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Enfermos peregrinaron al santuario de Luján

Jorge Rouillon
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28 de octubre de 2001  

Se realizó ayer la 55a. peregrinación de enfermos al santuario de Luján, donde 1100 personas afectadas de distintas dolencias participaron de una misa, y luego del almuerzo recibieron la bendición con el Santísimo Sacramento, que impartió monseñor Roberto Lella, de la pastoral de la salud.

Muchos voluntarios -cientos- acompañaron a los enfermos en sus autos particulares o en ómnibus. Así, Nicolás Bustillo, de 23 años, estudiante de Economía Agraria de la UBA, acompañó cantando con su guitarra en el viaje en ómnibus a los ancianos de un instituto geriátrico de Vicente López. Inés Ferrari, farmacéutica, que vive en Beccar y trabaja en Wilde, llevó en su auto a María Luisa, una señora afectada de esclerosis múltiple, y a Delma, que debe usar dos bastones para caminar y vive en la Obra de Monseñor De Andrea. Dos de las cinco hijas de Inés también actuaron como voluntarias, con otros jóvenes de su edad, que protegían con paraguas a los peregrinos que se acercaban al santuario bajo una intensa lluvia o servían la comida.

En la basílica ayudaron también a los enfermos, luciendo casacas de la Orden de Malta, su embajador, Antonio Caselli; el presidente de la Asociación de Caballeros, el abogado Rodolfo Buttini, y otros miembros de esa organización de origen militar y hospitalario. Una voluntaria del Hospital San Juan de Dios, de Hurlingham, Haydée Alonso, sonriente y animosa, dijo que colabora en esa peregrinación desde hace 18 años. "Vengo a darles alegría a los enfermos y encuentro que ellos me la dan a mí", comentó. Muchos iban en sillas de ruedas y algunos, en camilla. Horacio Casabal comentó que viene desde 1974. Aquel año, al volver, a su auto lo chocó un camión y él fue el único que sobrevivió.

El padre Adolfo Uriona, de Don Orione, animó a descubrir el valor de ofrecer el dolor por amor a Dios.

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