Raúl Candal, un maestro en las barras

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16 de septiembre de 2000  

Desde antes que dejara su brillante carrera como primera figura del Ballet del Teatro Colón, Raúl Candal (de 48 años) ejercía la docencia. En 1994, luego de una despedida memorable con "Eugenio Onegin",tenía en la mente y en el corazón transmitir lo que había aprendido a las futuras generaciones. Quiso devolver lo que había recibido. No todos están dotados para enseñar. Candal tiene el don. Es uno de los más serios y reconocidos formadores del ámbito. Además de tener su propio estudio, comparte el plantel de profesores del que tiene Julio Bocca en el Centro Borges.

Hace poco más de un año, entre ambos surgió la idea de fundar una compañía de estudiantes pertenecientes a esa escuela. Así surgió Sub 16, que desde entonces se presentó en diversas oportunidades. Ahora lo hará mañana, el domingo 24 y el 1º de octubre, a las 17, en el Teatro Maipo. El programa es variado e incluye tanto obras realizadas para el grupo como piezas del repertorio tradicional.

-¿Cuáles son los objetivos de Sub 16?

-El principal, foguear a los chicos desde temprana edad en el escenario. Aspiramos a que tengan acceso a hacer allí lo que aprendieron en las clases. Actúan los que tienen mayores habilidades. Los componentes van de los 10 a los 16 años. Otro de los factores que nos impulsó fue dar training, soltura y experiencia a aquellos que tienen dotes para competir en concursos internacionales. Siempre y cuando tengan el claro objetivo de que desean seguir esta carrera. Desde el vamos se meten en oficio. Aprenden a maquillarse, a estar en contacto con los distintos coreógrafos, con los técnicos y a comportarse en los camarines. En sus mentes se va insertando la responsabilidad de pertenecer a un equipo y la disciplina que implica ser un profesional. Para cualquiera que no ha subido jamás a un escenario ni ha pasado por todo lo que hace Sub16, ir a una competencia o presentarse en una audición es muy difícil. La solvencia que dan las funciones, los ensayos y la comunicación constante con el ámbito teatral significa un gran aliento.

-¿De dónde proviene el nombre del conjunto?

-Julio Bocca tiene su compañía, el Ballet Argentino. En ella hay bailarines de 15 para arriba (aunque no mucho más). Quisimos tener gente de menos años que sea como un semillero y no rivalice con el otro plantel, que de por sí tiene bailarines muy jóvenes. Algunos de Sub 16 ya son parte del Ballet Argentino. Tenemos otras metas. A través de este grupo esperamos captar al público infantil y preadolescente para que se identifique con chicos de su edad. Lo importante es que vayan a ver danza; que no les parezca algo aburrido o que es sólo para adultos. Desde el ángulo que nosotros lo encaramos, el arte se fomenta y difunde tempranamente y aquellos que se interesan, irán a aprender ballet. Lo malo es decir no a algo sólo porque se lo desconoce.

-¿Hay buena afluencia de alumnado?

-En estos momentos está muy duro.Las razones son varias y provienen de problemas económicos hasta la falta de posibilidades para desarrollar en el país algo que exige tanto sacrificio. El estudio de Julio da ocho becas anuales a chicos humildes, porque contempla esta situación. Pero lo que empeora las cosas es que el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón toma muy poca gente. Los que ingresan allí es porque tienen desde pequeños la vocación y el sueño de ser profesionales. Las clases del Instituto no alcanzan si se desea trabajar para ser mejor y llegar al máximo.Hay que ir a otras, a estudios de maestros particulares, como lo hicimos todos los que pasamos por ese lugar. Eran tiempos diferentes. Este año, el Instituto aceptó sólo a nueve principiantes. Estadísticamente, pienso que sólo uno o dos llegaran a egresar después de los ocho años que dura la carrera. De modo que esto genera que haya menos alumnos que van a estudios privados, que en mi época estaban atestados. Y se sabe que actualmente las posibilidades de ingresar en el Ballet Estable son casi nulas.

Fuga de talentos

-En otros tiempos, el ideal era entrar en el Colón. Ahora, hasta lo chicos dicen con total conciencia de lo que pasa que su meta es irse afuera e intentar ser contratados por compañías extranjeras. Me parece terrible porque el Instituto es la escuela oficial y por excelencia de la danza clásica. Siempre salieron de allí grandes bailarines y muchos son los que triunfaron en el plano internacional habiendo estudiado en el Colón. Tenemos elementos maravillosos, pero saben que aquí no tienen chances. Además, los padres y en casos, los alumnos, quieren todo rápido, fast food. La danza no es así. Requiere disciplina, estudio constante, voluntad y amor. No hay cursos intensivos. Claro que hay una ventajas: hoy, sus ídolos son Julio y Paloma Herrera, que llegaron a niveles estelares siendo muy jóvenes. Ellos dan el ejemplo trabajando sin respiro con férrea autoexigencia.

Formadores de arte

Raúl recuerda a los maestros que modularon generación tras generación a los bailarines del teatro al que dedicó su vida: "Cada época tuvo a grandes, como Michael Borowski, María Ruanova, Olga Ferri, Wasil Tupin y tantos otros. En mí fue curioso, porque yo era gimnasta y competía por el club Gimnasia y Esgrima, de modo que no comencé en el ballet desde niño. Sólo a los 16 fui a ver danza y ahí me entusiasmé. Mi primer profesor fue Enrique Lommi, pero debo mi formación al ruso Alexander Minz, una persona y un profesor excepcionales".

-¿Cúáles son tus conceptos como maestro?

-No denostar al alumno y decirle la verdad. Explicarle con seriedad y buena manera los errores a la vez que alentarlo cuando hace algo bien. Creo en el respeto mutuo. Así, he observado que consigo entrega y confianza. Con respecto a la edad para comenzar, opino que el momento es cuando el chico tiene la captación suficiente para bancarse que alguien le enseñe, le imparta disciplina y sepa integrarse a un grupo. Puede ser a los 6, a los 7 o a los 10. Se dan casos de algunos muy pequeños que están absolutamente concentrados, en tanto que otros de 11 siguen jugando. Ahí se ve cuál será la motivación de sus vidas. En cuanto a lo que son mis clases, hago hincapié en las dinámicas, en la manera de realizar los pasos. Sobre esto me basé mucho en la enseñanza de la gimnasia. A la vez, me interesa el manejo fino de la velocidad de los pies y el trabajo de la elongación. Más que nada, el movimiento no es sólo un ejercicio sino que debe tener un contenido. El clásico es la rigurosa base, pero los alumnos son preparados para estar abiertos a todas las tendencias que requieren los coreógrafos actuales.

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