La Argentina entrará hoy en default

En las próximas cinco semanas, la Argentina debía afrontar vencimientos por US$ 1080 millones
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24 de diciembre de 2001  

La Argentina entrará oficialmente hoy en default cuando no cancele el pago de dos vencimientos por menos de US$ 18 millones.

Anoche, a última hora, el presidente Adolfo Rodríguez Saá confirmó que no se cancelarán los vencimientos de capital y de intereses de la deuda pública."El gobierno argentino suspenderá el pago de la deuda externa argentina. Esto no significa el repudio de la deuda externa ni una actitud fundamentalista. Muy por el contrario, se trata del primer acto de gobierno, que tiene carácter racional para darle al tema de la deuda externa el tratamiento correcto", dijo el Presidente.

Hoy la Argentina debía afrontar dos vencimientos: uno de US$ 13 millones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otro por US$ 4,3 millones en eurobonos.

La posibilidad de que el país entrara en default se venía barajando desde hace varias semanas, aunque hasta ahora el anterior ministro Domingo Cavallo había conseguido postergar la declaración de la cesación de pagos.

La última amenaza que había logrado conjurar Cavallo fue cancelar el vencimiento de Letras del Tesoro (Letes) por casi US$ 770 millones, el 14 de diciembre.

Pero para hacerlo tuvo que pagar un alto costo y apelar a una reingeniería financieras, que incluyó un cambio en la normativa de los Fondos Comunes de Inversión (FCI), el dinero que aportan las AFJP.

En ese momento, el Gobierno abonó los US$ 770 millones, con un aporte en efectivo por 409,7 millones. Los restantes US$ 360 millones los financió a través de la emisión de nuevos títulos, que fueron absorbidos, en forma compulsiva, por las propias AFJP.

Cronograma de deudas

Para evitar, a toda costa, el tan temido default, apenas unas horas antes de verse obligado a renunciar, Cavallo había realizado una última gestión ante el FMI para postergar el pago de otros US$ 900 millones adicionales.

Más allá de los vencimientos de hoy, la Argentina debía afrontar el próximo viernes otro pago por US$ 504,2 millones, en concepto de Letes.

Además, el cronograma de desembolsos que debía afrontar el nuevo gobierno incluía compromisos que vencían en enero de 2002, por un total de US$ 553 millones, de los cuales US$ 136 correspondían a pagos de capital y US$ 417 a intereses de la deuda.

En todos los casos, los principales acreedores del país no son los organismos internacionales, como el FMI y el Banco Mundial, sino los tenedores de bonos, entre los que figuran no sólo inversores internacionales, sino también muchos argentinos, principalmente a través de los fondos de jubilación y pensión que administran las AFJP.

La deuda pública de la Argentina asciende a US$ 132.143 millones y los títulos públicos (bonos, letes, eurobonos) representan el 72,2 por ciento del total.

Estos papeles están repartidos por gran parte del mundo, en posesión de pequeños, medianos y grandes ahorristas privados, lo que dificulta cualquier tipo de negociación, ya que la Argentina no tiene un único interlocutor.

La mayor parte de los títulos están emitidos en dólares (72%) y euros (18%), aunque también hay papeles en pesos argentinos, libras esterlinas, francos suizos, yenes japoneses y en monedas más exóticas como las coronas danesas y suecas, el dólar canadiense y el dinar kuwaití.

Cambio de perfil

El eje de la discusión sobre la deuda externa argentina ha cambiado drásticamente frente al escenario que se planteó en la década del 80, cuando estalló la crisis que afectó severamente a los países latinoamericanos, incluyendo no sólo a la Argentina, sino también a Perú y Brasil.

En aquellos años, los acreedores se concentraban en un puñado de bancos (principalmente norteamericanos y europeos), reunidos en el Club de París, y en organismos multilaterales como el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Pero después de la reestructuración de la deuda externa, en diciembre de 1992, la Argentina emitió títulos públicos con la denominación de bonos Brady.

En su momento, la medida fue considerada como ampliamente favorable para el país, pero en los últimos años los bonos se convirtieron en títulos muy caros, que el Gobierno debía canjear por nuevos instrumentos a largo plazo y menores tasas de interés.

Este era el principal objetivo que perseguía Cavallo cuando lanzó el canje de deuda, que llegó a concluirse en el tramo local, aunque quedó trunco en el plano internacional cuando Fernando de la Rúa renunció a la Presidencia de la Nación.

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