El estado de sitio, en su cuarta versión desde el regreso democrático

Desde 1853, rigió alternadamente 36 años Casi todos los presidentes de iure y de facto usaron esta medida de emergencia Alfonsín lo aplicó durante 74 días; Menem, sólo por un día La última vez fue en 1990
Adrián Ventura
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20 de diciembre de 2001  

Desde 1983 hasta 1990 el estado de sitio se declaró en cuatro oportunidades. Después, este medida cayó en desuso. Y, ahora, se vuelve por cuarta vez a utilizarlo. Pero si se mira el asunto con perspectiva histórica, puede afirmarse que este mecanismo de emergencia, que siempre figuró en nuestra Constitución, nació en el mismo momento en que se formó nuestro Estado y pocas veces nos abandonó.

El primero en recurrir a este instrumento de emergencia fue Justo J. Urquiza, en 1854, y volvió a hacerlo en 1859. Y, a partir de entonces, este mecanismo que le permite a las autoridades restringir los derechos individuales -dentro de ciertos límites- fue usado tantas veces por nuestros gobiernos que puede decirse que acompañó el derrotero de los sinsabores nacionales: los argentinos vivimos bajo su vigencia durante casi 13.000 días, es decir, 36 años.

El presidente que más tiempo gobernó en esas condiciones fue Bartolomé Mitre. Luego de que el Congreso lo dispuso en 1862, ese mandatario lo decretó con acuerdo del Senado en 1865 y la medida se prolongó durante más de tres años. Pero Mitre tenía un atenuante: vivió la guerra con Paraguay. Fue la única ocasión en que se invocó la causal de ataque exterior para disponerlo.

En cambio, las autoridades siempre se inclinaron por la otra causal: la conmoción interior, por la cual se puede declarar esta medida cuando el desorden es tan grande que puede poner en peligro el ejercicio de la Constitución o de las autoridades federales.

Claro que esto, muchas veces, quedó en meras palabras y los gobiernos declararon esta medida de emergencia para poder restringir los derechos e imponer sus decisiones de dudosa legitimidad. Pero de una forma u otra, desde 1853 hasta ahora, sea por gobiernos constitucionales o de facto, el estado de sitio fue declarado en 52 oportunidades, es decir, cada dos años y nueve meses de promedio (según el cálculo que hizo Gabino Ziulu, Estado de Sitio, Depalma).

Exceptuando el caso particular de Mitre, Arturo Frondizi fue el presidente constitucional que gobernó por más tiempo con esta medida: el remedio decretado por él, y luego por el Congreso, se extendió durante cinco años y subsistió durante la gestión de facto de José María Guido.

Pero, obviamente, fueron los gobernantes de facto quienes más aprovecharon de este instrumento para imponer su autoritarismo: la violencia desatada por la subversión llevó a María Estela Martínez de Perón a disponerlo por medio de un decreto del 6 de noviembre de 1974. Y llegó para quedarse por mucho tiempo, porque el posterior gobierno militar que asumió el poder el 24 de marzo de 1976 lo prorrogó por otros siete años y medio, hasta octubre de 1983.

Desde 1983

A partir de 1983, los argentinos aprendimos a sentirle el gusto a la libertad y esta medida impopular fue aplicada, realmente, como una medida excepcional, en apenas cuatro oportunidades. Los gobiernos comenzaron a preferir otras medidas de emergencia, para enfrentar las crisis económicas: los decretos de necesidad y urgencia.

Lo decretaron Raúl Alfonsín por 45 días, en 1985, luego de detener a doce personas a las que acusaba de promover la violencia -para ordenar primero las detenciones y luego declarar el estado de sitio invocó una norma de la Constitución de 1853 que fue derogada en 1860-, y nuevamente lo hizo en mayo de 1989, por treinta días, en medio de saqueos a supermercados que derivaron en la entrega anticipada del poder.

En tanto, Carlos Menem, en 1990, lo impuso por un día, durante el alzamiento carapintada del 3 de diciembre. Luego cayó en el olvido.

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