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Fue presentado ayer el libro póstumo de Germán Sopeña

En el acto lanzaron la fundación que lleva su nombre y continuará sus ideales
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28 de noviembre de 2001  

En el Museo de Arte Latinoamericano (Malba) fue presentado el libro póstumo de Germán Sopeña, que fue secretario general de Redacción de LA NACION.

Se trata de "Monseñor Patagonia. Vida y viajes de Alberto De Agostini, el sacerdote salesiano y explorador", que Sopeña estaba escribiendo cuando falleció en un viaje al Sur en el cual iba a rendir homenaje al perito Francisco Moreno.

Los ingresos que genere la venta del libro serán destinados a la Fundación Germán Sopeña, que promoverá el ejercicio de un periodismo ético, constructivo e independiente, y el análisis de los problemas argentinos, en especial, los de la Patagonia.

El lanzamiento de la fundación que lleva el nombre del ilustre periodista fallecido fue realizado en el acto de presentación del libro por su esposa, Patricia Morgan de Sopeña, que preside la entidad y fue acompañada por su hija menor, Julieta.

El subdirector de LA NACION, José Claudio Escribano, se refirió al autor y su obra, y subrayó el carácter "profundamente argentino" del acto de presentación.

Asistieron, entre otros, el director de LA NACION, Bartolomé Mitre, y su esposa, Nequi Galotti; la señora Matilde Noble Mitre de Saguier, directivos y redactores del diario; Gloria Sopeña de Agüero, hermana del periodista, con su esposo, Eduardo Agüero, y sus hijos Rodrigo y Sofía, y numerosos amigos de Sopeña.

Estuvieron Raúl Burzaco, Juan José Güiraldes, Natalio Botana, Roberto Guareschi, Mariano Grondona, Magdalena Ruiz Guiñazú, Fernando Masjuan, Natalio Botana, Germán Pollitzer, Teodoro Brea, Enrique Oliva, Mario O´Donnell, Juan Carlos Casas, Horacio de Dios, Fanny Mandelbaum, Marta Gallardo (directora de la editorial El Elefante Blanco, que publicó el libro) y Eduardo Bergara Leumann, entre las muchas personas que colmaron el auditorio. Había gran cantidad de asistentes de pie y otros sentados en el suelo.

En representación del Malba, abrió el acto el anfitrión, Eduardo Costantini, quien afirmó: "Germán Sopeña no está físicamente con nosotros, pero ha infundido su fuerza a quienes se han lanzado en una fundación por el bien común y la moral profesional".

Luego, Julieta Sopeña leyó unas líneas de su hermana Marina, que sigue estudios de posgrado en el centro de Estudios Políticos de París, donde hace años estudió su padre. Refiriéndose a su madre, expresaba: "Le mando toda la fuerza del mundo, a pesar de la distancia".

Una reunión de amigos

Patricia Morgan de Sopeña se dirigió al auditorio diciendo que era la primera vez que lo hacía ante tanta gente ya que "la familia que tuve la dicha de formar con Germán nunca tuvo exposición pública". Manifestó a los presentes que los veía como una reunión de amigos y agradeció a todos los que ayudaron a formar la Fundación. Precisó que ésta no nace del dolor, ni de la pena, ni del duelo, sentimientos que quiere mantener en la privacidad, sino de una iniciativa genuina de continuar las inquietudes de quien afrontaría hoy la realidad con una palabra crítica, pero con el optimismo que lo caracterizaba.

"Alo largo de 20 años de matrimonio -concluyó-, Germán me enseñó a mirar con una mirada larga, positiva y sin límites."

El vicepresidente de la Fundación, Faustino Fernández Sasso, indicó que Germán, pese a sus estudios, tenía pudor de aceptar que se lo llamara doctor, y se asumió siempre como periodista. La entidad, dijo, promoverá el periodismo ético y con vocación de servicio. Instituirá becas y premios y propiciará el conocimiento de la Patagonia, región que Sopeña -"una persona a la que no se le conocen enemigos"- veía como la posibilidad de un recomenzar.

Escribano afirmó que el libro "está escrito "con el estilo directo, ameno, informativo, del cronista confiable de siempre. Se interrumpe al final del capítulo octavo. Se quiebra abruptamente la ilación, como se quebró la vida del autor que hoy homenajeamos, cuando viajaba en avión precisamente para izar, con un grupo de amigos, la bandera de la patria en un confín patagónico".

Dijo que Sopeña tenía el don de la curiosidad múltiple, de búsqueda incesante de nuevos horizontes. "El mismo fue explorador y su libro sobre el padre De Agostini condensa una conciencia admirada ante la gigantesca figura de quien a lo largo de casi 50 años realizó proezas patagónicas por las cuales la Argentina ha de estarle reconocida".

Tenía tiempo

  • Escribano reparó en una frase, cuando Sopeña dice que De Agostini "tenía siempre tiempo para dar una conferencia, charlar con sus alumnos, mostrar fotos y películas". Y realizó un paralelo con el periodista: "También él tenía tiempo para dar una clase, editar un diario, correr un rally, tocar el saxo, estar al día con los acontecimientos musicales o deportivos del mundo y del país y escribir, mientras sonaba el teléfono sin parar, la columna periodística, económica o política que al día siguiente sería comentario obligado de los lectores".
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