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Ubaldini no se arrepiente de los 13 paros al ex presidente

Dijo que Alfonsín había admitido los errores de su gobierno
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19 de octubre de 2001  

Uno de los reencuentros más esperados en la histórica sede de Azopardo 802 fue el que protagonizaron Raúl Alfonsín con el ex secretario general de la CGT, Saúl Ubaldini, diputado reelecto en la lista justicialista que encabezó Eduardo Duhalde.

Nadie olvida las diferencias entre ellos ni los 13 paros generales que Ubaldini le hizo al ex presidente radical durante su gestión entre 1983 y 1989.

La expectativa por la visita de Alfonsín a la sede de la CGT después de casi 15 años no sólo se vio despejada por las coincidencias en torno de las críticas al programa económico, sino por los abrazos que ambos protagonistas de viejas y pasadas rencillas se dieron tanto al ingresar en el salón de reuniones de la central obrera como al despedirse.

La cordialidad en la reunión fue tal que cuando en un momento se aludió el número 13, Moyano dijo: "No digan esa cifra que para el doctor Alfonsín es un mal recuerdo".

Alfonsín respondió con una sonrisa: "Está todo bien, muchachos. Son cosas de la democracia".

La última vez que Alfonsín concurrió al edificio de la central obrera fue en diciembre de 1986, precisamente cuando Ubaldini asumió la conducción unificada de la CGT. Hasta entonces, el dirigente cervecero conducía la CGT Brasil (combativa) y dirigentes como Jorge Triaca y Ramón Baldassini, la Azopardo (dialoguista).

El encuentro de LA NACION con Ubaldini generó una inevitable pregunta.

-De haber sabido que Alfonsín era tan permeable a las necesidades gremiales, ¿usted le hubiese hecho 13 huelgas?

-No me arrepiento. Aparte -amortiguó la respuesta-, el propio Alfonsín admitió que al principio de su gobierno se equivocó de política.

Sin embargo, no dejó de expresar "admiración" por el ex presidente ni de elogiar su postura respecto de Cavallo: "Habla nuestro mismo idioma", dijo, y agregó: "Alfonsín se expresa con grandeza y por eso es tremendamente respetado en la política".

Ministros y huelgas

La política supuestamente equivocada que aplicó Alfonsín, según juzgó Ubaldini, se refiere al intento del gobierno radical que él encabezó, desde que asumió en diciembre de 1983, en conseguir la sanción de la ley de reordenamiento sindical.

Esta herramienta buscaba la democratización gremial, el cambio de la ley de asociaciones sindicales y permitir que los estatutos de las organizaciones gremiales brindaran mayores posibilidades a las minorías en las elecciones, de modo que no tuvieran obstáculos en presentar listas.

El primer ministro de Trabajo de Alfonsín, Antonio Mucci, fue el encargado de llevar a la práctica esa ofensiva. Pero no sólo el sindicalismo fue un duro opositor. El Senado, con mayoría peronista, rechazó tiempo después cualquier posibilidad de cambio. Mucci duró solamente cuatro meses en su cargo, hasta abril de 1984.

Lo sucedió un dialoguista: Juan Manuel Casella, que había sido elegido diputado nacional. Ejerció su función hasta octubre. Un mes antes de irse, la CGT le había hecho el primer paro. Fue por 24 horas el 3 de septiembre para reclamar un aumento salarial.

Entre octubre de 1984 y marzo de 1987 el ministro de Trabajo fue Hugo Barrionuevo, gremialista y secretario general del sindicato fideero hasta 1983. Recibió siete paros.

Desde febrero a septiembre de 1987 el titular de la cartera laboral fue el secretario general de la Federación de Luz y Fuerza, Carlos Alderete. Fue el momento de mejor relación del gobierno con el sindicalismo, que no le hizo en ese lapso ninguna huelga.

Lo sucedió Ideler Tonelli hasta julio de 1989 y soportó cinco huelgas.

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