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Cacerolazo, marchas e incidentes

Miles de personas en la Plaza de Mayo, en el Congreso y en varias esquinas
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20 de diciembre de 2001  

Ni agitadores ni agitados: espontáneos. Sin que nadie los convocara, sin acuerdo previo, miles de vecinos de la ciudad comenzaron anoche una estruendosa manifestación que arrancó con cacerolazos desde los balcones y se extendió a las calles, con sones de cornetas, bocinas e insultos contra el Gobierno.

En poco menos de una hora, la Plaza de Mayo y las escalinatas del Congreso se colmaron de gente. Columnas de cientos de personas avanzaban, pacíficamente pero con paso firme, hacia los principales íconos del malestar: la sede del Gobierno, el Congreso, la casa del ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, la quinta de Olivos, donde interrumpieron el tránsito por la avenida Maipú.

Después de la medianoche, los manifestantes le arrojaron proyectiles a los efectivos que custodiaban la Casa de Gobierno. La gente se dispersó. Desde lejos, se veía el humo que provocó el incendio de una de las palmeras de la plaza.

A su paso, un grupo de revoltosos prendió fuego la entrada del Ministerio de Economía ubicada sobre la calle Balcarce, al tiempo que colgaron un cartel de “Se alquila” frente a la misma puerta del Palacio de Hacienda. Sobre las dos de hoy una dotación de bomberos trabajaba para extinguir las llamas.

Mientras se dispersaban, los manifestantes atacaron las sucursales de los bancos Francés e Itaú, ubicadas en avenida de Mayo al 800 y saquearon los locales de Modart y de Giacomo Lauró. La policía arremetió contra los revoltosos y al cierre de esta edición el foco del conflicto estaba ubicado en la esquina de Avenida de Mayo y 9 de Julio.

En La Boca se vivieron momentos de máxima tensión. Después de saquear un supermercado coreano, un grupo de 50 manifestantes se enfrentó con la policía. Hubo tiros, gases lacrimógenos.

Se sumaron 200 manifestantes que cortaron la avenida Almirante Brown al 1200, quemando maderas y gomas. Diez minutos antes de la una de la madrugada, comenzó la represión. Tres móviles de la guardia de Infantería con bastones y armas largas dispersaron a los manifestantes, mientras por las radios y la TV se informaba que Cavallo había renunciado.

Recoleta, Palermo, Belgrano, Flores, Plaza de Mayo, Almagro, Caballito, San Telmo, Villa del Parque, Montserrat, Balvanera, Congreso... La protesta tuvo un efecto contagioso y creció sin pausa al término del mensaje del presidente Fernando de la Rúa. De hecho, mientras el discurso por cadena nacional ocupó las pantallas, las calles estuvieron totalmente desiertas.

Un reclamo unánime

Belgrano y Jujuy, Santa Fe y Pueyrredón, Aráoz y Charcas, Santa Fe y Coronel Díaz, Díaz Vélez y Eduardo Acevedo, Perón y Medrano, Alsina y Entre Ríos, Rivadavia y Larrea, Uriburu y Córdoba, Rivadavia y Nazca, La Plata e Independencia, Quinquela Martín y Montes de Oca. Una manifestación contundente. Gente de todas las edades, de diversas condiciones sociales.

Cada minuto, más y más ciudadanos, con lo que tuviesen a mano, inundaron las calles con su canto de insatisfacción. Y la medianoche, finalmente, encontró a todos convertidos en uno solo. Frente a la Casa Rosada, las voces ensordecían: “¡Que se vaya! ¡Que se vaya!”.

En varias esquinas de la Avenida de Mayo ardían bolsas de basura. “Cada uno empezó en su casa, después bajamos todos los del edificio y ahora venimos los de la cuadra”, contó Mirta Romero, una vecina del edificio de la esquina de Santiago del Estero.

Dos piquetes cortaban la avenida Independencia. La avenida Rivadavia, desierta de autos, estaba llena de personas que se dirigían a la Plaza de Mayo. Escenas similares se repetían en las principales arterias porteñas: Corrientes, Santa Fe, Pueyrredón, Directorio, Callao, Alberdi, Del Libertador.

Pasada la 1.30, unas 300 personas habían cruzado el puente Saavedra y se dirigían por la Avenida del Libertador hacia la quinta presidencial de Olivos, cuyas calles laterales estaban cortadas por patrulleros. Apenas media hora después eran más de 5000 los manifestantes que rodeaban la residencia oficial del Presidente.

En Rosario, más de 3500 personas salieron a la calle. Manifestaciones similares se produjeron en Mar del Plata, Córdoba y La Plata.

"Fiesta" en lo de Cavallo

  • A la casa de Domingo Cavallo, en Avenida del Libertador y Ortiz de Campo llegaron 4000 personas. Familias con chicos, tambores, camisetas de Boca, banderas, gente en los balcones. Sus cantos tenían un único destinatario: el entonces ministro. La convocatoria fue espontánea y no se veían banderas de colores políticos. Sólo celestes y blancas. Pasada la medianoche, uno de los manifestantes que hablaba por celular recibió la noticia de la renuncia de Domingo Cavallo. Dio el grito y en un segundo la batucada inundó la esquina. Las voces se unieron: "El pueblo unido jamás será vencido". Después, cantaron el Himno.
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