Otro amplio cacerolazo en la ciudad

Columnas de vecinos de numerosos barrios confluyeron anoche frente a la Casa Rosada, el Congreso y la quinta presidencial Fue la convocatoria espontánea más importante desde que empezaron esas expresiones de protesta La dilación en la devolución de los depósitos y el pedido de elecciones, los principales reclamos
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11 de enero de 2002  

Las cacerolas y tapas de ollas volvieron a salir a la calle anoche, cuando miles de familias, vestidas con ropas veraniegas y llevando banderas argentinas, protestaron contra el presidente Eduardo Duhalde, la Corte Suprema de Justicia y las restricciones que les impiden recuperar su dinero, encerrado desde hace más de un mes en el llamado “corralito” financiero.

Cerca de la medianoche ya había 4000 personas en la Plaza de Mayo que cantaban “el pueblo vencido jamás será vencido”, en tanto otras 3000 se autoconvocaron en los alrededores del Congreso nacional.

Al cierre de esta edición, gruesas columnas de vecinos avanzaban por la avenida de Mayo, sin pancartas, repitiendo el mismo grito: “Yo no lo voté”. Un grupo de unos quince motociclistas, en tanto, circulaba rodeando la plaza, sumando mayor ruido a la protesta

En tanto, por la avenida Maipú, en la provincia de Buenos Aires, más de 500 personas se dirigían para protestar en las puertas de la residencia presidencial de Olivos. Al cierre de esta edición estaba colmada esa arteria, entre las calles Carlos Villate y Malaver (sobre lo que se informa aparte).

Las consignas dominantes, incluso en las largas caravanas que se formaban en las principales avenidas, estaban dirigidas contra las últimas medidas económicas.Las demoras de hasta cuatro años en la restitución de depósitos bancarios eran consideradas por la mayoría una confiscación a la que tildaban indistintamente de “estafa” y “robo”.

“Nos robaron la guita, nos habían prometido que no lo iban a hacer, pero son unos ladrones”, se quejaban los manifestantes.

Las vallas que temprano impedían transitar más allá de la pirámide de Mayo habían sido corridas hasta la calle Balcarce, donde a la noche se dispusieron numerosos efectivos de la policía antimotines. Frente a ellos, los manifestantes desplegaron una bandera argentina de proporciones considerables.

Sobre la calle Rivadavia aguardaban dos carros de asalto y otros tantos estaban estacionados en la calle Hipólito Yrigoyen.

Reclamo de elecciones

Frente al Congreso de la Nación, unas 3000 personas reclamaban con pancartas “elecciones” y protestaban contra Domingo Cavallo por ser “el autor del corralito financiero” y contra Fernando de la Rúa “por haberse ido antes de cumplir su mandato”.

Los golpes de cacerola comenzaron a escucharse después de las 22 en los barrios de la zona norte de la capital luego de que el Gobierno confirmara el dilatado cronograma de devolución de depósitos.

Miles de personas, sin convocatoria previa, salieron a las calles y a los balcones de sus departamentos e hicieron sonar las bocinas de sus automóviles en señal de disconformidad.

El cacerolazo se extendió rápidamente de calle en calle, de barrio en barrio y terminó por alcanzar a gran parte de la ciudad en una protesta espontánea que también incluyó cortes de avenidas.

La Policía Federal montó operativos especiales en las esquinas donde las protestas fueron más multitudinarias.

Se trata de Santa Fe y Scalabrini Ortíz, Olazábal y Crámer, Cabildo y Juramento, Corrientes y Scalabrini Ortíz, Corrientes y Medrano, Santa Fe y Salguero, Triunvirato y Olazábal, Rivadavia y Acoyte, Rivadavia y Carabobo, Corrientes y Pringles, Angel Gallardo y Honorio Pueyrredón, Cabildo y Santos Dumont, Gaona y Artigas y Rivadavia y Emilio Mitre.

Sin incidentes

Como ocurrió en ocasiones anteriores, la protesta comenzó con cacerolas y bocinazos, a los que se agregaron fogatas que los vecinos avivaron con polietileno, gomas y sillas plásticas para impedir el paso del tránsito.

El cacerolazo se extendió por Monserrat, Palermo, Núñez, Belgrano, Villa Crespo, Villa del Parque, Barrio Norte y la esquina de Belgrano y Jujuy, en Once, pero rápidamente se extendió a las principales esquinas.

Los vallados de seguridad fueron reforzados además en el Congreso y frente al Palacio de los Tribunales.

Al cierre de esta edición no se habían registrado incidentes. incluso, muchos manifestantes parecían cuidar las proximidades de los edificios públicos, con su sola presencia, de espaldas a ellos y frente a la multitud que se acercaba en forma creciente.

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