El fugaz día de Puerta como presidente

Llegó después del mediodía a la Casa Rosada, tomó juramento a cinco ministros y reinstaló el estado de sitio en tres distritos
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22 de diciembre de 2001  

En la única jornada completa que podrá disfrutar como presidente (al menos, durante algún tiempo), Ramón Puerta restableció parcialmente el estado de sitio que poco antes había derogado el saliente Fernando de la Rúa, tomó juramento a cinco ministros de un gabinete fugaz, habló extensamente con la prensa y apenas comenzó a comprender el funcionamiento de un edificio y una burocracia a la que no tendrá tiempo de acostumbrarse.

Llegó después del mediodía, cuando su antecesor ya había partido, y firmó en el despacho presidencial vacío el decreto de asunción en el cargo.

Lo acompañaron los gobernadores del Frente Federal, grupo que colaboró a fundar: Adolfo Rodríguez Saá (San Luis), Carlos Rovira (Misiones), Néstor Kirchner (Santa Cruz), Angel Maza (La Rioja), Julio Miranda (Tucumán), Eduardo Fellner (Jujuy), Gildo Insfrán (Formosa) y Juan Carlos Romero (Salta).

Ellos fueron testigos del acto de juramento de sus ministros provisionales: Humberto Schiavone, jefe de Gabinete y secretario general; Jorge Capitanich, ministro de Economía (área de Producción, Infraestructura y Servicios), Trabajo, Desarrollo Social, Salud y Seguridad Social; Oscar Lamberto, a cargo de Finanzas e Ingresos Públicos; Miguel Angel Toma, de Interior, Justicia y Derechos Humanos; Ricardo Biazzi, de Educación.

Pidió a los salientes ministros de Relaciones Exteriores, Adalberto Rodríguez Giavarini, y de Defensa, Horacio Jaunarena, que continuaran en sus puestos durante la transición.

En su primera conferencia de prensa en la Casa Rosada protestó por el legado más inmediato de De la Rúa: la derogación del estado de sitio decretado dos días antes. "Hubiera deseado que lo hiciéramos nosotros", dijo. Luego lo restableció en Buenos Aires, Entre Ríos y San Juan.

Se fijó objetivos de gestión que no tendrá tiempo de cumplir: "que se paguen los salarios" y que "la gente pueda zafar del corralito" y atender "de inmediato" la asistencia alimentaria de los sectores de más bajos recursos. Que tomaría medidas para inyectar "la mayor cantidad de circulante posible" a la economía y no descartó que se hiciera "con Lecop en algunos casos".

Dijo que, "personalmente", era del "criterio de completar el mandato" presidencial hasta el 2003, pero aclaró que "mayoritariamente en el justicialismo el análisis que se hace es que ante la gravedad de la hora que vivimos tiene que haber un fuerte respaldo popular para quien tenga que concretar medidas" y por lo tanto se convoque a elecciones.

Tenía conciencia de la fugacidad de su paso: consultado sobre cuánto duraría la convertibilidad, respondió: "Obviamente, más que la hora que yo esté acá".

También dijo que en su breve interinato "no podemos perder ni un minuto buscando consensos. Este no es el gobierno del consenso sino el de resolver problemas".

Culpas

Puerta rechazó las declaraciones finales de De la Rúa, en las que culpó al peronismo por su caída. Sostuvo que "el PJ fue leal, defendió la gobernabilidad y las instituciones, no a un presidente". Dijo que mucha gente los "apuntó con el dedo" porque el justicialismo no ejerció antes la mayoría lograda el 14 de octubre.

"No se pueden echar culpas que son de otros", afirmó. Señaló que la tensión social "se ha descomprimido" como consecuencia de las renuncias de Domingo Cavallo al Ministerio de Economía y del mismo De la Rúa.

La conferencia era presenciada por el ex secretario general de la Presidencia Nicolás Gallo, que aún permanecía en la Casa de Gobierno, y por el ex secretario privado de De la Rúa Leonardo Aiello.

En los pasillos se mezclaban, como aturdidos, personajes de la historia que concluía y de la primera versión de la historia que comenzaba.

Romero, acompañado por el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, recorrió con paso rápido el pasillo alfombrado de rojo que conduce al despacho presidencial. Los edecanes presidenciales los miraban desorientados. "¡De muchos ni conocemos las caras!", decían, intentando mantener la compostura.

En el camino, se toparon con Gallo, que conversaba con Aiello. "Buen día", le dijo Kirchner, muy serio. Se estrecharon la mano, secamente. "Es el normal desarrollo de los procesos jurídicos", se consoló Gallo en voz alta.

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