La primera ópera de Boero se ofreció en forma de concierto

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23 de octubre de 2001  

Opera "Tucumán", de Felipe Boero, con libreto de Leopoldo Díaz, en versión de concierto. Orquesta Sinfónica Nacional con la dirección de Carlos Calleja. Solistas: Patricia González (soprano), Christian Casaccio (tenor), Federico Sanguinetti Pietrafesa (barítono), Mirko Tomas (bajo-barítono). Coro Polifónico Nacional, preparado por Carlos López Puccio. En la basílica de Nuestra Señora de la Merced.

Nuestra opinión: muy bueno.

Una vez más se hizo sentir la precaria situación por la que atraviesa la Orquesta Sinfónica Nacional al no poseer Buenos Aires una sala de conciertos adecuada para la música, que pueda constituirse en sede permanente para la agrupación para la mayor parte de su actividad, por tratarse de un organismo cuyas actuaciones deberían realizarse en todo el territorio del país.

Primero hubo una demora porque el templo fue habilitado tarde para armar el marco donde ubicar a músicos y cantantes. Luego se tropezó con la condición acústica característica de las iglesias en su gran mayoría, y por fin con un grupo de cantantes meritorios por su musicalidad y entrega, pero superados en algunos pasajes por las exigencias impuestas por el autor con un canto de bravura.

Porque "Tucumán" es una partitura que deja escuchar sólo en algunos pasajes una expresión que identifique la atmósfera plácida de nuestra tierra y sí, en cambio, la influencia del estilo italiano de la ópera de fines del XIX, con fuertes pinceladas del verismo e incluso de autores posteriores.

Un detalle que justificó plenamente, en el estreno de 1818, en el Teatro Colón, que actuaran voces privilegiadas como las de la soprano Hina Spani, en el personaje de Mariana; el barítono Marcelo Urizar, como Coronel Aráoz; el tenor Aureliano Pértile, encarnando a Fernando, y el barítono Mariano Stábile, como Don Alfonso de Castro.

De todos modos fue reconfortante el esfuerzo realizado, porque más allá de esas circunstancias, el cuarteto de solistas vocales, el Coro Polifónico, preparado con la idoneidad profesional de Carlos López Puccio, y la Nacional cumplieron con dignidad su cometido.

Excelencia del director

Para ello se contó con la eficacia de Carlos Calleja, un concertador musical de primer nivel, no sólo por sus condiciones artísticas, sino también por su manifiesta dedicación para dirigir el repertorio lírico de autores nacionales prestigiosos y a la vez olvidados, especialidad que abordó con éxito en anteriores oportunidades.

Si bien es cierto que la obra presenta un canto expansivo acompañado por una orquestación por momentos ampulosa y efectista, los solistas lucieron un alto grado de entrega y seriedad para el logro de una versión sumamente decorosa, porque Patricia González, de voz grata, cristalina y bien matizada de segura musicalidad, al igual que el tenor Christian Casaccio y los barítonos Federico Sanguinetti y Mirko Tomas, jóvenes cantantes que progresan.

Así como debe considerarse un aporte cultural significativo el rescate de las obras nacionales del pasado para ser conocidas y evaluadas en su justa dimensión, también hay que señalar que fue una sorpresa haber entendido sólo alguna que otra palabra del texto cantado, obviamente en nuestro idioma, aspecto que como también ocurrió con las partes corales, es atribuible a esa especial condición del sonido en los templos, donde todo se empasta y superpone. Esta característica, en algunos casos de la música sacra, es beneficiosa porque provoca un efecto de grandeza celestial, pero no ocurre lo mismo en una ópera donde existe una acción argumental.

Historia argentina

Precisamente esa acción transcurre en una plaza de la ciudad de Tucumán. Amanece y las campanas suenan a arrebato provocando en los habitantes temor ante la amenaza de ser atacados por las fuerzas realistas del general Tristán. Por orden de la Junta, el general Manuel Belgrano ha debido dejar Tucumán, pero el pueblo está dispuesto a luchar contra el ejercito español. Este primer momento de la composición da lugar a un segmento de muy rica sonoridad instrumental y un canto coral de gran expansión.

La muchedumbre ocupa la plaza y allí escucha al coronel Aráoz, gobernador de la ciudad, anunciar que el general Belgrano no ha acatado las órdenes de la Junta y ha salido al encuentro del ejercito de Tristán. Entonces el barítono desarrolla su arenga.

También "Tucumán" contiene el gran dúo, una parte de gran lirismo a cargo de la soprano y el tenor. Fernando, un joven criollo, declara que está dispuesto a dar la vida en favor de la libertad y antes de incorporarse al ejército patriota se despide de Mariana, su prometida, hija del hidalgo español Don Alfonso de Castro. Llega a la plaza deteniéndose frente a la ventana de la joven, que no tarde en unirse a él.

La voz baritonal aparece en un tercer sector de la partitura, cuando los enamorados, ausentes de todo cuanto los rodea, no han advertido la llegada de Don Alfonso, que increpa al muchacho conminándolo a que se presente en las trincheras, al tiempo que recuerda a su hija su origen, que por sus venas corre sangre castellana y que su casta no debe unirse a los rebeldes al Rey.

Final vibrante

En un final entre heroico y poético se desarrolla la última parte. La victoria es del ejército revolucionario, y el triunfo es celebrado por la población, que lleva en andas a la Virgen de las Mercedes, a la que Manuel Belgrano ofrendó su espada en vísperas de la batalla. La procesión avanza. Los vencedores y Fernando, herido, llegan a la plaza rodeados por el pueblo.

Mariana (en los últimos tramos la expresividad del canto de Patricia González fue muy cautivante) sostiene a su amado moribundo, que ha seguido al patriota criollo en su cruzada libertadora. Pero nada puede hacerse y muere en sus brazos en medio de la desesperación de la joven. El final de "Tucumán", de Boero, es sumamente delicado e inspirado.

El público se manifestó receptivo y presumiblemente muy impresionado por la grandeza del sonido en tan valiosa experiencia, y brindó un cálido aplauso.

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