, el teatro, el cine, la TV, los cómics nos enseñaron a amar a los héroes: paradigmas de valor y fuerza, seres sin vacilaciones o temor. Invencibles. El psiquismo del policía parece particularmente sensible a aquellas imágenes. Aunque (finalmente seres humanos) los hombres de azul no logran hacer totalmente las paces con el miedo.

"Claro que tenemos miedo. Es algo normal -dice, haciendo un mohín, el comisario Carlos Alberto Solá, jefe del Departamento de Comunicación Social de la Policía Federal Argentina-. Cuando uno va en un móvil y escucha hay un asalto en tal lado, autores en el lugar, sabe que en un minuto uno va a enfrentarse... En ese minuto pasa un montón de imágenes por la cabeza. Pero llega el momento de actuar y desaparecen. Después piensa: por suerte, estoy vivo. Y sigue. Es algo muy fuerte. Ser policía es una misión difícil de explicar."

Cuando todavía faltan más de cuatro meses para terminar el año, murieron más policías en enfrentamiento armados que durante 2000. ¿Cómo se los prepara psicológicamente para que sigan adelante en un clima cotidiano de creciente violencia?

"Al ingresar en la policía sabemos que es riesgoso -dice el subcomisario Sebastián Seggio, segundo jefe del mencionado departamento-. Siempre decimos que no se trabaja de policía: se es policía. Y eso es vocación. ¿Quién le paga a un policía que está franco de servicio e interviene en un hecho? Sin embargo, es habitual. De los 32 compañeros caídos este año, 26 murieron en esas circunstancias."

"Antes y después del servicio -agrega Solá- se hacen reuniones que llamamos academias . Allí hay autocríticas, felicitaciones. Lo importante es impedir los delitos y mantenernos con vida. Pero si algún compañero cae o es herido, nos fortalece más: lejos de bajar los brazos, tomamos su emblema para estar a la altura de él, que dio su vida en ese acto heroico."

Hombres de doble jornada

Seggio, que tiene 44 años y es licenciado en Psicología por la Universidad Kennedy, recuerda que desde muy joven lo apasionaron Agatha Christie, Edgar Allan Poe y que, ya policía, intentó estudiar derecho. Pero finalmente optó por psicología. Y dice que le fue muy bien: llegó a ser hasta ayudante de cátedra de una materia.

Bromista, conversador, Seggio comenta orgulloso que Mariano, su hijo de 9 meses, se llama así en homenaje a su padre, un siciliano que vino muy joven a la Argentina a "hacerse la América".

Junto al comisario Solá, de 49 años, están al frente de la FM Federal, en el 93.7, la radio de la policía. "Soy locutor -dice Solá-. Trabajé en Horizonte y fui la voz de Radio El Mundo, con Estela Montes."

Para los policías argentinos no es un hecho extraño tener más de una ocupación.

"En la Policía Federal Argentina trabajan 34 mil personas; 14 mil están destacados en comisarías y patrulleros y podríamos decir que prácticamente todos tienen alguna tarea extra: algunos un servicio de seguridad adicional, otros manejan un taxi, otros un quiosco...", explica Solá.

La realidad salarial (los sueldos, del personal de comisaría y patrulleros, en promedio, son de 700 pesos) obliga a buscar más ingresos.

-Los policías cumplen turnos de seis horas. Pero si tienen otro trabajo se mantienen ocupados, al menos, durante 14. ¿Se tienen reflejos suficientes para usar un arma, custodiar un banco o perseguir a alguien en un patrullero cuando no se ha descansado bien?

Seggio -No es lo ideal. Cada jefe es responsable por sus hombres y evalúa la posibilidad de que tengan descanso y misiones adecuadas a su capacidad. El policía está permanentemente sometido a stress y sufre un desgaste prematuro, físico y psíquico, que se nota durante toda la carrera, pero muy especialmente luego del retiro. En ese momento es muy alta la proporción de afectados por problemas cardíacos y cáncer.

Mejores salarios reducirían las horas de trabajo y disminuirían los factores estresantes, pero "somos la Policía Federal Argentina -dice Solá-. Estamos en un lugar que atraviesa graves problemas económicos. Así que con estos elementos, los que tenemos, debemos actuar día tras día".

El sacrificio negado

Según el subcomisario Seggio, uno de los estresores más importantes es la falta de respaldo social que vive el policía: "Se vive en situación de stress permanente por el solo hecho de vestir un uniforme y estar expuesto a la mirada de todo el mundo. Pero el policía siente que la sociedad no se compadece con el sacrificio y la actitud de servicio que le exige su misión", comenta.

Sin embargo, Seggio dice que no sólo la comunidad argentina es poco benévola con los agentes del orden. Algo similar ocurre en Francia, donde el policía se siente un tanto marginado, "ya que allí son históricamente amantes de la libertad y el uniforme implica en cierta manera un límite".

"Sin embargo, nuestros colegas franceses trabajan en condiciones mucho menos adversas: en París hay un policía cada 450 habitantes, mientras que en Buenos Aires (si tenemos en cuenta que por la cantidad de gente que viene a trabajar acá hay alrededor de 6 millones) la proporción es de un policía cada 2 mil."

Seggio afirma que para prevenir las secuelas del stress postraumático (pesadillas recurrentes, insomnio, somatizaciones) todo policía que participa de algún hecho violento debe cumplir posteriormente con un chequeo psicológico, que se realiza en el hospital Churruca.

"Además -agrega el funcionario-, todos los años debemos realizarnos un chequeo general. Cada policía tiene su ficha, su historia clínica. Se intenta combatir factores de riesgo, como el tabaquismo, la obesidad, la mala alimentación. No hay un número significativo de casos de alcoholismo o adicción a las drogas, y cuando ocurren se vinculan a áreas donde existe mucha presión", asegura Seggio.

Enfrentar las consecuencias de la muerte o de las heridas no es fácil.

"Para eso existe el Centro de Caídos de la División Asistencia Social de la Policía Federal -explica-. Hay un equipo de 30 psicólogos que asisten a familiares de policías muertos y a policías heridos."

La asistencia psicológica al personal parece estar dentro de las preocupaciones de la actual conducción de la fuerza. Además del área de Bienestar del hospital Churruca, donde hay gabinetes psicológicos, desde la administración del comisario general Rubén Santos, actual jefe de la fuerza, se crearon las circunscripciones. De cada una dependen 7 comisarías y en todas ellas funciona un gabinete psicológico de apoyo al personal.

"El policía, en general, es renuente a este tipo de atención -agrega Solá-. No tiene tiempo y le cuesta llegar al hospital policial. Estos gabinetes están más cerca y sabe que si pide algún tipo de contención ni siquiera quedará registrado. Este servicio existe desde hace algunos meses, pero tenemos información de que está ganando aceptación."

Otros dos aspectos que la administración Santos concretó para disminuir el stress fueron asignar turnos fijos ("está comprobado que los horarios rotativos alteran el ritmo biológico", dice Seggio) y limitar el alcance de los mensajes difundidos por el Comando Radioeléctrico en los patrulleros.

"Escuchar durante 6 horas todo lo que ocurre en la ciudad implica un desgaste tremendo -dice Solá-. "Nos están tirando, necesito refuerzos", y uno está en la otra punta, sin poder hacer nada... Ahora, en cambio, cada patrullero escucha sólo lo que corresponde a su circunscripción."

La muerte en cifras

  • 32

    Policías murieron en 2001


    26 cayeron en enfrentamientos armados estando francos de servicio.
  • 15

    Enfrentamientos

    ocurrieron en la Capital Federal. Los otros 17 se registraron en la provincia de Buenos Aires.
  • 31

    Policías

    murieron en enfrentamientos armados durante 2000.
  • (Fuente: Depto. Comunicación Social. policía Federal Argentina)

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