Murió Anselmo Marini, ex gobernador bonaerense

Militó siempre cerca de Ricardo Balbín
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15 de febrero de 2002  

LA PLATA.- A los 95 años, falleció ayer, a las 17, en esta ciudad el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires Anselmo Marini, figura consular en el radicalismo argentino.

Se trata ésta de una muerte prevista, ya que el anciano dirigente había evidenciado serios trastornos de salud hace unos días, por lo que había sido internado en un centro asistencial privado, donde ayer falleció, finalmente, por un colapso cardíaco y pulmonar.

Marini había nacido el 18 de noviembre de 1906, y militó en el radicalismo desde muy joven.

Vivió los años duros de las proscripciones y su amistad de siempre con Ricardo Balbín se cimentó, entre otros espacios, en las celdas que tuvieron que compartir en 1930 y en 1955, siempre por razones políticas.

Recibido de abogado en 1930, Marini se casó con Edith Alonso; tuvieron una hija, María Edith, y ocho nietos.

Con dedicación permanente en el ideario radical, Marini fue diputado provincial en 1952, congresista constituyente en la reforma nacional de 1957, diputado de la Nación en 1958 y gobernador de Buenos Aires entre 1963 y 1966, cuando el gobierno nacional del doctor Arturo Illia fue derrocado por el golpe de Estado que comandó el general Juan Carlos Onganía.

Un dato curioso: en ese golpe de 1966, quien le anunció con palabras altisonantes a Marini que su gestión al frente de la gobernación había concluido fue el general Federico von Stecher, a quien conocía desde mucho antes.

Pese a las proscripciones, Marini no se alejó nunca ni de su militancia ni de su familia ni de su ciudad.

Tras la dictadura militar y con el regreso de la democracia, en 1983, el presidente Raúl Alfonsín lo designó embajador en el Perú.

Bastante tiempo antes, hacia fines del `66, había comenzado el eclipse protagónico de Marini, cuando algunos jóvenes de la UCR lo enjuiciaron con severidad, junto con Balbín, por su inclaudicable antiperonismo.

Durante sus últimos años se mostró infatigable y lúcido, como lo probaban las continuas reuniones que mantenía con jóvenes que se aproximaban a él.

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