Falleció Roberto Miller, el subdirector del Incaa

Fue un notable impulsor del cine nacional
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23 de diciembre de 2001  

Anteayer falleció, a los 51 años y víctima de un cáncer, Roberto Miller, subdirector del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa).

Roberto Miller, Tato para sus muchos y entrañables amigos, había nacido el 1° de diciembre de 1950 en Buenos Aires y desde muy joven se sintió atraído tanto por los aspectos técnicos del cine nacional como por sus firmes convicciones de establecer para esa industria convenios que permitiesen a los trabajadores de nuestro séptimo arte desempeñarse en las mejores condiciones.

Sus comienzos se registraron en la empresa publicitaria Lowe, donde su inteligencia se puso de manifiesto en la concreción de numerosos avisos publicitarios. Su empuje, su honradez y su clara visión le permitieron ejercer diversas tareas directivas en el Sindicato de la Industria Cinematográfica (SICA). Posteriormente fue secretario general de esa entidad durante tres períodos consecutivos.

Cuando José Miguel Onaindia se hizo cargo, a principios de 2000, de la dirección del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, convocó a Miller para ocupar el cargo de subdirector de ese organismo. Tato Miller poseía todas las condiciones para la labor. Contaba con el aval de la industria del cine, era apoyado por sus pares y mantuvo siempre ese perfil conciliador, aun en los momentos más duros de su gestión.

La carta de triunfo

Miller apoyó nuestro cine con su palabra medida, asistió a festivales internacionales y supo siempre granjearse el respeto del ambiente artístico. Pero más allá del funcionario respetuoso y respetado, Miller era un hombre que hacía de la honestidad su carta de triunfo. Sus charlas a media voz contenían muchas de las respuestas al problema de cómo nuestro cine y sus hacedores podrían impulsar una industria muchas veces jaqueada por conflictos económicos y por desesperadas circunstancias.

El mal que lo aquejaba desde hacía años, entre largos tratamientos y operaciones quirúrgicas, no hizo que Miller bajara los brazos. Siempre estaba firme como comandante de una lucha en pro de la expansión del cine argentino. El dolor por su desaparición se puso de manifiesto anoche, durante su velatorio, en la sede del Sindicato de la Industria Cinematográfica, hasta la que llegaron sus fieles amigos de siempre. Los restos de Roberto Miller recibieron sepultura ayer, a las 14.30, en la Chacarita.

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