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Pablo Cuba: con sus goles, le devolvió la sonrisa a Talleres

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19 de octubre de 2001  

CORDOBA.- Respuestas cortas y piques largos para Pablo Cuba , que hace poco más de una semana cumplió 22 años. Es morocho, medio petiso, y con sus tres goles a Peñarol en el legendario estadio Centenario de Montevideo, nada menos, le devolvió anteanoche un poco de la alegría perdida a la hinchada de Talleres, que se clasificó para los cuartos de final de la Copa Mercosur (jugará con Gremio). Además, claro, de conseguir un poco de oxígeno para sus compañeros y los dirigentes, que notaban cómo de a poco se desinflaba la envergadura de un equipo de muy buena campaña en la última temporada.

Cuba describe en sus movimientos y en sus palabras la historia neta de un goleador. Desde chico tuvo que pelear cara a cara para enderezar un destino esquivo y hasta a veces inalcanzable.

Es que todo le costó mucho: "Cada entrenador que llegaba al club traía tres o cuatro delanteros. En los últimos tiempos trajeron a Luis Rueda, Sebastián Flores Coronel, José Luis Marzo; se fue él y volvió el "Cachi" Zelaya, y acá estaba Rodrigo Astudillo. Siempre fui el quinto o sexto delantero de Talleres", recordó.

Pero Pablo, que admite ser cabeza dura y vago para los estudios -está terminando el secundario en un Centro de Educación a Distancia-, también se reconoce cabeza dura para perseverar en lo que le gusta. Y el fútbol, para él, parece ser todo.

"En mi primera etapa en Talleres jugué dos partidos cuando el club estaba en primera, y 14 en el Nacional B. Después me cedieron a Tigre, donde estuve un año y después regresé a Talleres. A pesar de todo, sabía que en algún momento se me tenía que dar si yo no aflojaba", dijo.

El devenir le pronosticaba incertidumbre. ¿Cuál iba a ser su futuro? "En un momento pensé que no iba a jugar más en Talleres. Que si conseguía sobresalir en algún equipo no iba a ser aquí. Y para poder continuar luchando tuvo mucho que ver mi viejo, Carlos Alberto, que me habló y me bancó siempre", señaló Cuba con orgullo.

Y fue paciente, esperando el brillo del sol. "Me acuerdo cuando J. J. López (ahora DT de Rosario Central) me dijo que iba a ser titular. Fue un par de horas antes del un partido contra River, en el estadio Córdoba, que finalmente ganamos 3 a 1. Estábamos en la charla técnica. Cuando me dio la novedad comencé a transpirar y el corazón me latía como loco. Llovía mucho; hice dos goles y me empezó a cambiar la vida", dice todavía con un dejo de incredulidad.

Asegura que es muy apegado a los suyos. "Tengo una familia muy unida", dice, y no duda en destacar que su padre lo aconseja en estos momentos mediáticos. "Me dice que conserve los pies sobre la tierra, que no se me suban los humos a la cabeza".

Cuba admira a Maradona, elogia a Diego Forlán, a Gabriel Batistuta y sueña como todo futbolista con jugar en el seleccionado. "Pero me falta aprender un montón para lograrlo", admitió.

-¿Los tres goles en el Centenario tuvieron más valor que los que le hiciste a River?

-Fue un momento muy lindo; quizá tanto o más que el que viví frente a River. Fue porque veníamos mal y nos ha permitido para levantar cabeza.

-¿Y esta victoria puede servirle de despegue a Talleres?

-Ojalá. No es poco lo que conseguimos en la Mercosur. Terminamos punteros e invictos en el grupo. Y antes de empezar el torneo nos daban como los candidatos a quedar eliminados. Nos falta ganar puntos en el Apertura. Talleres no puede estar donde está (último con un punto). Si le ganamos a Boca el domingo, sumado a la victoria frente a Peñarol, el ánimo será otro. Sin dudas.

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