Eligen consejeros en las islas Malvinas

Los candidatos para los comicios de pasado mañana tienen posiciones duras
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20 de noviembre de 2001  

En las elecciones de consejeros legislativos de las islas Malvinas, previstas para pasado mañana, prevalece la idea de conversar con la Argentina sobre asuntos de beneficio mutuo, no de soberanía.

Sobre esa idea, abrazada por unos, resistida por otros, gira la campaña de 18 candidatos para las ocho bancas del Consejo Legislativo de las Falkland Islands, según la agencia de noticias uruguaya Mercopress, dirigida por Gustavo Meikle.

En discusión también está el resultado de la declaración rubricada el 14 de julio de 1999, por la cual los argentinos pudieron volver a las islas después de 17 años de veda como consecuencia de la guerra de 1982. Con pasaporte, como si fuera Europa, en vuelos de bandera chilena.

En aquella ocasión, en un viaje inaugural de periodistas, hubo incidentes y agravios aislados contra los argies (argentinos).

"Lo que ha sido hecho no se puede desandar -dijo Philp Miller, productor rural, uno de los organizadores de aquella protesta, ahora candidato-. Debemos asegurarnos de que los argentinos mantengan su parte del acuerdo. Debe hacerse todo el esfuerzo posible para educar y enseñar a la Argentina que este país es británico y que tenemos el derecho de autodeterminar nuestro futuro."

Algunos candidatos cuestionan el rédito de la declaración en sí mientras otros no oponen objeciones, pero, en general, prima el rechazo a ir más allá.

Entre ellos, Ian Hansen, productor rural de la isla occidental, dijo en público: "Probablemente sea beneficioso para nosotros conversar con otros países, incluyendo la Argentina, particularmente sobre el tema de la conservación. Sin embargo, estoy en contra de cualquier forma de vínculo comercial o marítimo con la Argentina hasta tanto no renuncie a su falso reclamo sobre las islas".

Mutuo beneficio

Otros, más conciliadores, como la hotelera June Besley-Clark, candidata a consejera por tercera vez, dijo: "Necesitamos hablar (con la Argentina) sobre temas de mutuo beneficio. En cuanto a dónde nos dirigimos en el tema de la soberanía, corre por cuenta del pueblo decidirlo".

El tono no varía, pero existe la certeza, al menos, de que un repliegue es prácticamente imposible.

Prima la cautela. Como en Londres, donde funcionarios del Foreign Office, consultados por LA NACION, reprobaron toda posibilidad de llevar a la mesa la cuestión de la soberanía. "Sólo acuerdos comerciales, en tanto sean provechosos para los isleños", dijo uno de ellos.

Casi al mismo tiempo, en Nueva York, Fernando de la Rúa recordó que el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas aconseja vanamente, cada año, que el Reino Unido acepte entablar negociaciones con la Argentina sobre la soberanía.

Tema tabú de un lado de la mesa. O, en realidad, de las dos en una puja a tres bandas.

En las elecciones de consejeros de las islas Malvinas, previstas para el jueves próximo, prevalece la idea de conversar con la Argentina sobre asuntos de beneficio mutuo, no sobre la soberanía. Sobre esa idea, abrazada por unos, resistida por otros, gira la campaña de 18 candidatos para las ocho bancas del Consejo Legislativo de las Falkland Islands, según la agencia de noticias uruguaya Mercopress, dirigida por Gustavo Meikle.

En discusión también está el resultado de la declaración rubricada el 14 de julio de 1999, por la cual los argentinos pudieron volver a las islas después de 17 años de veda como consecuencia de la guerra de 1982. Con pasaporte, como si fuera Europa, en vuelos de bandera chilena.

En aquella ocasión, en un viaje inaugural de periodistas, hubo incidentes y agravios aislados contra los argies (argentinos).

"Lo que ha sido hecho no se puede desandar –dijo Philp Miller, productor rural, uno de los organizadores de aquella protesta, ahora candidato–. Debemos asegurarnos de que los argentinos mantengan su parte del acuerdo. Debe hacerse todo el esfuerzo posible para educar y enseñar a la Argentina que este país es británico y que tenemos el derecho de autodeterminar nuestro futuro."

Cuestionamientos

Algunos candidatos cuestionan el rédito de la declaración en sí mientras otros no oponen objeciones, pero, en general, prima el rechazo a ir más allá. Entre ellos, Ian Hansen, productor rural de la isla occidental, dijo en público: "Probablemente sea beneficioso para nosotros conversar con otros países, incluyendo la Argentina, particularmente sobre el tema de la conservación. Sin embargo, estoy en contra de cualquier forma de vínculo comercial o marítimo con la Argentina hasta tanto no renuncie a su falso reclamo sobre las islas".

Otros, más conciliadores, como la hotelera June Besley-Clark, candidata a consejera por tercera vez, dijo: "Necesitamos hablar (con la Argentina) sobre temas de mutuo beneficio. En cuanto a dónde nos dirigirnos en el tema de la soberanía, corre por cuenta del pueblo decidirlo".

El tono no varía, pero existe la certeza, al menos, de que un repliegue es prácticamente imposible. Prima la cautela. Como en Londres, donde funcionarios del Foreign Office, consultados por LA NACION, reprobaron toda posibilidad de llevar a la mesa la cuestión de la soberanía. "Sólo acuerdos comerciales, en tanto sean provechosos para los isleños", dijo uno de ellos.

Casi al mismo tiempo, en Nueva York, Ferando de la Rúa recordó que el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas aconseja vanamente, cada año, que el Reino Unido acepte entablar negociaciones con la Argentina sobre la soberanía. Tema tabú de un lado de la mesa. O, en realidad, de dos las en un puja a tres bandas.

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