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Acertada combinación de policial negro con comedia del absurdo

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14 de febrero de 2002  

"El hombre que nunca estuvo" ("The man who wasn´t there", Estados Unidos-Francia/2001). Dirección: Joel Coen. Con Billy Bob Thornton, Frances McDormand, James Gandolfini, Michael Badalucco, Tony Shalhoub y Jon Polito. Guión: Joel y Ethan Coen. Fotografía: Roger Deakins. Edición: Roderick Jaynes y Tricia Cooke. Música: Carter Burwell. Diseño de producción: Dennis Gassner. Producción de USA Films, Working Title y Studio Canal presentada por Buena Vista International. Duración: 116 minutos. Para mayores de 13 años.

Nuestra opinión: muy buena.

"El hombre que nunca estuvo", la nueva propuesta de los hermanos Joel y Ethan Coen, es una audaz, sugestiva e inteligente combinación entre ese estilo de film-noir grave y ominoso que ya cultivaron en películas como "De paseo a la muerte" y "Simplemente sangre" con la comedia absurda sobre el patetismo pueblerino trabajada en "Educando a Arizona", "Fargo" y "¿Dónde estás hermano?".

La presencia de la voz en off, la justeza casi rítmica de los diálogos, la impronta pétrea, lacónica y extraviada de un monumental Billy Bob Thornton en el papel de un peluquero que resulta una suerte de Humphrey Bogart en decadencia, y la exquisita fotografía en blanco y negro y en pantalla ancha de Roger Deakins -en su sexta colaboración con los Coen- hacen de "El hombre que nunca estuvo" una lograda incursión en el universo del policial negro con inevitables referencias a las obras de Dashiell Hammett, Raymond Chandler y muy especialmente al cine basado en los folletines de James M. Cain ("Pacto de sangre" y "El cartero llama dos veces").

En el apacible y próspero pueblo de Santa Rosa, California, en 1949, Ed Crane (Thornton) acepta invertir 10.000 dólares en un negocio "revolucionario" (la limpieza en seco de la ropa) que le ofrece un buscavidas oportunista (un hilarante Jon Polito) que llega al lugar. Para conseguir ese dinero, no tiene mejor idea que chantajear a Big Dave (James Gandolfini, de "Los Soprano"), el empresario más poderoso de la zona, que mantiene un affaire con la propia esposa del protagonista (notable caracterización de Frances McDormand).

En ese ambiente claustrofóbico que los Coen concibieron en términos estéticos inspirándose en la pintura de Edward Hopper y que Deakins ilumina en un estilo que remite a los trabajos de Gregg Toland para Orson Welles comienzan las penurias y las desdichas, el descenso a los infiernos, de un antihéroe tan cobarde como querible que queda sometido a las impiadosas leyes morales que dominan el cine de los realizadores de "Barton Fink", "El gran salto" y "El gran Lebowski".

Los Coen -ganadores por este largometraje de la Palma a la mejor dirección compartida con David Lynch en el último Festival de Cannes- han sido varias veces cuestionados por la artificialidad y la excesiva estilización de sus imágenes, por la arbitrariedad y la pedantería de la que suelen hacer gala. "El hombre que nunca estuvo" es un Coen en estado puro, una profundización en su intento (que ya lleva casi 20 años) por combinar el thriller y la comedia, dos géneros liminares de la tradición hollywoodense. Y si bien los realizadores extienden exageradamente la duración y dilapidan durante la segunda mitad parte de la potencia y el rigor del relato en innecesarias subtramas, terminan construyendo igualmente un cautivante universo propio.

El film, entonces, puede irritar a algunos por su frialdad y su cínica visión del mundo, pero entrega también una innegable carga sugestiva (con imágenes oníricas y un desenlace apocalíptico) que ratifica ese talento narrativo -a esta altura la marca de fábrica del inefable dúo- que sus seguidores volverán a agradecer. El cine de los Coen está allí, sin rodeos, engaños ni medias tintas: tómelo o déjelo.

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