"Los cambios me pusieron nervioso"

Confesión del escribano general de Gobierno, Natalio Etchegaray, tras las modificaciones institucionales
Jaime Rosemberg
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13 de enero de 2002  

En los últimos tiempos, su imagen ocupó las páginas de los diarios y las emisiones de todos los canales de televisión. Pero pocos lo conocen.

Les tomó juramento a cuatro presidentes en 15 días, pero casi nadie sabe su nombre.

Dice que su trabajo no se limita a indicarle a un presidente o a un ministro dónde debe firmar y acercarle una lapicera para que lo haga. Y que estuvo nervioso por las situaciones que le tocaron vivir, pero no estresado.

En el edificio de la calle Uruguay al 600 que la Escribanía General de Gobierno ocupa desde 1940, el doctor Natalio Etchegaray afirmó a LA NACION que Carlos Menem es, de los presidentes con los que ha trabajado, con el que tuvo mejor trato personal, y que la actual administración "ha salvado a la democracia".

Raúl Alfonsín lo nombró escribano general de Gobierno en 1984, y Etchegaray ha ocupado ese cargo desde entonces. A los 71 años, con 4 hijos y 6 nietos, afirma que le gustaría llegar hasta 2003, para completar veinte años en funciones y luego retirarse.

Etchegaray tiene guardados, como un tesoro, los cuatro libros de actas que reflejan la historia argentina. Allí está Bartolomé Mitre (el creador de la entidad, en 1863) antes de partir a la guerra del Paraguay. También Sarmiento, Roca, Yrigoyen y el trazo tembloroso de Juan Domingo Perón, que, dos días antes de morir, le cede a su esposa María Estela Martínez la primera magistratura. El tercer libro fue usado sólo por las administraciones de Raúl Alfonsín y de Carlos Menem, y en el cuarto, al cual le quedan todavía unas páginas, figuran De la Rúa, Rodríguez Saá, las tres firmas de Camaño en un día y medio, y el matrimonio Duhalde.

De antigua filiación radical, Etchegaray fue propuesto para el cargo que ocupa por el ex ministro Juan Carlos Pugliese y ha atravesado, sin sobresaltos, 18 años de distintas administraciones.

"Todos los gobiernos tienen la facultad de echarme cuando quieran. Tal vez por eso no lo hacen", bromea, y asegura que tanto Alfonsín como Menem le desearon lo mejor cuando se fueron, cada uno a su turno, del gobierno nacional.

-¿Se emociona en los actos de asunción?

-Sí, porque veo que la clase política, desde 1983 y a pesar de todo, salva una y otra vez las instituciones. Alfonsín pudo entregar el gobierno a otro presidente democrático y lo mismo pasó hace pocos días.

Etchegaray usa una lapicera distinta en cada período presidencial para evitar problemas.

"El día en que asumió Juan Manuel Casella como ministro de Trabajo -su primer acto oficial-, la que usaba no funcionó. Alfonsín me dijo: "En casa de herrero, cuchillo de palo", y decidí tener varias de repuesto", se ríe.

La que usa ahora fue utilizada por Puerta, Camaño, Rodríguez Saá y Duhalde.

-¿Por qué la esposa del Presidente firmó el acta el día de la asunción?

-Fue un acto de amabilidad personal. La señora de Duhalde estaba en el estrado, junto a su marido, quien le pidió que lo acompañara.

Ese gesto me emocionó, y creí, desde el punto de vista de caballero, que debía invitarla a firmar, aunque ella misma me dijo que no correspondía. Fue una verdadera satisfacción hacerlo.

-¿Con qué presidente tuvo una mejor relación?

-Tuve una excelente relación con todos. Con Menem, tal vez por su forma de ser, llano y abierto, tenía una mejor llegada. También nos unía el amor común por el tango. El día en que se fue, Alfonsín me dijo que imaginaba que no me iban a tocar. Y así ocurrió.

Etchegaray recuerda un momento desagradable de sus años al frente de la Escribanía General: "El día en que robaron las manos de Perón tuve la tarea poco grata de entrar en su bóveda para constatar el estado de su cuerpo. No puedo explicarle lo que sentí en aquel momento", se emociona el funcionario.

La Escribanía General de Gobierno, organismo dependiente del Ministerio de Justicia de la Nación, nació en 1863, por un decreto del entonces presidente de la Nación, Bartolomé Mitre.

Su primer escribano general fue Juan F. Gutiérrez, quien ocupó el cargo hasta 1880. Lo sucedieron Manuel Ponce, Félix Romero, Anacleto Restra, Enrique Garrido y su hijo Jorge, quien ocupó el cargo entre 1940 y 1976 y fue dejado cesante por el gobierno militar que se hizo cargo en ese año.

Etchegaray explica que su puesto tiene también otras atribuciones. Entre ellas, la administración de todos los bienes del Estado, escrituras de esos bienes, las declaraciones juradas patrimoniales de los funcionario hasta 1999 (después pasaron a jurisdicción de la Oficina Anticorrupción), y lo que el escribano define como "comprobaciones públicas": cada vez que algo no funciona en alguna dependencia estatal, él o alguno de sus dos adscriptos debe estar allí. Por eso debió atender casos como el del propio Perón.

"Me gusta trabajar en una institución que tiene prestigio y respetabilidad en la gente", dice Etchegaray.

-¿Está estresado por todo lo que vivió ?

-Creo que, junto con el episodio del robo de las manos de Perón, fue la situación de mayor tensión que atravesé durante mi estada en el cargo.

El 31 de diciembre último, por ejemplo, debimos convencer a Adolfo Rodríguez Saá de que renunciara ante un escribano, para que Camaño pudiera acceder al cargo de manera legal, como él mismo quería.

Esas tres horas, entre las 15 y las 18, donde se produjo una especie de vacío institucional, fueron realmente complicadas.

Estresado no estoy, pero debo reconocer que estas situaciones, que no son nada fáciles, me pusieron bastante nervioso.

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