Quedaron cerca: los Pumas sólo cedieron en el final ante los All Blacks

En un partido luchado y parejo, Nueva Zelanda derrotó por 24 a 20 a la Argentina, que a tres minutos del epílogo ganaba por tres tantos
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2 de diciembre de 2001  

No es fácil ordenar las sensaciones en caliente para los Pumas y para esa multitud que copó el Monumental y cada vez se identifica más con el equipo. Porque se le dio amplio cumplimiento al objetivo prioritario de acortar distancias de todo tipo ante una potencia como Nueva Zelanda: en el resultado -se estuvo a tres minutos de un triunfo histórico- y en el juego, faceta en la que la fiereza y la personalidad ratificaron el muy buen momento de los argentinos.

No pudo ser por muy poco. Ese consuelo que antes quedaba ante rivales intermedios, esos a los que ahora se supera -Gales, Escocia-, en estos momentos se traslada para medir una producción ante uno de elite, como los All Blacks.

La creciente madurez de los Pumas tuvo una evidencia irrefutable en ese primer tiempo en el que consiguió algo muy difícil: imponerle su plan de juego al rival, plantearle una lucha de igual a igual. Este equipo argentino está muy compenetrado de lo que quiere y de la manera de llevarlo a la práctica. La suerte que se corra frente a los neozelandeses depende mucho de lo que no se los deje hacer. Y en ese sentido, los argentinos presionaron con orden, tacklearon con determinación y abortaron los ataques visitantes antes de que tomaran aire y velocidad.

Se notó una actitud de respeto de los All Blacks. Seguramente influyó que la Argentina le hizo sentir el rigor de la marca. Claro que si bien tuvieron una obtención razonable, los avances de los Pumas tampoco llevaban desequilibrio. Se hizo un partido muy táctico, con mucha utilización del kick. Y en este rubro hubo ventajas para los Pumas, que se equivocaron menos en la recepción y control de la pelota. Sorprendió la endeblez de Nueva Zelanda para tomar las pelotas sueltas que caían cerca de su in-goal. Cada uno defendió en su terreno con cuidado para no cometer penales. Fueron escasas las ocasiones para sacar diferencias por esa vía; una de ellas la aprovechó Mehrtens, desde una posición exigente, para abrir el marcador. La evolución de los Pumas también dejó constancia en la capacidad de remate para usufructuar errores; dudó Robinson en un pelota que Contepomi puso en el in-goal y allí apareció Arbizu -también llegaba Camardón- para apoyar. El momento de mayor incertidumbre fue cuando Pichot estuvo diez minutos afuera por sin bin (aplicó un cabezazo). Ahí sí, Nueva Zelanda se plantó más en campo local, pero la marca lo obligó a llevar la pelota en forma más horizontal que profunda, salvo cuando Lomu encendió la turbina, desparramó a cuatro rivales y apoyó el primer try visitante. Un penal de Contepomi cimentó las posibilidades triunfales al cerrar el primer tiempo por 10-8. Un parcial inédito en la historia, que sembró los mejores augurios.

La renovación de los All Blacks se notó en su falta de ensamble. La presión argentina lo llevó a equivocarse Howlett y Arbizu volvió a apoyar (20-17). El ataque desesperado de los de negro despertó aún más la fibra defensiva local. El resultado era cerrado e imprevisible, pero sobrevoló la mística puma para crear un cerrojo. Era posible. Contepomi falló un penal favorable y luego se equivocó al dejar un kick adentro. La contra fue letal con Blair y Robertson . Fin al sueño grande de la victoria. Asomó la bronca, nada que no sea reparable por esta estimulante realidad de los Pumas.

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