El adiós del buen humor

Mañana, a las 23, Canal 7 emitirá el capítulo final del ciclo
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16 de diciembre de 2001  

¿Estamos todos locos? Sí. Por distintos motivos. Los de afuera, millones de argentinos, por razones de público conocimiento. Los de adentro, los cientos de adolescentes (y no tanto) acomodados en el estudio 1 de Canal 7, están todos locos por "Todo por dos pesos", que está a punto de grabar su último programa.

La despedida es una fiesta. Los fanáticos de Diego Capusotto y Fabio Alberti están sentados en la platea o en el piso del estudio. Están contentos y dispuestos a reírse y a aplaudir todo, absolutamente todo, con más devoción que espíritu crítico. Son los mismos que desde las tres de la tarde se juntaron en las puertas de la emisora estatal, aunque la cita era a las cuatro y media. Y su número era tan grande -sobre todo para un canal de llegada no masiva- que hasta la policía se acercó para ver si pasaba algo. Lo único que pasaba era que nadie quería quedarse fuera de la locura.

Dos antiestrellas

La pasión de este público sólo puede ser comprendida por quien es de la partida. Porque si bien "Todo por dos pesos" ha sabido nutrirse de la realidad (en especial, una realidad mediática común a todos) para parodiarla, su mayor logro fue haber creado un personal mundo paralelo poblado de una galería de personajes kitsch.

El universo Alberti-Capusotto (Mario y Marcelo, en la ficción humorística) es sólo para iniciados que profesan un amor incondicional por Walter y su órgano, Sushi (Irene Cheung), y el Dr. Django (Alfonso Grispino), seres que, finalizado "Todo por dos pesos", retornarán a su condición de simples habitantes del mundo real.

Gritos, palmas y silbidos, todo a la vez, no le alcanza a este público para celebrar la presencia de Capusotto y Alberti, las luminarias que sonríen desde la pasarela del atestado decorado -incluye una pantalla de video, un pollito gigante, un castillo, etc.- armado para la fiesta final.

La emoción se duplica cuando Jorge Rossi, maestro de ceremonias, anuncia: "Vamos a ir inmediatamente a nuestro viejo estudio... Maestro Walter, su aparato, con suspenso, por favor..." A la orden, desde la torre del castillo de cartón estilo "La bella y la bestia", el órgano de Walter toca las requeridas notas tensionantes. Y Rossi advierte: "El ingeniero Vázquez con el equipo de la gerencia de Demoliciones ya está dispuesto..." Cha-chán, chachán... Y se produce la explosión.

La pantalla gigante proyecta la apoteosis de la vieja escenografía, esa misma desde la cual Mario y Marcelo fingían cada lunes transmitir "en directo desde Miami".

"¡Con optimismo y con fe dejamos atrás el pasado y vamos hacia el futuro!", festeja Jorge Rossi, mientras Capusotto y Alberti, en el centro de la escena, hacen las muecas de rigor.

Futuro de media hora

Un providencial alto en la grabación baja a Fabio Alberti del escenario y LA NACION lo roba unos minutos de la atención del público para despejar una duda crucial: ¿seguirá "Todo por dos pesos"? La respuesta es no. Esto no significa que la dupla dejará de hacer reír. "Vamos a hacer otra cosa el año que viene, a partir de marzo, en un canal privado. La idea es un programa diario de media hora para la medianoche. "Todo por dos pesos" no sigue ni en TV ni en teatro, como se estuvo diciendo. Lo que es seguro es que para esta otra cosa que hagamos nos llevaremos algún personaje."

Capusotto y Alberti tienen ganas de cambiar, y eso habla bien de ellos. Entonces, la despedida de "Todo por dos pesos" es definitiva, pero el público no lo sabe. Los que sí tienen que estar enterados son los actores que los acompañaron durante las tres temporadas que duró el programa. Será por eso que la entrega de diplomas, que fue concebida como sketch, terminará por tener algo de emotividad verdadera.

Alberti ha regresado a la pasarela central y desde allí grita: "Estamos listos para dar comienzo a la entrega de diplomas a la gente que hizo posible "Todo por dos pesos"". El público estalla en una ovación que se renovará a medida que aparezcan los Carlitos Balas, el transformista televisivo Héctor Souto, la abuela Berta, el diminuto Juan Carlos, Larry y tantos otros anónimos notables de esta cruzada humorística.

Suenan en el estudio las canciones de cada personaje (en "Todo por dos pesos" se hace un tema musical cambiándole la letra a un hit). Y no hay una canción que el público no cante, no hay una sola de la que toda esta gente no sepa la letra -la apócrifa- de memoria. Palabra por palabra, entonan "Cuiiiida los chaaanchos, Mabel", con música de "We are the champions", de Queen, y "Feta, que fantástica, fantástica esta feta" , como lo hacía Raffaella Carra.

Uno a uno, los personajes de "Todo por dos pesos" se acercan a recibir sus diplomas, y los actores agradecen al programa, a Capusotto y a Alberti, al director Néstor Montalbano (que es el director de verdad), y la emoción se torna auténtica. Y la prueba está, por caso, en que Héctor Souto, protagonista de más de un videoclip de la casa, recibe su diploma, recibe su alfajor (gentileza de la producción), hace los agradecimientos ("a "Todo por dos pesos" y a todos los amigos y familiares que me bancaron en las buenas y en las malas") y aunque las cámaras se apagan, porque se da por cumplido el segmento, Souto abraza a Capusotto, abraza a Alberti y les agradece desde el corazón en un instante de intimidad no televisada.

El momento de oro

La lista de amigos y entenados de "Todo por dos pesos" es tan interminable como la "entrega de diplomas" que ocupará más de un bloque del último programa. Por lo tanto, se advertirá al televidente que pretenda subirse al vagón de cola de este ciclo, que el episodio será atípico, sentimental y para entendidos.

"Todo por dos pesos" es una cofradía en la que público y protagonistas se confunden. Horacio Embón aguarda su momento para reemplazar a Jorge Rossi en la tarea ceremonial, y su espera no es otra cosa que disfrute liso y llano. Cuando proyectan el video de Berta, que se desplaza, dura como una tabla voladora surcando el cielo de Buenos Aires, mientras todos cantan "Abuela, vuela... (al ritmo de "Vuela vuela", de Magneto), Embón se muere de risa: "Es buenísimo". Y basta que, en el corte, la producción anuncie la presencia del periodista para que, espontáneamente, cientos de voces que tal vez nada sepan de la era de Acuario comiencen a cantar: "Deja que entre, deja que entre Embón, que entreeee... Embón".

El hombre se acomoda detrás del podio de presentación y con su estilo pausado y misterioso instala una intriga: "Al final... la entrega del premio de oro, ¿será el alfajor de oro, el diploma de oro? ¿Quién se llevará el diploma de honor?"

La respuesta excede el límite de la discreción de esta crónica. Como corresponde, será develada mañana, a las 23, por Canal 7 en la despedida de "Todo por dos pesos".

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