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Veinte años después, aún brilla la estrella de la gran Elis Regina

Fue una de las grandes voces del siglo y murió demasiado joven
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20 de enero de 2002  

Su nombre debe anotarse sin titubeos al lado de los de Billie Holliday y Ella Fitzgerald. Elis Regina fue una de las más grandes cantantes en la historia de la música popular y su muerte prematura -el 19 de enero de 1982, a los 36 años, víctima de un cóctel de cocaína y alcohol- le confirió la dimensión del mito.

Su garganta privilegiada era capaz de todo: podía conferirle a su interpretación una deliciosa mordacidad, dotarla de un hondo dramatismo o de una juguetona espontaneidad; podía entregarse al ritmo contagioso del samba, a la lenta cadencia del bolero o a las insinuaciones del jazz, los tres géneros que amaba, aunque con el tiempo, aplacada su vocación por la controversia y multiplicada su infatigable curiosidad artística, terminó asociando su expresión prodigiosa a la bossa nova, la canción tropicalista y aun el rock.

No siempre había sido así en los días en que su temperamento fogoso la había llevado a integrar -junto con Geraldo Vandré, Edu Lobo y Gilberto Gil- una agrupación denominada Frente Unico de la Música Popular Brasileña, que se proponía terminar con "la dictadura del buen gusto cultivada por la clase media y la estética stalinista de la izquierda nacionalista", como lo señalaría más tarde su productor, Nelson Motta.

Con esa desmesura despreciaba a la bossa nova y a la joven guardia. Más o menos las mismas sospechas iba a despertar luego en Elis la aparición bulliciosa de Caetano y Gil, con su experimentación sonora y su apertura a nuevos ritmos, aunque ella misma hubiera dado pruebas de su inquietud artística y osadía casi desde el mismo comienzo de su carrera. De todos modos, también en ese caso la reconciliación habría de llegar muy pronto.

Eran los tiempos en que Elis conducía en la TV Record el programa musical "O fino", cita obligada de los jóvenes artistas de la época (Wilson Simonal, Baden Powell, Os Cariocas, Nara Leão), pero en principio terreno vedado para los bossanovistas. Alguien la convenció de la injusticia que cometía con João Gilberto, y cedió. "João cantó sus sambas casi en secreto y fue oído como un objeto sonoro no identificado", escribió un cronista de la época.

* * *

Elis había madurado su estilo interpretativo en San Pablo en la primera mitad de los años 60. Presencia frecuente en los shows universitarios (fue estrella de la "Primera denti-samba" celebrada en Odontología y de "El remedio es la bossa" en Medicina, donde cantó ese himno a la reforma agraria que es "Terra de ninguém), tempranamente deslumbró con su temperamento dramático y su ampulosa presencia escénica, con su desbordante emotividad y su rara sofisticación, con su acendrada musicalidad y sus fantásticos juegos rítmicos.

Fue en esa época cuando dio a conocer "Samba, eu canto assim", título provocador que eligió para un álbum que era casi puro jazz.

Cuando se trasladó a Río, en 1964, esa modalidad interpretativa tuvo su período de maduración. Fue en el Beco das Garrafas donde Elis conoció a Lennie Dale, un cantante menor que sin embargo le enseñó a encauzar su temperamento explosivo y que ejerció enorme influencia en su modo de frasear. Elis comenzó a afianzar su propio estilo, en el que el prodigio técnico y el más puro virtuosismo siempre se asociaban con la expresión.

Con los años, tiempo después de su turbulenta convivencia y separación con Ronaldo Bôscoli, la llegada a su vida del pianista César Camargo Mariano produjo cambios: en pleno crecimiento interpretativo, Elis se volvió menos deslumbrante pero más precisa, abandonó cierta estridencia sin perder dramatismo ni elegancia y ganó en concentración.

Curiosamente, el público de Buenos Aires pudo seguir esos progresos de cerca. Elis visitó cuatro veces el país, desde su primera presentación, en 1968, junto a una embajada de artistas brasileños, hasta su última actuación, en 1979, cuando hacía tiempo que era una estrella de dimensión internacional.

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Siempre es bueno volver a Elis. Y ese reencuentro es siempre motivo de renovados descubrimientos. En cualquiera de sus más de treinta discos (a los que hay que añadir más de una veintena de álbumes póstumos que recogen grabaciones encontradas, rarezas y registros en vivo) pueden encontrarse viejos temas a los que la intérprete gaúcha dota de nuevos significados.

Ninguna antología debería eludir los grandes éxitos de su carrera: "Arrastão", la creación de Edu Lobo y Vinicius de Moraes; "Madalena", un samba de Ivan Lins y Monteiro de Souza; "Atrás da porta", de Chico Buarque y Francis Hime; "Romaria", de Renato Teixira; "Como nossos pais", de Belchior; "Vou deitar e rolar", de Baden Powell y Paulo César Pinheiro; "Dois pra lá, dois pra cá", de João Bosco y Aldir Blanc, y "O bebado e a equilibrista", el tema de esa misma dupla compositiva que sirvió como himno de las demandas de amnistía política realizadas en 1979. Y ninguna recopilación debería olvidar, desde luego, esa especie de jam session que clausuró su intervención en el Festival de Jazz de Montreux, junto a Hermeto Pascoal.

En cualquiera de esos momentos musicales, Elis se revelará familiar y a la vez nueva, dispuesta siempre a atrapar la esencia de cada canción y a extraer de ella nuevos matices, como para corroborar su estatura de artista extraordinaria e irrepetible.

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