Un funcionario poco convencional

Aliviado por dejar de ser el nexo cotidiano del Presidente con el periodismo, reniega de la política tradicional
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2 de octubre de 2000  

El principal protagonista de la historia asegura que se siente "bárbaro" por no tener más a su cargo una tarea que lo tenía "desbordado".

Darío Lopérfido, el joven delgadísimo que nació en el barrio de Villa Urquiza hace 36 años, se muestra "aliviado". El viernes último, el presidente Fernando de la Rúa comunicó que desde entonces uno de sus secretarios privados, Ricardo Ostuni, se transformaría en el "nexo" con los periodistas.

"Por favor, no digan que estoy deprimido. Pensar que una cosa así me afecta anímicamente es creer que soy un político convencional", se lo escuchó repetir al secretario de Cultura y Comunicación en los últimos días, un confeso "compulsivo y fanático hincha de River".

Lopérfido no terminó la escuela secundaria. Sin embargo, gracias a una ley, por ser mayor de 30, rindió un examen y estudia Derecho en la Universidad de Palermo.

La historia cuenta que el 24 de marzo de 1976, el día en el que se produjo el último golpe militar en la Argentina, Angel Lopérfido, su padre, fue despedido del diario La Razón, en el que era delegado gremial del sindicato de los gráficos.

La llegada de la dictadura representó para la familia Lopérfido un período de dificultad económica. Darío abandonó el secundario y empezó a trabajar. Tuvo entonces la primera aproximación a una actividad que le depararía grandes satisfacciones: la publicidad. Tenía 16 años cuando ingresó en una agencia publicitaria como cadete.

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Lejos de aquel joven de pelo larguísimo (el servicio militar lo obligó en 1983 a cambiar de look ), el actual funcionario usa hoy el cabello corto y viste elegantes trajes. Maneja su propio automóvil VW Gol, color gris, y a pesar de que cobra un sueldo de algo más de $ 7000 alquila una casa en Dorrego y Honduras, en la cual comparte sus días con la guitarrista María Gabriela Epumer, integrante de la banda de rock de Charly García y descendiente de indígenas.

Dice que ahora está buscando un crédito hipotecario, que en su cuenta bancaria no tiene "más de 3000 pesos" y se jacta de haber sido el primer integrante de la Alianza en participar en "Sábado Bus", el programa televisivo que conduce Nicolás Repetto los sábados por la noche.

"No me importa lo que pueda decir algún dinosaurio (en referencia a los viejos políticos del partido). Es un programa que tiene cuatro millones de espectadores y no ir sería pensar que esa gente es tarada", explica.

Todo parece formar parte de su estrategia para mostrar que no es un político tradicional y que no le interesa "hacer carrera política".

"Yo no doy peleas (internas), trabajo para el Presidente y me voy a casa. Terminé mi gestión municipal con el 72 por ciento de imagen positiva y precisamente es mi capacidad de gestión lo que le gusta a De la Rúa", comenta.

Dice que aceptó un cargo público por dos razones: adhesión personal y política a De la Rúa y el convencimiento de que está haciendo "cosas que servirán para mejorar la vida de los argentinos".

Entre los mitos que pretende desterrar figura el que hace alusión al nombre con el que la revista Noticias bautizó al grupo que integra y que es comandado por el hijo mayor de De la Rúa, Antonio.

"Ni siquiera me gusta el sushi (un plato japonés que consiste en pescado crudo)", responde cuando le preguntan sobre la denominación del clan (Grupo sushi) en el que figuran varios de los funcionarios de segunda línea de la actual administración (Darío Richarte, Lautaro García Batallán y Andrés Delich, entre otros) y que aseguran cuenta con el padrinazgo protector del jefe de la SIDE, Fernando de Santibañes.

Los jóvenes, que no superan los 40 años, estiman que la denominación es peyorativa y que pretende reflejar la imagen de chicos frívolos que rinden culto al marketing y poco saben de política. "El establishment partidario se encargó de reproducir la denominación", agregan.

Algunos de los integrantes admiten que el Grupo sushi "está golpeado" y que los representantes de "la vieja política" tuvieron mucho que ver con el alejamiento de Lopérfido y la desvinculación del oficialismo del publicista Ramiro Agulla, creador del aviso "Dicen que soy aburrido". Defienden a Lopérfido cuando arguyen que más que falencias en el modo de comunicar hay "falta de iniciativa en la gestión", y agregan que el grupo sólo podrá seguir existiendo "si De la Rúa quiere, porque el grupo es de él y para él".

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El propio secretario de Cultura y Comunicación defiende su tarea: "La comunicación del Gobierno es obra de todo el Gobierno y no de un funcionario". "Creo mucho en la efectividad de la publicidad y no tenemos recursos para eso. El año último se dispusieron 65 millones para eso, y en lo que va de este sólo $ 3 millones", agregó.

En la vereda de enfrente, los delarruistas más viejos, que vieron perder su influencia sobre el Presidente a manos de los "sushi", empiezan a pasar facturas.

"Los mismos que hicieron un aviso publicitario diciendo que acá se acababa la fiesta para unos pocos son los que ahora aparecen manejando un Jaguar y se pasean por el mundo tomando champagne con el jet set", comentó refunfuñando un dirigente delarruista que no termina de aceptar el estilo "sushi".

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