Amelia Bence viajará a Perú para interpretar "Venecia"

Será su sexta temporada en el teatro Marsano, de Lima
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17 de febrero de 2002  

Fue y es la de "Los ojos más lindos del mundo". Ella, Amelia Bence, quedó indisolublemente ligada a este apelativo desde que, en 1943, protagonizó el film de ese título que la convirtió en una de las más talentosas y populares actrices de la cinematografía argentina.

Antes, sin embargo, ya había dado probadas muestras de su versatilidad interpretativa en "La vuelta al nido", junto a José Gola; "Novios para las muchachas", "Los caranchos de la Florida", "En el viejo Buenos Aires", y, fundamentalmente, en "La guerra gaucha", que con el paso del tiempo se convirtió en un icono de nuestro séptimo arte. Hoy, con una trayectoria de más de cincuenta títulos en la pantalla grande y de numerosos trabajos en el escenario, en la televisión y en la radio, Amelia Bence está más vital que nunca. Sus ojos verdes y su eterna sonrisa sostienen un entusiasmo que nunca decae "porque -dice durante un diálogo con LA NACION- el trabajo me mantiene firme en el camino de mi vocación, a la que nunca renunciaré".

Dentro de pocos días viajará a Perú para comenzar en el teatro Marsano, ubicado en el aristocrático barrio limeño de Miraflores, las representaciones de la pieza teatral "Venecia", del autor argentino Jorge Accame. "Cumpliré en ese escenario -apunta- mi sexta temporada, convocada por Osvaldo Cattone, director de la sala."

-¿Por qué elegiste "Venecia" para tu retorno teatral?

-Había visto la obra aquí, en Buenos Aires, y cuando Cattone viajó a la Argentina lo entusiasmé para representarla en Lima. Al principio se mostró algo reticente, ya que la historia de "Venecia" es en apariencia triste, y me dijo que el público peruano les huye a esas tramas... Sin embargo, y poco después, comprobó que "Venecia" posee una gran belleza y una enorme poesía. Se puso a trabajar en la puesta y me convocó para el papel central, el que aquí hacía Adriana Aizemberg. El estreno está calculado para la primera quincena del mes próximo, y allí estaré durante cinco meses, que es la duración de mi contrato.

-¿No es demasiado tiempo el que te alejará de Buenos Aires?

-Confieso que sí, y ya antes de viajar comienza a dominarme la nostalgia... Pero yo soy actriz y necesito demostrarlo. En los últimos tiempos tenía pocas oportunidades de trabajar en la Argentina... Estuve haciendo en bibliotecas, clubes barriales y asociaciones culturales la pieza "Alfonsina", que representé también en los Estados Unidos y en varios países de América latina. Pero necesitaba otros incentivos para proseguir mi carrera, y "Venecia" me los brinda, aunque sea lejos de mi familia y de mis amigos.

El presente y el pasado

-¿Considerás que el cine te olvidó?

-Para mí el olvido es una palabra que no existe... Todos los días compruebo que el público me reconoce y me mima. Creo, sí, que el cine argentino no está pasando por uno de sus mejores momentos y que la mayor parte de los proyectos está detenida. Tengo entre mis planes retornar a la pantalla grande con "Cuatro damas peligrosas", una historia entre delirante y humorística que se filmará en coproducción entre la Argentina y España, pero para que esto se concrete hay que esperar, y yo no tengo ganas de esperar.

Amelia Bence abre el baúl de sus recuerdos. Muestra orgullosa los numerosos premios que logró en su trayectoria artística y rememora aquellos años en que, siendo alumna del teatro infantil Lavardén, soñaba con convertirse en actriz.

"Eran tiempos en que las estrellas de nuestro cine debían ser rubias -apunta-, y yo ansiaba verme, con mi cabello oscuro, en la pantalla de plata. La ocasión llegó, pese a la oposición de mis padres, cuando Luis Moglia Barth me brindó un pequeño papel en la película "Dancing". Allí comenzó todo. Después vinieron otros títulos, Leopoldo Torres Ríos me ofreció el protagónico de "La vuelta al nido", junto a José Gola, y mi filmografía sumó más de cincuenta películas."

-¿A estas alturas te arrepentís de algo, cambiarías algunas cosas de tu vida?

-En lo artístico no me arrepiento de nada. Hice tanto en cine como en teatro y televisión lo que deseaba hacer, a veces con más o menos éxito, pero esto es el riesgo de cualquier actor... En lo privado, lamento no haber formado una familia, lamento cierto calor de hogar que necesitaba en varios momentos. Pero mi profesión suplió esas carencias y aquí estoy, firme como una roca, siempre dispuesta a ponerme en la piel de esas mujeres que me brinda la ficción.

Cariño eterno

Sus palabras cálidas recalan en sus temporadas teatrales en los Estados Unidos, cuando residió allí, entre 1973 y 1975, para representar "La valija", de Julio Mauricio, y "Doña Rosita la soltera", de García Lorca. Sus ojos verdes reflejan la felicidad de sus actuaciones en Perú y por haber trabajado con los mejores directores del cine argentino: "Fui y soy dichosa porque pude hacer lo que siempre quise. Y lo hice con mucho amor, y ese amor me es devuelto hasta hoy por el público".

Advierte que se siente mejor como actriz de cine, "ya que el teatro exige un riguroso y cotidiano cumplimiento, y no todos los días una está de igual ánimo. Pero no subo al escenario como quien va a la guillotina. Frente a los espectadores me recupero y pienso que debo entregarme a ellos en cuerpo y alma".

Con las valijas casi preparadas, Amelia Bence promete, luego de su temporada limeña, retornar a Buenos Aires. Desde el balcón de su departamento del Barrio Norte, los ojos más lindos del mundo parecen decirle hasta pronto a una ciudad a la que ya la noche tiende sus primeros mantos de sombra.

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