Roberto E. Chute

El sepelio
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9 de febrero de 2002  

El doctor Roberto E. Chute, que falleció a los 98 años en esta ciudad, fue un juez probo, que entró muy joven al Poder Judicial como meritorio -trabajó cuatro años y medio ad honórem- y siguió toda la carrera de magistrado, con reconocimiento general, hasta llegar a la Corte Suprema de Justicia, de la que fue ministro decano.

Chute fue la antítesis de quien pasa de una interna partidaria a ocupar un cargo en la Justicia, sale de la Corte para ocupar un ministerio político o salta de un estrado a las cámaras de televisión.

Su vida fue administrar justicia, estudiar el Derecho, realizar su tarea manteniendo distancia de los factores de poder político. Vivió más de medio siglo en la misma casa, en Adrogué, con un tono sencillo y austero.

Había nacido en Buenos Aires el 23 de noviembre de 1903. Luego de trabajar en la Justicia, lo hizo como empleado en la Dirección de Irrigación, y tiempo más tarde el ministro de Obras Públicas Roberto M. Ortiz lo hizo su secretario privado. En 1927 se graduó de abogado en la UBA y se dedicó a la profesión. En 1928 fue segundo jefe de la sección legal de Obras Sanitarias. Pero volvió a la profesión.

Fue por poco tiempo. Ya en 1930 Chute fue nombrado secretario de un juzgado civil. En 1934 fue designado juez de la recién creada justicia de paz letrada. En 1938 fue juez de primera instancia en lo civil. El presidente Ramón Castillo le ofreció ser camarista en lo contencioso administrativo, pero no aceptó porque toda su carrera la había hecho en la justicia civil. Poco después, en 1943, fue nombrado vocal de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, cuya presidencia asumió en 1947, en la que se desempeñó durante dos décadas.

De carácter agradable, era capaz y trabajador, muy apreciado por sus colegas. Ponía pasión en lo que hacía. En la magistratura siguió estudiando y en 1944 se doctoró en jurisprudencia en la UBA, con una tesis calificada como sobresaliente.

En 1966, el teniente general Juan Carlos Onganía le hizo ofrecer un cargo en la Corte Suprema. No lo conocía personalmente, como tampoco lo conocían los otros ministros: Eduardo Ortiz Basualdo, de larga carrera judicial; Marco Aurelio Risolía (hasta entonces decano de Derecho de la UBA), el penalista Luis C. Cabral, y el civilista Guillermo Borda. Chute no tenía relación con sectores de partidos políticos ni con las Fuerzas Armadas.

Si bien el de 1966 fue un gobierno surgido de un golpe militar, no puso a la Justicia en comisión, sólo cambio el más alto tribunal. Y Chute tuvo dentro de la Corte una actuación empeñosa, mantuvo una actitud de independencia del Poder Ejecutivo.

Ello se evidenció en fallos favorables a la libertad de expresión, las garantías constitucionales y las libertades civiles. Y esa Corte declaró inconstitucional la ley 17.642, de 1968, por la cual el gobierno de Onganía quiso establecer un sistema de enjuiciamiento de los magistrados de las provincias, incompatible con el federalismo.

Chute se jubiló en 1973. Siguió una vida tranquila. Socio honorario del Patronato de la Infancia, del cual fue albacea, pagaba dos becas para niños de esa institución. Pero en 1988 salió del silencio de su retiro al ser distinguido con el Premio Konex de Platino como ejemplo paradigmático de juez. Hasta tal extremo llevó su cuidado de la majestad del juez que ni siquiera quiso ocupar la docencia de Derecho Civil en la UBA.

Casado con María Lía Bieule, fallecida en 1957, Chute tenía dos hijos, nueve nietos y seis bisnietos.

El sepelio se efectuó en la Recoleta.

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