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De pichón de crack a empresario

Pedro Massacessi jugó en la década del 80 en Independiente y era señalado como el gran candidato para ser el sucesor de Ricardo Bochini. Sin embargo, se convirtió en un trotamundos del fútbol y actuó en Chile, México, Japón y Finlandia. Ahora tiene una actividad muy especial: es empresario internacional y, además de comprar jugadores, también adquiere clubes
Carlos Beer
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11 de octubre de 2000  

La pelota gira y gira como el astro rey que es. Y, alrededor suyo, como satélites pendientes de cada detalle de su órbita, se ubican los jugadores que pueblan el universo futbolero. Historias y más historias habitan en esta galaxia tan particular. La que sigue es sólo una de ellas...

Su aparición fue tan rápida como efímera. Con su melena larga, su pequeña estatura, su gambeta endiablada y su estirpe de potrero, Pedro Massacessi asomó en Independiente en el segundo lustro de los 80. Criado a la sombra de Ricardo Enrique Bochini, cada vez que le tocaba entrar desparramaba talento con su desfachatez. Su pico de gloria llegó aquel 29 de mayo de 1989, cuando convirtió el segundo gol ante Deportivo Armenio, en la cancha de Ferro, asegurándole el título al equipo de Jorge Solari. Por su juego, las comparaciones no tardaron en llegar: era el candidato ideal para ocupar el trono que iba a dejar el Bocha. Era el sucesor.

Sin embargo, nunca pudo concretar todo lo que insinuaba. "Lo único que me molestó es no haber podido jugar de titular en Independiente", dice hoy Pedro, retrocediendo con su mente una década. Su fisonomía está igual, con la misma melena por debajo de los hombros, aunque algo más prolija. Salvo que ahora aparecen algunas canas que lo invaden trempanamente para sus 34 años. Pero lo que sí cambió fue su uniforme: dejó los pantalones cortos y la ropa informal que componen el vestuario típico de todos los jugadores, para ponerse un elegante traje más acorde con su función actual.

Desde hace un par de años Pedrito se convirtió en Pedro, dejó la pelota a un lado y se interesó por probar suerte en el partido de los negocios. Y ganó. Hoy es gerente deportivo del equipo mexicano Atlante, vende y compra jugadores y también... ¡clubes! Sí: de pichón de crack empresario top.

Pero, ¿qué sucedió a lo largo de estos diez años? "Fui un verdadero trotamundos del fútbol. Pasé por Chaco For Ever, Universidad de Chile, el Cobras de México, el Yokohama Marinos de Japón, volví a México al Atlante, luego jugué un tiempo en Finlandia y terminé mi carrera en México. Estoy muy feliz con mi carrera. Yo nací en Ceres, un pequeño pueblo de Santa Fe, y mi intención era jugar en primera. Al final, pude recorrer todo el mundo gracias al fútbol. Pude salir campeón en México y en Japón. Fue mucho más de lo que yo soñaba."

Más allá de sueños concretados y posibilidades frustradas, la actualidad de Massacessi no deja de sorprender. En medio de la charla con La Nación , recibió un llamado desde Colombia. Se trataba de un alto dirigente del Atlético Bucaramanga que, preocupado tras una derrota del equipo, le pedía algunos consejos. ¿Por qué a él? Es que Pedro fue quien llevó adelante las operaciones cuando el Atlante mexicano compró al club colombiano.

"Yo tengo muy buena relación con José Antonio García, que fue presidente de la Federación Mexicana por cuatro años y ahora es el titular del Atlante. Como soy el gerente del club, él me pidió que sea el encargado de realizar todo lo referente a ese negocio que representaba la compra del Bucaramanga. Ahora soy el que lleva los números del club."

A decir verdad, esos números son la palabra clave y el dato más asombroso: la compra de Atlético Bucaramanga costó nada más que 600.000 dólares. El precio de lo que puede costar el préstamo de un jugador por un año... "Allá, en México, es muy común que se compren clubes. Es moneda corriente. Si hasta Antonio Mohamed, el Turquito, está pensando en meterse en eso. Comprar clubes es el gran negocio." El Atlante estuvo a punto de comprar la mayoría de acciones de un club español de primera división, operación que quedó en suspenso por una diferencia de porcentaje de venta. La plata por la adquisición de la mitad del club -como todavía hay conversaciones se pidió la reserva del nombre- representaba el valor de muchos argentinos que juegan en Italia. El mundo globalizado todo lo admite, hasta que un mercado futbolísticamente mediano como el mexicano, aspire a hacer pie con fuerza en el primer mundo de la pelota.

En este ámbito de números, la duda resulta obvia: por qué el mercado argentino no opera de esta manera. "Y... tal vez porque no sea tan sencillo para los dirigentes argentinos hacer una diferencia", afirma con tono cómplice el ex hombre de Independiente. En general, Massacessi dice que prefiere operar sin la presencia de clubes argentinos. "Amo mi país, pero es muy caro. Cada vez que me intereso en algún jugador me piden una fortuna. Y así no se pueden hacer negocios. En otros lugares es todo al revés. Los colombianos son muy accesibles. Hace poco fui a ver un partido del Bucaramanga y me interesé por un chico llamado Néstor Cuadros, que había jugado en la selección Sub 20 de allá y está a préstamo en el club. Pregunté cuánto valía la opción y me dijeron cinco millones. Me empecé a quejar por mi mala suerte y que cada vez que me gustaba un jugador valía una fortuna. Y enseguida me aclararon: ¡no cinco millones de pesos colombianos! Eso es 2500 dólares."

Y en esto de marcar diferencias, Massacessi también explica las formas de sentir el fútbol en la Argentina y en otros países. "En México conseguí todo y disfruté más, porque la gente no está tan loca. Perdía 4 a 0 y firmaba autógrafos." Hace la pausa como cuando era jugador, y aclara: "Pero el nuestro es mejor país".

Pedro Massacessi, ex pichón de crack, actual empresario y comprador de clubes. Otra historia más generada por el inmenso planeta fútbol...

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