Alumni: un campeón con el sacrificio como principal aliado

El equipo de Tortuguitas venció al CASI 16-13 y ganó el título por 5ª vez; un penal de Van der Ghote, cerca del final, le dio el triunfo
Diego Mazzei
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16 de septiembre de 2001  

Tal vez por lo esforzado, por lo trabajoso que resultó el triunfo por 16 a 13, Alumni eleve como símbolo al sacrificio la victoria que desplegó el pentacampeonato sobre San Isidro, frente al CASI, al que no le quedó otra que ser huésped de la algarabía ajena. Por quinta vez, Alumni pudo disfrutar de una vuelta olímpica y llegó con la voluntad y el tesón, como argumentos principales.

Demasiada ansiedad había en el conjunto visitante y eso desdibujó su juego. Encima, este CASI alicaído, irregular, tan distinto al de la última temporada, acompañó para que el primer período no levante vuelo. Es verdad, el conjunto de San Isidro maniató muy bien a las dos armas letales que tiene Alumni por los costados: Schacht y Alsogaray. Aunque este último, a pura potencia, se las arregló para hacer algunos desbarajustes en la defensa local.

López Naguil había puesto arriba al CASI con un penal y había fallado otro sobre la media hora. Alumni, que no había aprovechado la superioridad numérica en el segundo cuarto de hora (Storey había sido amonestado), ahora tenía el control, aunque sin abrumar.

Hasta que finalizó el letargo. Bianchi jugó un penal rápido, ganó muchos metros y desacomodó a la defensa del CASI. Los backs de Alumni se desplegaron con gran velocidad, la pelota pasó por Krebs y Alsogaray a punto estuvo de apoyar. Pero Matías Lamas limpió el ruck y, con algo de ayuda, llegó al try.

El CASI recobró el poder tras el descanso y golpeó duro de entrada. Rupa Travaglini, inagotable en el tackle, solidario como pocos, consiguió su try. Fue luego de un line robado por Sanz y una buena asistencia de Mendivil.

Alumni lucía desorientado. Para colmo, López Naguil acertó otro penal, Van der Ghote desvió uno y Picchio tuvo que penar diez minutos afuera por un golpe a Phelan. Ya todos pensaban en que la pileta, tan característica para albergar a los campeones, no se abriría para Alumni.

Contra los pronósticos y con un jugador menos, cuando Picchio apenas había dejado la cancha, empezó la resurrección del campeón. Misson escapó y juntó tres hombres, acompañaron los grandotes y Romero Vagni le sirvió el try a Neyra.

No paró Alumni, que aún estaba tres puntos abajo. Avanzó al territorio rival y no dejó salir al CASI. Redobló el empuje con sus pilares, y cada entrada de Bianchi (la figura), Alsogaray y Misson ofrecía trabajo extra a la empresa de tackles liderada por Travaglini y Phelan.

Se defendía bien el CASI. Hasta que un error infantil le abrió a Alumni las puertas del título. Mendivil no dejó jugar rápido un penal a Picchio y Lamastra ordenó diez metros más. Ubicación que animó a Van der Ghote para probar a los palos... Y no falló.

Alguien ordenó despejar el trayecto a la piscina. Los rugbiers de rojo y blanco se encaminaron al chapuzón. "Pentacampeón", fue el término más escuchado. Alumni vivía su momento más esperado. Después de nueve años.

Un chapuzón no planificado

Se arrimó al borde la pileta y antes de zambullirse les mostró a sus dirigidos un pequeño munequito amarillo. El entrenador Hernán Ballatore no se olvidó de las "famosas" Tortugas Ninja, amuleto inseparable de la generación tetracampeona (del 89 al 92). Y luego de su nuevo chapuzón, ahora como conductor junto con Normando Ferrari, Walter Montagner y Diego Gómez, el ex primera línea dijo: "Este es un grupo consolidado, tal vez no tuvo el juego tan vistoso como, por ejemplo Hindú, pero desde abajo se armó un plantel espectacular. Fue una sorpresa llegar hasta acá, pero creo que se dio porque los jugadores tuvieron vergüenza de la mal que les fue el año pasado y ahora se dedicaron a hacer lo que saben, que es entrenarse y tratar de jugar con la mejor solidez posible".

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