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Demiddi, una historia de gloria y frustraciones

"Mi carrera fue bastante desgraciada", dice el ganador de la medalla de bronce en México 68 y la de plata en Munich 72.
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18 de septiembre de 2000  

Buenos Aires 11 de abril de 1944. Acaba de nacer Alberto Demiddi, uno de los mejores atletas argentinos de la historia, fruto del amor entre Alberto y Sara Gabay, italiano él y rusa ella. Un terremoto ya provocó 7000 muertos y 12.000 heridos en San Juan; la Argentina, gobernada por el general Pedro Ramírez y único país americano neutral en la Segunda Guerra Mundial, ya rompió relaciones con el Eje. El flamante secretario de Trabajo y Previsión, coronel Juan Domingo Perón, de 48 años, ya conoció a Eva Duarte, de 24, en un festival benéfico para las víctimas sanjuaninas, realizado en el Luna Park.

"Papá vino rajando desde Italia, antes de la guerra. Empezó laburando en un balneario, en Mar del Plata. Conoció a mamá en Buenos Aires. Ella vino a los 3 años, la misma edad que yo tenía cuando Newell´s Old Boys le ofreció a papá ser entrenador de natación y nos fuimos a Rosario. Me pasaba todo el día en el agua. Empecé jugando al waterpolo, un deporte odiado por mi viejo", recuerda Dimiddi, de 56 años y padre de cinco varones: Alberto (27), Alejandro (24), Andrés (18), Alexis (17) y Alvaro (12).

Nadó en cadetes y llegó a ser 5º en el ranking nacional que encabezaba Luis Alberto Nicolao, pero se alejó de las piletas. "Dejé a los 16 años, una tarde que papá me descubrió con un pucho en la mano. Casi me mata. No nos dimos bola durante mucho tiempo. Yo era jod... y mi viejo fajaba sin broma. A los 28 años me entero por mamá que papá había viajado a Europa para ver la final de los Juegos de Munich. Compró su ticket pero no entró, porque tenía miedo de darme mala suerte." En 1960 el revoltoso Albertito seguía en el colegio Dante Alighieri. Su padre tuvo un altercado con Newell´s y se fue al Club de Regatas Rosario, presidido por Napoleón Sivieri, cuya hija, Silvia (53), sería años después la esposa de este emblema del remo. "Un día Napoleón le preguntó a mi papá: ¿dónde está ese vago grandote que tiene buen físico para remar? Y así comencé." Ganó su primera regata en un ocho, pero... "Quería el single. Le pedí permiso a Mario Robert (su técnico). Cana (Robert era policía) primero se rió, pero aceptó." Tan estricto como su padre biológico fue su padre deportivo, quien, aún hoy, a los 83 años, no lo tutea. "Era hiriente. No había un término medio con él: o ibas para adelante o te mandabas a mudar y llegabas a la conclusión de que el remo no era para vos. Si hubiera sido distinto, no hubiese conseguido tan buenos resultados." Su desilusión más grande fue no haber ganado la medalla dorada en los Juegos de Munich 72. "Un golpe muy duro. Era campeón argentino, sudamericano, panamericano, europeo, mundial... me quedaba una sola, una sola me quedaba. Cuando el alemán oriental Gueldenpfenning se acercó para saludarme y me dijo Tú debiste haber ganado, me dieron ganas de llorar..." De nada le sirvieron sus amuletos de siempre (medias rojas y una cadenita de Rómulo y Remo, amamantados por la loba, que le regalaron sus padres).

"Me molestaba demasiado perder. Nunca disfruté mucho de los triunfos. En ese sentido, mi carrera deportiva fue bastante desgraciada. Fue herencia de papá. Es más fácil perder y preguntarse: ¡qué fue lo que me pasó!, pero esas cosas suelen olvidarse cuando uno gana. Con mis remeros llegamos a un término medio (dirigió al Club de Regatas La Marina desde 1974 hasta noviembre último): siempre pretendí que se sintieran conformes con el esfuerzo realizado y pudieran dormir tranquilos."

¿Su mayor alegría? "Llegar a pensar... (cierra los ojos y se sumerge en un profundo silencio) que era el hombre fuerte de Rosario. Haber creído que representaba algo y que había podía salir del anonimato al que está condenada la mayoría de la gente. Me preocupaba la idea de ser un intrascendente... No hace muchos años, cuando caminaba por Rosario, alguien me paró por la calle y le preguntó al hijo: ¿sabés quién es este hombre? (se emociona). En este momento (un cáncer de estómago lo aqueja), que reconozco haber sido muy jod... y haber tratado pésimamente a muchas personas, no entiendo la preocupación de la gente, pero, a su vez, me da una alegría tremenda. Llego a la conclusión de que son manifestaciones de cariño sinceras, que no sé cómo mi... las generé. En serio, me sorprende haber dejado una marca tan fuerte."

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