Bancos y comercios destrozados después del cacerolazo

La policía reprimió a un grupo de manifestantes violentos que, tras la manifestación espontánea que culminó anoche en la Plaza de Mayo, provocó incidentes en las calles aledañas
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11 de enero de 2002  • 09:20

El centro de la ciudad fue escenario esta madrugada de la acción de manifestantes violentos que, diferenciados de quienes participaron de un cacerolazo en la Plaza de Mayo contra las nuevas restricciones del corralito, causaron graves destrozos a gran cantidad de bancos y comercios.

Los manifestantes que provocaron disturbios fueron reprimidos por la policía con gases lacrimógenos.

Los incidentes comenzaron esta madrugada, a las 2.30, y concluyeron dos horas más tarde, luego de que unas seis mil personas participaran espontáneamente de un cacerolazo tras los anuncios de nuevas restricciones monetarias.

Esta mañana empleados municipales limpiaban las calles de los vidrios, adoquines y restos de basura incendiada que hasta horas antes estaban sembrados por las calles del microcentro porteño, en particular en la Avenida de Mayo y Roque Saenz Peña, en el tramo que va desde la Casa de Gobierno hasta el Congreso.

Cuando la gente seguía participando pacíficamente de la protesta, en sus autos, y en el centro de la plaza, alrededor de las 2.30, un pequeño grupo de jóvenes intentó traspasar las vallas montadas para preservar la Casa Rosada.

Inicialmente, la policía trató de disuadir a los revoltosos con agua pero los intentos fueron infructuosos.

Piedras y tachos plásticos de basura fueron arrojados sobre los efectivos, mientras la enorme mayoría de los que se habían concentrado a manifestar espontáneamente comenzaron a abandonar rápidamente la plaza.

El éxodo se acentuó cuando las fuerzas de seguridad comenzaron a disparar gases lacrimógenos sobre los jóvenes activistas que continuaban en actitud desafiante.

Mientras la gente se dispersaba por las diagonales Norte y Sur y por la Avenida de Mayo, la policía comenzó a ganar terreno, hasta ubicarse en las inmediaciones de la Pirámide.

Un grupo de unos 50 manifestantes ingresó en el Cabildo y, con tablones -dispuestos en el interior del monumento histórico para ser utilizados en obras de refacción- comenzaron a alimentar un foco de fuego encendido sobre la calle, a metros de la puerta de acceso al centenario edificio.

La embestida de los efectivos de seguridad llevó a los activistas a replegarse por la Avenida de Mayo, donde destrozaron cabinas telefónicas, locales particulares, una media docena de bancos y una casa de hamburguesas.

Filiales de los bancos Galicia, Río, Bank Boston y Francés, entre otros, fueron destrozadas por los manifestantes que rompieron las vidrieras, ingresaron a los locales y destruyeron cuanto cajero electrónico encontraron a su paso.

Una sucursal del Banco Provincia, en Rivadavia al 1900, fue devastada y prendida fuego. Los bomberos pudieron controlar el foco cuando las llamas en el interior alcanzaban casi los dos metros de altura.

Con el apoyo de un carro de bomberos y dos colectivos de la Federal, la policía redobló el disparo de gases, con lo cual forzaron a los manifestantes a replegarse hacia la Plaza de los Dos Congresos.

Comercios destruidos, fogatas sobre la Avenida de Mayo y pintadas "Aznar ladrón" y "devuelvan la plata" fueron algunos de los vestigios que los revoltosos dejaron en su retirada, mientras continuaban arrojando piedras a los efectivos policiales.

En la plaza no hubo banderas partidarias ni identificación de grupos políticos. Sólo se exhibieron algunas banderas argentinas que la gente -mientras la manifestación era espontánea- levantó para cantar el himno.

En su mayoría, la gente reclamaba por la liberación de los depósitos, aunque algunos también volvieron a avanzar sobre los miembros de la Corte Suprema de Justicia.

El presidente Eduardo Duhalde fue en varios pasajes de la manifestación el centro de los insultos y cánticos adversos.

Sobre las 4.40, los revoltosos comenzaron a abandonar la zona de refriega perseguidos por la policía.

Hacia las 5, los efectivos volvieron a ocupar los lugares habituales de custodia en el Congreso y la Casa de Gobierno.

La refriega dejó algunos heridos, tanto desde el lado policial, cuanto de los activistas, muchos de los cuales actuaron con la cara cubierta.

Fuente: DyN

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