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Venecia renueva el rito de su festival

La prestigiosa muestra internacional de cine comienza hoy; el realizador italiano Nanni Moretti preside el jurado principal La selección del material en competencia revela una especial atención hacia la producción de países no centrales Habrá un León de Oro y un León del Año
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29 de agosto de 2001  

El rito de los festivales tiene algo en común con el de Dyonisos: cada año se repite, y cada vez se cuenta o se vive la misma historia que, sin embargo, nunca es igual a la del año anterior. Esto, que acaso se trate de una condición común a todos los ritos, es corroborable especialmente en los festivales llamados "grandes", en los que el aparato ceremonial acentúa sus codificaciones, por lo que es probable que la Mostra Internazionale del Cinema di Venezia, que hoy abre su edición número 58, no depare mucho más ni mucho menos de lo acontecido en las cincuenta y siete celebraciones anteriores.

Claro que la presencia de Nanni Moretti como presidente del Gran Jurado introduce de entrada un rasgo diferencial, cifrado en cierta justificada inquietud; prestigioso realizador y líder de una corriente de producción, es además el ganador de la más reciente Palma de Oro de Cannes, pero no deja de ser un tipo intransigente, polémico en política, estéticamente "duro" y a veces soberbio y antipático. En cuanto a la calidad de las firmas que compiten, nunca se descarta la súbita aparición de un monstruo comparable a Kurosawa, quien se dio a conocer al mundo occidental precisamente en este certamen, en 1951, con la triunfante "Rashomon"; sin embargo -se sabe-, los milagros no son imposibles... pero sí muy esporádicos.

Lo que ocurre con Venecia, Cannes o Berlín es que hay unas cuantas cosas previsibles y algunas sorpresas, que en unas pocas ocasiones revelan gratamente a un "tapado" pero que la mayor parte de las veces resultan negativas, esto es, una decepción a la hora del veredicto. Es en virtud de tantos filones previsibles que en los días previos a la iniciación del máximo certamen italiano los especialistas han estado arrojando sobre el tapete algunas apuestas. Se da por descontado, por ejemplo, que en esta edición de la mostra uno de los imperativos inflexibles cuando llegue el momento de decidir los laureles será el de no atender a "lo global", es decir, a lo que se impone mediáticamente en los centros de poder. Así, ya en la selección del material en competencia se advierte una consideración especial por films que provienen de países en conflicto o, al menos, no centrales y con culturas alternativas del modo de crear y sentir en Europa. Obras oriundas de Corea, Irán, Macedonia, Irlanda o Albania han conformado un bloque del que, bastante a menudo, surgen los candidatos a trofeos. No sería raro que este año el juego volviera a armarse de la misma manera.

Discusión zanjada

No hay que olvidar que, a partir de esta edición, el León (esto es, el premio mayor) se desdoblará en dos: el León de Oro y el León del Año, el primero para la sección "Venecia 58" y el otro para "Cinema del presente". Este criterio pretende zanjar una cuestión tradicionalmente áspera, al establecer dos categorías o rangos de competencia central. Hasta ahora, en efecto, se daba la situación incómoda de tener que decidir entre una obra mediana de un realizador consagrado, como -por ejemplo- Theo Angelopoulos, y una muy sólida propuesta de -pongamos- un joven argelino casi desconocido. Un organizador de una de las secciones de la mostra señaló el acierto de esta novedad, la de los "dos leones", con una oportuna metáfora: "La decisión del entusiasta Alberto Barbera (el actual director) viene a solucionar un antiguo dilema, ese que a veces ponía a los jurados frente a la engorrosa disyuntiva de tener que decidir si un yogur búlgaro era mejor que cierto tabaco holandés". Esta vez, entonces, aparece este naciente León del Año que será asignado a una de las diecinueve películas que compiten en la sección "Cinema del presente". Entre los jóvenes participantes de este rubro, sin embargo, se cuelan un nombre célebre, Werner Herzog (con su "Invincible"), y un postergado del cine italiano, Giuseppe Bertolucci, el hermano "pobre" de Bernardo, que abrirá la sección con "L´amore probabilmente", un film que -"probabilmente"- será uno de los aspirantes más serios al "leoncito". El jurado de esta flamante y "casi central" sección Cinema del Presente está integrado por críticos: Shigueihiko Hasumi, de Cahiers du Cinéma, de Japón (presidente); Piera Detassis, de la revista Ciak; Emanuel Levy, de Screen International; Gavin Smith, de Film Comment, y Michel Ciment, de la revista francesa Positif.

En esta misma sección comparecerán el argentino Juan Villegas (con "Sábado") y el ítalo-argentino Marco Bechis, esta vez en competencia por Italia pero con una problemática argentina, en la coproducción argentino-peninsular "Hijos/Figli". A propósito de la presentación de este film, la periodista italiana Giuseppina Manin ha demostrado su interés por la joven argentina Julia Sarano, bailarina de formación y debutante absoluta como actriz por la decisión de Bechis de confiarle el rol de una muchacha nacida en confusas circunstancias, detrás de las cuales se esconde el drama de padres desaparecidos.

En cuanto al argentino Juan Villegas, su film "Sábado" no se perfila como favorito en esta sección, pero compite también en otro rubro: el Premio Opera Prima Luigi de Laurentiis, destinado a concursantes de cualquiera de las secciones de la mostra que debuten en la realización. Otra película argentina que aspira al premio de opera prima es "Vagón fumador", de Verónica Chen, incluida en el lote de films seleccionados para la competencia Semana Internacional de la Crítica, que comenzará pasado mañana. El reconocimiento al ganador de esta categoría, que recibirá el León del Futuro -más allá de su poco probable equiparación con quien se lleve el León de Oro-, tiene una ventaja monetaria: va acompañado de 100.000 dólares.

En tren de vaticinar las predilecciones del jurado principal (el que dará el León de Oro), uno de los que reciben más apuestas es el serbio Goran Paskaljevic, quien presenta su reciente "How Harry Became a Tree" ("De cómo Harry se convirtió en árbol"), un relato ambientado en la revulsiva Irlanda, marcado por la lucha y el odio. Un discurso sentimental, vago y un tanto tedioso parece caracterizar a un francés que, no obstante, se viene perfilando como "de culto": Philippe Garrel, que presentará "Sauvage innocence", enrolado en una suerte de post-nouvelle vague. Y se asegura con firmeza que dará mucho que hablar "Behind the Sun", del brasileño Walter Salles ("Estación Central"), ambiciosa coproducción de su país con Suiza y Francia.

Pero, naturalmente, las miradas tratan de desentrañar las intenciones de Nanni Moretti, el presidente del jurado, signado por un karma de dureza e intransigencia y muy proclive -además- al cine más despojado, por lo cual, en caso de que se impusieran sus férreas convicciones, el León de Oro (hay una cláusula, este año, que impide otorgar el premio mayor en términos de ex aequo, es decir, compartido) podría llevárselo un iraní debutante, Babak Payami, quien está ingresando por la puerta grande en la competencia central con su "Raye makhfi" ("El voto secreto"), otra peregrinación interminable por esos áridos territorios ya conocidos en los films de Kiarostami y los Makhmalbaf; esta vez la que deambula es una valiente mujer, encargada de entregar boletas electorales a los pastores y campesinos del interior del país a fin de que cumplimenten con el trámite de las elecciones, una práctica con la que no todos los iraníes parecen familiarizados. Este vaticinio terminante (formulado por el crítico Claudio Carabba en vista de que la sala de Moretti, el Sacher Cinema, se dedica a presentar casi todo el cine iraní que se estrena en Italia) choca con el escollo de que otro iraní, Jafar Panahi, ganó el León de Oro veneciano el año pasado con "El círculo". Pero, sean cuales fueren las objeciones a esta intención, será difícil adivinar el tenor de las discusiones del jurado con su laureado (y duro) presidente: como lo insinúa el cineasta Babak Payami, el voto es secreto.

Con candidata propia

No son frecuentes los favoritismos en materia de intérpretes, pero los italianos cuentan con una candidata que despierta expectativas: Licia Maglietta, que el año pasado saltó a la notoriedad internacional por el formidable éxito que obtuvo "Pan y tulipanes", con el que la actriz se ganó el corazón de incontables espectadores por la sinceridad y sencillez con que asumió el rol protagónico de ese film. Licia ahora reaparece en "Luna rossa", de Antonio Capuano, un film que no acredita chances en la competencia central, pero ella sí. Ocurre que aquí la actriz desafía con un rol tan diametralmente opuesto como puede serlo el de una especie de Clitemnestra del submundo de la mafia, cínica y hasta vulgar.

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